Casi dos horas de camino desde de el Centro Histórico de la Ciudad de México. Estamos en el sur, muy al sur, en los confines del Distrito Federal: en Milpa Alta. Pasando Xochimilco las colonias se vuelve pueblos. Huele a leña, a carbón quemado, a hierba, a estiércol, todo junto. Vemos algunas milpas y los invernaderos ya con la nochebuenas. Es raro ver un aspecto rural en la esta urbe, pero aquí está.

A un lado de la carretera a Oaxtepec, antes de llegar a San Pedro Atocpan, hay un letrero, muy al estilo de la zona lacustre de la ciudad, con flores y mucho color, que dice “Bienvenidos a la Ferian Nacional del Mole”. Al pie de un cerrito se ha instalado una de las ferias más tradicionales para los capitalinos.

Los habitantes de los pueblos cercanos no sólo vienen a vender mole; también está el puesto del que vende colchas, churritos de amaranto, lamparas artesanales, hasta los jamiquinos que hacen rastas y venden este papel de sabores para envolver el tabaco y otras hierbas.

Después de esa antesala uno por fin se encuentra el mole. De un lado los restaurantes y del otro los productores con enormes cazuelas llenas de este alimento en polvo o en pasta. Nos ofrecen mole de doble chocolate, almendrado, de frutas, pipian… de todos los sabores. Hay mole para aventar.

¿A poco no se les antoja un mole se San Pedro Atocpan con guajolote?

Crónicas de Asfalto radio, desde la Feria del Mole de San Pedro Atocpan.

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