A veces no es necesario ir muy lejos para descubrir lugares con encanto. Sólo es cuestión de tomar un autobús o el coche y dejarse llevar por la carretera. Pronto las estructuras de cemento quedan atrás y se abre paso una zona boscosa y fría; después viene un paisaje agavero con magueyes pulqueros. Estoy en un poblado del estado de Tlaxcala, prácticamente en la frontera con Puebla, a dos horas de la Ciudad de México. Aquí se llama Tlaxco y no sólo tiene una extensa vegetación; también posee rincones pintorescos como los portales sobre el piso empedrado, la Iglesia de San Agustín de Hipona, con su cantera rosa y sus retablos de principios del siglo XVIII, tallados en madera y laminados en oro ; hasta el palacio de gobierno inaugurado por el mismo Porfirio Díaz, entre otras atracciones. Me pregunto por qué no tiene el nombramiento de Pueblo Mágico.

1-Palacio-municipal-de-Tlaxco,-inaugurado-por-Porfirio-Díaz

Mi recorrido comenzó con una parada en Los tacos de Don Arturito, quien desde hace años vende tacos de requesón con epazote, rellena —la famosa moronga—, cecina y demás guisados caseros que prepara a diario. Cuenta el mismo don Arturo que él comenzó el negocio vendiendo tortas para los niños que iban a la escuela, pero conforme fue creciendo el municipio, él fue quedando más alejado del centro y empezó a preparar tacos para todo aquel que hicieran una parada rápida antes de llegar a Tlaxco. Ahora muchos, si no es que todos los que llegan a este poblado, no dejan de pasar con don Arturo por unos “de adobada” y un café de olla o el refresco.

8-Don-Arturito

Después me dirigí a conocer la producción de quesos artesanales y los tipos de productos que en Tlaxco han tomado fama entre el menú de sus comidas. El conocido queso de aro, —de rancho, que toma forma y grosor con un aro de madera pequeño—, el ahumado, el botanero con jalapeño o chipotle y el queso de “tenate” —fresco envuelto en una red de mimbre en donde toma su forma al empujar y amarrar—, son de los más sabrosos que caracterizan la actividad artesanal del lugar. Generalmente se sirven pasados por la plancha con salsa verde o roja y su sabor, aunque simple, es rico, a queso fresco asado. Los productores reciben visitantes a los que explican el proceso y la preparación de cada tipo de queso. Aquí me di cuenta que el resultado de su trabajo es lo más puro de un producto, lo que a la mayoría de la gente le agrada.

3-Queso-de-aro

El sol del medio día me provocó antojo de pulque, así que fui a visitar una de las haciendas pulqueras más importantes de Tlaxcala: Xochuca, cuyo propietario se dedica a la producción de éste delicioso elixir natural de maguey. Al entrar al casco de la hacienda, uno se transporta a la época dorada del pulque, cuando en México no dominaba el mercado de la cerveza. Aún se resguarda el tinacal original con las tinas de cuero y de fibra de vidrio que son cuidadas por el Mayordomo, quien se encarga de vigilar y cuidar la entrada al tinacal de la hacienda. Asimismo, el Tlachiquero me explicó el proceso de elaboración de esta bebida, desde el raspado del agave pulquero hasta la fermentación que sufre el aguamiel para llegar a ser un refrescante pulque natural. Por supuesto aquí también curan el pulque con frutas y cereales, que uno puede probar.

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Mientras salía de la hacienda para dirigirme a visitar a varios artesanos de Tlaxco, admiré los campos de cebada y trigo que abundan en la región. Es inevitable contemplar el bello paisaje y mirar a lo lejos La Peña del Rosario, una roca de gran tamaño a la que se puede subir desde los pueblos del Peñón o El Rosario. No cuenta con servicios pero se puede llegar hasta la punta sin ser escalador.

En torno a esta enigmática piedra, hay dos mitos: el primero dice que en otros tiempos era un pico de mar; el otro habla de una flor de nombre Xochuca, la flor que llora, que un Señorío de la remota República de Tlaxcallan mandó traer para cubrir la tumba de su hija.

Hay grandes historias en los registros de Tlaxco, que datan de hace cientos de años, cuando era una República con poder económico por la actividad pulquera y ganadera de las haciendas que aún se conservan, aunque no a todas se tiene el acceso como visitante o huésped, pues hay unas que funcionan como hoteles.

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Más tarde fui al centro a encontrarme con don Miguel Márquez, un personaje muy interesante con quien platiqué un poco acerca de la historia de Tlaxco.  Su oficio por años ha sido la carpintería y él mismo reconoce que de eso no se vive pero sigue siendo un apasionado por el tallado y decorado de la madera, en donde su imaginación no tiene un límite para sus obras de arte.

Al llegar al zaguán de madera de su taller quedé admirada por los trabajos que él mismo ha hecho, como un títere a su imagen y semejanza, un modelo en miniatura de la fabricación de muebles antiguos, cajas fuertes y hasta un Vochito forrado de madera por dentro y por fuera, con su placa que dice Tlaxcomóvil. Su corneta se hace sonar de vez en cuando en el centro del pueblo.

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Su pasión es notable. Don Miguel relata su historia y la de su taller y con mucha calidez recibe a cualquiera que guste ir a tocarle la puerta cuya fachada que fue testigo de la presencia de Porfirio Díaz hace más de cien años, cuando visitó el centro de la República de Tlaxcallan. De recuerdo me llevo un pequeño trompo de madera con mi nombre grabado, detalle que don Miguel da en agradecimiento por visitar su taller.

Después me dirigí a los portales que están a un costado de la Iglesia de San Agustín de Hipona para comer algunos platillos típicos de la zona, como la sopa de alverjón, el chamorro al pulque —que sabe delicioso con tortillas y nopales—, y ya que Tlaxcala es reconocido por su variedad de hongos comestibles, no pude dejar de probar la sopa de hongos xoletes, que son similares a las setas pero pequeños y espigados.

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No me pude ir del centro de Tlaxco sin entrar al famoso Palacio Municipal que inauguró Porfirio Díaz, ocasión en la que se brindó con pulque y champaña para acompañar el mole, según leí en los registros de la historia. Una construcción colonial que resguarda las fotografías del primer presidente municipal hasta el actual.

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Pero, mi interés por la comida, me hizo ir a comprar unas empanadas horneadas rellenas de queso, las cuales son únicas y típicas de éste lugar, en cualquier panadería las hay.

Por la noche la espesa neblina cubrió la carretera que me llevaba a la sierra boscosa, a un hotel que se encuentra en medio del campo Mi día terminó frente a una cálida chimenea encendida, con un chocolate caliente en mis manos.

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Al otro día me alejé un poco del centro. En poco más de media hora estaba frente a la Barca de la Fe. Me causó un gran asombro conocer esta Iglesia que fue edificada durante 30 años. Su forma es única, pues es una barca a la que acuden los fieles de la comunidad de San Andrés Buenavista. Por dentro se encuentra llena de simbología prehispánica, con decorados en madera y pinturas que representan un sincretismo religioso único.

Definitivamente fue buena idea moverme un poco de la ciudad para descubrir un lugar mágico, con su bosque , su gente cálida y su comida deliciosa. Sí, Tlaxco me dejó un buen sabor de boca.

@mariannamagos

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