Fotos: Luis Enrique Torres

Para trasladarnos a un periodo histórico casi siempre acudimos a la literatura, al cine o al teatro. Eso sucede con el medioevo. Como espectadores recurrimos al misticismo del El Hobbit o Thor, pero nunca al recreacionismo de una época que comenzó en el año 476 con la caída del Imperio Romano de Occidente y terminó en 1492 con el descubrimiento de América. Un periodo largo, larguísimo, que duró mil años y en el cual confluyen aspectos económicos, sociales, culturales, políticos que marcaron la transición entre el modo de producción esclavista y el feudal.

Sin embargo, un grupo de jóvenes ha intentado reconstruir parte de este cosmos. Una vez al año consiguen que Dante Alighieri, Marco Polo, Carlo Magno, Matilda de Flanders y hasta Juana de Arco bailen al ritmo de las gaitas, laúdes, bombos, cítaras, salterios y mandolinas; hacen que haya justas a caballo, combates de valientes caballeros; música medieval, celta y árabe; danzas medievales, Ándalus y Sefardí; show performance con fuego; cetrería; exhibición de aves; quema de brujas; bufones, saltimbanquis y malabares; torneos del equipo que nos representa en la copa México; juglares; combate y funeral vikingo; feria de la cerveza artesanal; juegos; arquería y torneos; mercadillo, tabernas y noche de fogata en las que cualquier mundano del siglo XXI puede participar.

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Aldo Flores de la banda Kronos Cantus

Los enormes árboles de cónicas del Valle de las Monjas, en la orilla poniente de la Ciudad de México, son el escenario boscoso que enmarca la tertulia bien llamada Festival Medieval, que lleva a cabo la organización Mundo Medieval. Ahí confluyen miles de almas encarnadas en personajes de una época tan oscura como fascinante.

Damas de vestidos largos y plegados, de escotes pronunciados o con capas se pasean con caballeros que portan trajes de armadura, espadas y dagas. Si uno deambula por el mercadito se puede topar con un vikingo o un gnomo. Si algo definió a la Edad Media fue la estratificación de la época por la vestimenta. Llevar atuendos de colores según el ordenamiento era algo reservado para las mujeres nobles; los trajes de las campesinas solían ser de color negro, gris o marrón. El vestuario de la población rural era simple, cómodo y funcional para no dificultar el trabajo duro en el campo. El calzado era bajo y de piel. Ya en la Europa del siglo XII comienzan a ampliarse los escotes, pero el ropaje del hombre era cada vez más ajustado y los pantalones más cortos para lucir sus piernas, símbolo de hombría.

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Todas las fotos son de Luis Enrique Torres

Bianca Ibarra y Daniel Balderas, alias don Casiodoro de la Teja, son dos de los principales organizadores del festejo, que este año se llevó a cabo del 15 al 17 de abril. La afición de Daniel hacia este mundo comenzó en la secundaria, pero no imaginó llevarlo al terreno profesional. En esa época era un simple aficionado a la literatura e historia, luego se enteró que en otras partes del mundo, como Alemania y España, éste ya era todo un movimiento cultural.

Tiene 37 años de edad y 13 de juglar (artista ambulante de la época medieval). “La juglaría medieval en México empezó en el 2002; éramos muy pocos y lo hacíamos de una manera precaria, con los instrumentos que teníamos a la mano”.

En el 2007, Daniel Balderas, Aldo Flores y otros integrantes formaron un grupo de música medieval mezclado con folk que solían llevar a las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México. Luego la banda se desintegró y cada quien siguió su camino. Ahora Daniel y Aldo han consolidado la banda musical Kronos Cantus, que forma parte de la principal atracción del Festival Medieval. Aunque el concepto se ha extendido y actualmente existen festivales en varias entidades de la República, éste concentra a casi diez mil personas —durante los tres días que se presenta— y ha logrado tener impacto a nivel nacional. Comenzó en el 2010 como un proyecto pequeño, que se realizaba en el Museo Británico de la iglesia anglicana, luego se hicieron pequeñas jornadas medievales y en el 2012 logró establecerse en un valle boscoso de la zona de La Marquesa, a menos de una hora de la ciudad de México.

Daniel casiodoro de la teja

Daniel Balderas, aquí como Casiodoro de la Teja

“Este festival ha sido una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida. Ha sido una labor titánica. Es complicado porque hay que luchar a contracorriente de intereses ajenos a la cultura. Nadie imaginaría todo lo que implica la preparación de un festival: la comunicación con la comunidad, el municipio, las instancias federales. Estar pendiente de los reglamentos, coordinar las juntas entre los participantes y las personas que venden en el mercadito —así se le llama a la vendimia dentro del festival—. Las medidas de seguridad, reglamentos oficiales, arriesgar inversión. Hay que pensar hasta en los imprevistos de las condiciones climáticas. Si el día está bonito qué padre, pero puede ser que te caiga una tormenta y eche todo a perder. Hay mucho trabajo detrás porque todos los que participamos en el Festival lo hacemos sin respaldo de algún patrocinador ni del gobierno”, comenta Daniel, quien no suelta su gaita para hablar.

Una de las mayores atracciones para quien asiste al Festival es que, a diferencia de muchos otros, éste es totalmente orgánico. Daniel asegura que todos venden sus cosas: artesanía, ropa, productos. No hay un sólo corporativo que monopolice una marca. “Es un Festival puro en cuanto a su forma o su trabajo, en donde nadie se mete a invadir con mercadotecnia. Eso hace que sea muy difícil, siempre cuesta arriba, pero obviamente, con la fascinación por el tema, el entusiasmo y la voluntad, se ha podido lograr”.

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baile medieval

Mientras comenta esto, Bianca, su pareja, también organizadora del festival, recrea junto con otras cuatro chicas un baile medieval de cortesana. Bianca ha tomado talleres en España y Francia para conocer las danzas de doncellas porque en México existen muy pocos registros de esta forma de bailar. “Las actividades del festival están sustentadas en tres troncos: la música, la danza y los combates. En cada uno hay subgéneros. Dentro de la danza está la cortesana, pero también hay bailes árabes. Dentro de la música está el folk, la música medieval purista y la histórica. Hay también áreas interactivas como el tiro con arco y espada de goma para quien quiera jugar”, prosigue Daniel.

Cuando le pregunto si desearía que entraran patrocinadores advierte que los que han hablado con ellos siempre les ofrecen cosas que no necesitan. Productos en especie que en nada beneficiarían a la comunidad. Por ejemplo, incluir la venta de una marca específica de cerveza haría que los que la venden en el festival y que se elabora de manera artesanal tuvieran pérdidas cuantiosas. Mientras platica esto nos acercamos a uno de los puestos cuyo vendedor se llama Averien y quien tiene una banda que hace un show vikingo dentro del festival. Él afirma que vende su cerveza para sostener su arte. El proceso de elaboración le lleva aproximadamente cinco meses. La cerveza llamada Hidromiel Drakkar contiene agua, lúpulo, levadura y varias maltas.

Vikingo 2

“De los patrocinadores preferimos otro tipo de ayuda, como en la decoración”, advierte Daniel. “El castillo que ves ahí lo hacemos entre tres personas y es un trabajo pesadísimo; no invertimos más porque se incrementan los gastos. Si un patrocinador nos ayuda con eso podríamos hacer algo, pero casi siempre están viendo los números”. Cuando le pregunto cuánto cuesta armarlo todo en su conjunto no repara en darme un ejemplo: “con lo que cuesta poner algo que se ve tan fácil como lonitas, telitas, palitos, te vas cinco veces a Europa. Hay cosas que no se ven como los sanitarios, el servicio médico, los permisos, el uso de suelo, hasta las mordidas —que nunca faltan—, los sueldos de los artistas, honorarios, comidas, viáticos. Traemos bandas de Aguascalientes y Guanajuato y les pagamos su traslado hasta acá”.

Asegura que los preparativos del festival les llevan seis meses de trabajo arduo y seis meses de descanso mental y físico. A pesar de todo lo que ello implica, Daniel está convencido de que es lo que le gusta. “Cuando inicié con esto decidí que si era rico o miserable no importaba, iba a ser feliz, haciendo juglarías, contando historias. Además de la onda folk me dedico a contar historias. Toco la viola mientras algún cuentista narra algo. A veces lo hago gratis en instituciones para niños especiales, con problemas en los hogares. También toco en el ‘hueso’, en donde nos llamen, para amenizar una comida o un evento. No distinguimos si estamos en un escenario, en una boda o en una comida empresarial. Tocamos en todos lados”.

vikingos

¿Qué te gustaría que pasara con este festival? “El siguiente escalón sería traer una banda internacional. A exponentes importantes del género. No hemos podido pagarles el boleto. Quisiera llevar al festival a otro nivel con una mejor decoración del lugar. Me agradaría que la gente se dé la oportunidad de vivir una opción más de entretenimiento. Todos los de comunidad medieval somos mexicanos, conocemos nuestra historia y no la negamos, pero deseamos ofrecer una experiencia diferente, con cosas que se pueden quedar guardadas en la memoria. Que conozcan esto. ¿Qué tal y hasta les puede gustar? Es la sugerencia que puedo dar. Aquí el público convive con góticos, rockeros y abuelitas. Todos disfrutan lo mismo. Nos gusta que la comunidad se junte para un solo espectáculo. Sin tener una división social, económica y académica”.

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