La Central de Abasto de la Ciudad de México no sólo es un sitio de abastecimiento para el consumo, donde restaurantes, tiendas, cremerías, mercados sobre ruedas, taquerías, pizzerías, cafeterías y demás negocios se surten; es una ciudad en pequeño que cuenta con ministerio público, servicios de control vehicular, hotel, panadería, transporte interno, centro cultural y atención al menor trabajador, así como un banco de alimentos donde recolectan frutas y verduras en buen estado, que por su apariencia un tanto magulladas o maltratadas es difícil su venta. Los comerciantes dan estos comestibles al banco, que a su vez los dona a fundaciones o lugares donde se necesite.

Los experimentados tianguistas, abarroteros y amas de casa ya tienen a sus marchantes, esos locatarios que les venden buenos productos a precios que hacen rendir el dinero. Sin embargo, cuando uno apenas conoce este enorme contenedor de bodegas, lo mejor es tomar actitud de turista y conocerla de a poco, pasillo por pasillo.

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Comenzamos por el de los bananos, donde hay distintas clases de plátanos que uno puede adquirir por kilo, caja, tonelada incluso hasta por hectárea (las grandes corporaciones así lo compran). En el pasillo de las frutas se revuelve el aroma de la manzana, las uvas, el kiwi. Es impresionante. Es un corredor de un kilómetro de largo con algunas tiendas y bodegas sencillas, cajas apiladas, muestra de producto —algo muy austero—. Sin embargo, casi a la mitad del andador, el panorama cambia. Uno encuentra establecimientos lujosos, muy popof, diría yo. Les llaman boutiques, y en esos locales los grandes restaurantes de Polanco y demás zonas por el estilo va a surtirse.

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Como buen mercado no puede faltar, entre la verdura y las papas, los puestos de tacos, garnachas y tienditas, vendedores ambulantes, la señora que prepara tacos de birria desde hace 20 años y más. No faltan, en los pasillos de abarrotes, los cargadores o diableros, que están reunidos en pequeñas empresas con flotillas de diablos.

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Es cierto que se habla mucho de la Central de Abasto, que todos de alguna forma la conocemos, pero en realidad es un enigmático lugar que no deja de trabajar las 24 horas del día los siete días de la semana. Aquí una nuestra de lo que encontramos en nuestro recorrido.

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