Paty subió las escaleras del monumento más representativo de la Ciudad de México: la Columna de la Independencia, el famoso Ángel. Su rostro estaba desencajado: los ojos hinchados, tristes; las comisuras de los labios se iban hacia a bajo, como si los jalara la gravedad. El cabellos negro estaba suelto pero no jugueteaba con el viento que de pronto se dejaba sentir en esa zona de la ciudad. De un momento a otro los años se le vinieron encima. No llega a los 40 pero lucía de mayor edad. El rostro jovial con el que la vi la última vez, hace unos tres años, se había ido. No la reconocí en ese momento; ella tampoco a mí, aunque nos topamos de frente e intercambiamos un par de palabras.

DSCN1689 Su acompañante, un hombre de unos 37 años de edad, de camisa rosada y lentes, le abría paso entre las cientos de personas que se hicieron presentes a la concentración en la que exigía una explicación al asesinato del fotoperiodista Rubén Espinosa, su hermano, y las cuatro mujeres que junto con él fueron ultimadas, entre las que se encontraba la activista de derechos humanos Nadia Vera, una empleada doméstica y dos chicas universitarias, una de nacionalidad colombiana. Todos fueron encontrados en un departamento de la colonia Narvarte. La Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) investiga los delitos de homicidio y robo, “sin descartar ninguna línea de investigación”, como lo señaló su titular Rodolfo Ríos.

Por fin llegó al sitio donde se concentraban los oradores, periodistas la mayoría, antes de iniciar una marcha a la representación del estado de Veracruz en la capital mexicana. Paty suspiró, tragó saliva:

“Lo único que tengo que decir es que mi hermano es un ángel, siempre fue un ángel y estuvo a favor de la verdad. Y tanta luz que tuvo, que a algunos cobardes su luz los opacó y le tuvieron miedo”

Ruben 6 Su voz se escuchaba triste pero firme. A su otra hermana, Alma, le tocó identificar el cuerpo de Rubén. “Los cuerpos presentaban cada uno una herida en la cabeza por disparo de arma de fuego y excoriaciones en diversas partes del cuerpo”, dijo en una conferencia Rodolfo Ríos. Alma platicó a algunos amigos de su hermano que Ruben tenía dos balazos en el pecho y lo habían golpeado en la cara.

“Ojalá haya justicia para mi hermano y para toda la gente que muere en este país…”. De pronto la voz se quiebra. Vuelve a tragar saliva. “…periodistas y de todas…”. La traiciona otra vez el sentimiento. Guarda silencio. No deja salir las lágrimas. Saca aire por la nariz. Cierra los ojos. Una bola grande y espesa de saliva resbala por su garganta: “… y de todas las profesiones a las que nos dedicamos todos. Que haya justicia para todos. Y como hace rato decían: esto también es culpa nuestra, porque cuando queremos apoyamos y si a mí no me importa no apoyo. Pero hay que recordar que a lo que me dedique, todos somos seres humanos y tenemos que defendernos y cuidarnos unos a otros”.

Ruben 2 Estaba entre pancartas que mostraban el rostro de Javier Duarte, el gobernador de Veracruz, de donde el mismo Rubén Espinosa salió huyendo tras sentirse amenazado: “Gobierno Duartista asesino de periodistas”, “Javier Duarte frente a sus balas, nuestras palabras. Estado asesino”. Desde que el priista llegó a la gobernatura de su estado, en 2010, en Veracruz han sido asesinados 14 periodistas. Una foto tomada por Rubén publicada en la revista Proceso, para la que colaboraba, muestra a Duarte de perfil, con una gorra de policía que dice gobernador, los ojos parecen perdidos, los labios están entreabiertos y domina toda la imagen su enorme panza.

Tal vez Paty no se dio cuenta pero estaba rodeada de rostros de Ruben en blanco y negro impresos en cartulina. “Justicia para Rubén Espinosa. No más impunidad en Veracruz”, reclamaba una pancarta anaranjada. A lo lejos ondeaba una bandera mexicana que sustituía los colores verde y rojo por negro en señal de luto. Compañeros periodistas se abrazaban de dolor. Un sujeto ahumaba con incienso de copal a los periodistas que cubrían el acto y se acercaban a la bocina para escuchar a la oradora.

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“Y desde aquí, Rubén, hermano, me atreví a presentarme porque sé que esto es lo que tú hubieras deseado”.

Paty ya no puede más, las lagrimas escapan de sus ojos. Su voz se rompe, se escucha por momento más aguda y luego grave. Ella habla y traga saliva al mismo tiempo. Así es el llanto.

“Es por lo que tu luchaste y te fuiste como un guerrero, en la línea, hasta el final. Y a pesar de todo te enfrentaste. Te amo hermano. Estés donde estés pronto nos vemos”.

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Esta crónica fue publicada originalmente el 03 de agosto de 2015

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