Lo vi cruzar la puerta de acceso a la sala de prensa del Senado de la República. Ahí estaba, como casi todo los días, vestido con una camisa ranchera en negro, su pantalón mostaza tipo topeka, sus botas color crema y su infaltable sombrero que usa normalmente durante sus presentaciones. No, no es Cornelio Reyna, pero le gusta imitarlo y, sobre todo, cantar sus canciones.

“¡Toñazoooo de mi vidazaaa!”, grité. Su nombre es Jesús Antonio Fernández Rodríguez, originario del estado de Puebla y chilango por adopción, pues lleva más de la mitad de su vida ganándose el pan nuestro de cada día en la Ciudad de México.

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Toñito es uno de esos personajes que nos hace sonreír sin proponérselo, que siempre está de buen humor, siempre disponible, dispuesto a ayudar. Yo diría que se ha convertido en un elemento insustituible en el Senado. Es de esos a quien todo mundo conoce, desde el más humilde de los trabajadores de limpieza, hasta el presidente de la Mesa Directiva.

Por su sencillez y humildad, Toño podría pasar desapercibido, sin embargo, su personalidad lo ha convertido en un servidor, sobre todo en un amigo de quienes día con día cubrimos las actividades del Senado de la República.

—¿En qué consiste tu trabajo?
—¿Qué hago? Bueno, la parte de apoyo al área de comunicación social, ayudando a los reporteros que cubren la fuente del Senado, auxiliándolos en lo que requieran, desde ir por su comida hasta ir al banco a hacer sus pagos para que no tengan que salir y perder tiempo que podrían ocupar en sus reportajes.
—¿Y cómo te va?.
—Bien, muy bien, gracias a Dios.

Toño es como los meseros: tiene un sueldo, pero realmente vive de las propinas, de lo que los reporteros le demos por sus servicios de mensajería, o lo que le dan los administrativos, como él mismo les dice.

Lo curioso de este hombre de 49 años de edad es que sin importar lo lejos que viva —su domicilio está en San Isidro Chicoloapan, Estado de México—, es una de esas personas que no suele enfermarse ni pedir permisos para faltar al trabajo, aunque de 2015 para acá tiene ocupados los viernes… al menos después de las cinco de la tarde, ya que ha decidido dedicarse también a la cantada.

—¿Y cómo fue que te dio por la cantada?
—¿La cantada? Pus es algo que me apasiona, algo que me gusta, algo que lo hago con mucho gusto, y ya llevo dos años presentándome.
—¿Ya haces presentaciones y toda la cosa?
—Sí, ahorita estoy presentándome en el Penacho de Moctezuma y en Garibaldi. Ahí es los viernes. Y de repente ahí nos movemos a algún evento que se nos presente, junto con los mariachis que están ahí de planta.

Parece curioso, porque al verlo y oírlo, no parece que sea cantante o que haya estado en el Ejército, pero Toñito lo cuenta con mucha naturalidad. Dice que fue militar y de ahí pasó a una empresa de seguridad privada, de donde lo mandaron en 1995 a la vieja casona de Xicoténcatl, la antigua sede del Senado, para quedarse a trabajar por recomendación del finado senador poblano, Crescenciano España Morales.

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Pero es una historia real, de un personaje real que por su simpatía se ha ganado el aprecio de la gente, por lo que incluso agradece a varios senadores

—¿Y qué cantas?
—Pos me gustan las canciones de don Cornelio Reyna. Canto con pista, puedo cantar cualquier canción de don Cornelio, aunque ahorita la que he cantado muy seguido es la de “Me caíste del cielo”. También estoy cantando otras de Ramón Ayala, como son “Tragos de amargo licor”, “Casas de madera” y “Puño de tierra”.
—¿Y con la cantada cómo te va?
—Bueno, ahorita sólo las regalías, o sea, lo que la gente nos quiera dar como propina, que generalmente es una copa, una cerveza.
—¿O sea que lo haces de a gratis?.
—Sí, yo no cobro por cantar, es una cosa que me apasiona, y no lo hago por dinero. Ahora lo que busco para seguir cantando es contactar con un nieto de don Cornelio Reyna, para que me autorice y me dejen cantar las canciones de don Cornelio, que en paz descanse.

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Así que, si visitan Garibaldi en una noche de viernes y escuchan por ahí en el Tenampa o en el Penacho de Moctezuma o en la calle una melodía que diga algo así como “tú vendrás a curar las heridas que otro amor me ha dejado sangrando, me caíste como algo del cielo, que hace mucho lo estaba esperando…”, deténganse a escuchar, pídanle al hombre que siga cantando y ofrézcanle una copa. Seguramente es Toñito, el Destello de Cornelio Reyna, quien con la mejor de sus sonrisas les contará gustoso que una vez fue ahijado de su paisano Crescenciano España; que canta por puritito gusto por la noche y por el día es amigo del reportero de El Universal; que se lleva de a cuartos con el ex candidato a gobernador de Colima; que en su pueblo no había tele y que por eso es el menor de 13 hermanos.

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