“Si no sirve mi canción
pa´ que se encienda tu alma,
prende entonces mi guitarra
pero que crezca la llama”.
Alí Primera

 

México es uno de esos países que está lleno de cicatrices. Ahora mismo tiene abierta la herida en Ayotzinapa con aquellos 43 estudiantes, que desde hace dos  se desconoce su paradero y que no sólo han unido a millones de personas en este país, sino que es un acontecimiento que ha creado indignación alrededor del mundo.

Figuras como Juan Villoro han manifestado su repudio con declaraciones como “México es Sudáfrica antes de Mandela”; José Mujica, presidente de Uruguay, declaró que México da la sensación de ser un Estado fallido; del otro lado del mundo a Umberto Eco se le hicieron 43 nudos en la garganta por cada nombre de los desaparecidos que exclamaban los mexicanos que radican en Milán; o Adolfo Pérez Esquivel, el Premio Nobel de la Paz y activista argentino, que apareció en la portada de la revista de su país “La Garganta Poderosa”, rodeado de las fotos de los 43 normalistas y en la contraportada acompañado de 42 jugadores de River, Boca, Racing, Independiente y San Lorenzo, con la leyenda “Nosotros también somos 43”.

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Sin embargo, echar la vista atrás a las cicatrices del país nos lleva a mencionar acontecimientos como las matanzas de Aguas Blancas y Acteal, los feminicidios en Ciudad Juárez o Ecatepec, “El Halconazo” y, por supuesto, Tlatelolco, la masacre en la Plaza de las Tres Culturas a jóvenes que exigían sus derechos, y que son acontecimientos que no se pueden ni podrán olvidar.

Han pasado 45 años desde aquel sangriendo Tlatelolco, pero desde entonces, en cada herida trágica de opresión, la música ha sido un medio para propagar las ideas y registrar los acontecimientos; los artistas demuestran que sus creaciones no sólo son la caricia de la imaginación a los sentimientos, sino que también son el eco de un dolor común.

En los años 60, antes del movimiento estudiantil, Oscar Chávez ya se manifestaba con sus canciones en las facultades de Ciudad Universitaria, y sus temas, como “Carabina 30-30”, ya sonaban también en la Plaza Roja de Zacatenco. De igual forma la cantante y compositora Judith Reyes pasó los días dando vida a corridos de los combates del Politécnico. La músicadesde entonces ya era un medio de desahogo.

Los años 60 se caracterizaron porque la generación de ese entonces pedía un cambio ideológico, y los artistas, los poetas y los músicos tomaron sus pinceles, plumas y guitarras como defensa contra la opresión.

En México el rock, la canción de protesta y el folclor estaban presentes en las movilizaciones juveniles, y en las 57 estaciones radiofónicas de ese momento se escuchaban a bandas que empatizaban con el sentido de cambio y de solidaridad con la desgracia de la humanidad, como Velvet Underground o John Lennon en su faceta de solista. Comenzaron a sumarse al sentir social músicos como Javier Batiz y emergían otros como Three Souls in my Mind.

De las ideas de esos músicos han surgido bandas que cantan el dolor de la sociedad y que hoy alzan la voz por la desgracia de las familias de Iguala. Exponentes como Molotov, La Maldita Vecindad o Caifanes han mostrado su solidaridad con el sentir de un país que no tiene por qué aceptar la muerte de los estudiantes desaparecidos mientras sus cuerpos no aparezcan. Ellos también hacen acto de presencia en las marchas de protesta, en las que suena la batucada, el “Va Pensiero”, de la ópera Nabbuco de Giuseppe Verdi, o “La llorona”, que amenizan la movilización.

De la misma forma en que han portado la bandera del “2 de octubre no se olvida”, los músicos han compuesto canciones en las que manifiestan su posición ente estos actos. Ahí está Saúl Hernández quien lanzó “Fuerte”, en cuyo videoclip ,dirigido por Alberto Reséndiz, recopila imágenes de algunos de los momentos de indignación de México, como Acteal, Ciudad Juárez, los niños de la guardería ABC y, por supuesto, Ayotzinapa: “Podrás quemar toda mi historia, podrás quitarme la razón, podrás esconderme la memoria, pero jamás mi corazón”, canta Saúl.

Durante el concierto de Caifanes, el 1 de noviembre de 2014 en el Auditorio Nacional, Saúl Hernandez tomó el micrófono: “Simplemente no se entiende como 43 estudiantes estén hasta el día de hoy desparecidos (…) en un país donde supuestamente hay una democracia, pero nos estamos dando cuenta de que esta democracia es una imagen, pero no es nuestra una realidad. Condenamos los hechos y exigimos al gobierno que no se haga pendejo”, comentó mementos previos a que cantara “Antes de que nos olviden”.

Días después, en el mismo escenario, Rubén Albarrán, al inicio de la celebración de los 20 años del disco “Re” de Café Tacvba, frente a las 43 veladoras que recordaban a los desaparecidos dijo: “Muchachos, una situación muy grave la que vivimos nosotros, un crimen de Estado terrible. Que no nos confundan, no es suficiente con gritar y aplaudir en un concierto, el exterior vive en nosotros mismos, y es adentro de nosotros que debemos desmantelar este sistema represor-opresor”, dijo antes de iniciar el concierto con “El aparato”.

También Tere, de Le Butcherettes, en su actuación en el Circo Volador,improvisó un tema alusivo a los desaparecidos: “En mi tierra muere gente, siembran cuerpos, siembran gente”; y en el Foro Sol, el 8 de noviembre de 2014, León Larregui también hacía lo propio: “México está sangrando. ¿Qué más tenemos que aguantar para decir basta? El país está secuestrado por una pandilla de neandertales, ladrones y asesinos. ¿En qué país quieres vivir tú? ¿En el que por el simple hecho de exigir tu derecho a una vida digna y justa signifique que te van a desaparecer y a matar? Soñemos con el México que queremos y hagámoslo realidad actuando sin miedo”.

Y así se han ido sumando otros artistas como Francisco Barrios “El Mastuerzo”, quien interpretó en Aguascalientes, en el Festival Rock Sí, lo que llamó “Rock por los normalistas”, y en Festival Internacional Cervantino Tony, el vocalista de El Gran Silencio, gritaba: “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos, chingada madre!”. La Maldita Vecindad, cuando recibió un reconocimiento por sus 30 años de trayectoria en los Premios Telehit, dedicaron su acto musical a los “padres de los estudiantes de Ayotzinapa y para todo México, para que todos podamos vivir en paz, con justicia y con libertad”.

Francisco Familiar, el vocalista DLD, en el marco de su presentación el en ITLA Fest en Pachuca, Hidalgo, se expresó de la siguiente manera ante la prensa: “Es una época oscura. Es momento de recapitular y reconcientizar, porque ya vimos que el Estado no nos da ese tipo de protección. No está salvaguardando nuestra seguridad. Nosotros proponemos que haya una revolución, pero con otro tipo de municiones. Las municiones son amor propio, el amor hacia la familia, el respeto a la vida de los demás y la compasión”.

Otros han mostrado su apoyo fuera de los escenarios, como Armando Palomas, quien compartió en su cuenta de Facebook las diferencias que ha tenido con personas en lugares públicos que menosprecian la desaparición de los normalista; incluso dijo que casi llegó a los golpes con un sujeto en el aeropuerto.

Fher, integrante del grupo Maná, también recitaba desde las redes sociales: “Hay que exigir que se encuentre y se procese a los responsables. No podemos ya pensar que en México no pasa nada. La indiferencia es cómplice de la impunidad”.

De igual forma una gran cantidad de músicos que han acudido a las marchas de protesta y han opinado al respecto:

Chava, de La Castañeda: “Desde mi trinchera es lo único que puedo ofrecer, como decimos, nuestras balas son las notas musicales”.

Panteón Rococó: “Marchar es responsabilidad de todos, es crear conciencia. Estamos junto a toda la gente porque está cabrón y queremos hacer presencia y ruido”.

María, de Real de Catorce: “Es importante estar aquí, seguir haciendo ruido para que esto no pase desapercibido. Hay que evitar que esto se diluya, hay que alzar la voz para que suene como tiene que sonar”.

Roy Cañedo, ex baterista de Thermo: “Hay que hacer algo, no quedarnos callados y aportar desde donde podemos”.

La reacción de las autoridades no ha sido pacífica. A Panteón Rococó, la policía federal no le permitió realizar el concierto “Una luz en la oscuridad”, en Chilpancingo, Guerrero, programado para el 14 de diciembre de 2014. Junto a otros, como Los Cojolites, Lengualerta, Héctor Guarra y Los Aguas Aguas, tuvieron que tocar dos días después de la fecha pactada .

Así como en las movilizaciones estudiantiles de 1968 surgieron músicos que adoptaron las marchas para crear canciones, —como Ismael Colmenares Magureguie, quien formó el grupo Los Nakos y compuso “La balada del granadero”—, el caso Ayotzinapa ha alentado a los nuevos compositores a crear temas, como “El rap de los 43”, del hiphopero Akil Ammar de la Ciudad de México; “Los 43”, compuesto por Roby Calavera, vocalista de la banda 7 Lobos Rojos, que en su letra incluye los versos: “¿A dónde se los llevaron a mis hermanos normalistas/ los queremos de vuelta en sus casas y con vida/ por qué asesinaron a los héroes de la sierra/ hagámosle la guerra a esta maldita injusticia”.

Al mismo tiempo, también surgió un colectivo de músicos que dieron voz al tema “Grito de guerra”, escrito por Michelle Solano, integrante de La Serenísima, en el que participan 30 músicos incluidos Juan Manuel Torreblanca, Gerardo Ocejo y Virónica Ituarte. También está el caso de Carmina Cannavino, cantante peruana que reside en México desde hace más de 20 años y que adaptó unos versos militares chilenos: “Triste comenzó septiembre / por la tragedia nefasta / la bandera a media asta / que no dure hasta noviembre./ Hoy resuenan en mi mente/ las voces de Ayotzinapa”, para demostrar su solidaridad con las marchas.

Al ritmo de corrido Los Trinos de Ahuehuepan Guerrero crearon una composición que habla sobre el acontecimiento; en el ámbito norteño, el grupo Estocada alzó un lamentó a los desaparecidos en la canción “Lágrimas”. Vale la pena destacar al cantante Pepe Aguilar quien también ha hecho ruido con declaraciones, mensajes de apoyo en sus conciertos, así como La Arrolladora Banda el Limón durante la entrega de los Premios Grammy.

También está el proyecto conjunto del artista gráfico Omar Inzunza con el cantante Lengualerta, Gran OM, que se realizó en la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa con música de reggae y que se estrenará el 14 de febrero de 2015.

Sin embargo, las manifestaciones por los acontecimientos de Ayotzinapa no ha sido exclusivo de géneros musicales populares. La Orquesta Sinfónica Nacional, la Orquesta Sinfónica de Xalapa, el Coro del Teatro de Bellas Artes, la Orquesta Filarmónica de la UACM, la Orquesta de Baja California y la OFUNAM han dedicado sus presentaciones y han desplegado mantas y pancartas por los 43 normalistas.

Qué alguien me diga si ha visto a mi hijo.

Músicos del resto de Latinoamérica también han aportado sus mensajes de apoyo, y los mexicanos han sentido su fuerza, tal como ocurría en 1968 cuando sonaba “Me gustan los estudiantes”, de Violeta Parra, y “A desamblar”, de Daniel Viglieti.

Uno de los primeros en expresarse sobre la noticia de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa fue el cantautor argentino León Gieco, quien desde Montevideo, Uruguay, levantó en pleno concierto una pancarta con la leyenda “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

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Luego Dante Spinetta, miembro de Illya Kuryaki and The Valderramas, expresó en conferencia de prensa: “Lo que está pasando en México con los 43 estudiantes desaparecidos nos afecta a nivel humano. No se trata de México, Argentina o algún otro país, es algo que traspasa todas las fronteras. Tantas muertes, además ligadas al narcotráfico y a la corrupción, es horrible. Nací en 1976, que es el año en que Argentina arrancó la represión y recuerdo a mi papá llorando por sus amigos que mataban, a mi tía que la torturaron. Los 43 estudiantes desaparecidos son un golpe bajo a la humanidad y el hecho no tiene nada que ver con las banderas, con los países, es una tragedia humana que nos involucra a todos”.

En una entrevista concedida al periódico La Jornada, el cantautor Joan Manuel Serrat también compartió una reflexión: “Yo lo veo con un pena tremenda. Y pienso que lo de Iguala no es un hecho aislado. Es desproporcionadamente brutal y que pone de manifiesto la complicidad de determinados políticos y fuerzas de seguridad con los cárteles del crimen organizado, pero este caso también podría representar un punto de partida para que la gente que tiene responsabilidades pueda dar un golpe de timón y muestre a la gente que realmente son servidores públicos y que están de su lado”.

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En México también se vivió un momento memorable en noviembre de 2014 cuando el cantautor y escritor Luis Eduardo Aute dedicó su concierto, en el Centro Cultural Roberto Cantoral, a los desaparecidos: “Esto es un homenaje a las 43 víctimas. Tantas, tantas víctimas de una violencia irracional e inobjetable. Para todas ellas, las canciones de esta noche”, expresó el español, tras el primer tema, “De la luz a la sombra”.

Sin embargo, quizás el artista que más impacto ha provocado a nivel mundial es René Pérez, vocalista de Calle 13. Primero durante su presentación en la edición 15 de los Premios Grammy, efectuada el 20 de noviembre de 2014, justo el mismo día en que en México se realizaba una mega marcha. Apareció con una playera que tenía escrita la leyenda “Ayotzinapa faltan 43” y al concluir la interpretación del tema “El aguante” exclamó: “Ayotzinapa somos todos. No podemos permitir que esto siga sucediendo en estos tiempos. Que viva México”, a pesar de que los organizadores habían pedido no hablar del tema. Esa misma noche Rubén Blades se solidarizó con México al portar la misma playera y enviar un mensaje en redes sociales.

Unos días después, minutos antes de en su concierto en el Palacio de los Deportes, René expresó ante los medios: “Todas las causas sociales son importantes pero el caso de Ayotzinapa me parece que va más allá de la política: trasciende al plano de los derechos humanos. Va más allá de México, es algo más grande porque es algo muy fuerte, es una desgracia”. Posteriormente, ya en el escenario, dedicó el show a los familiares de los estudiantes y también dio un espacio y el micrófono a algunos de los padres de los desaparecidos por casi 10 minutos para que expusieran su sentir.

People have the power

Pero no sólo los intérpretes de habla hispana se han manifestado. En un concierto en Bologna, Italia, Peter Gabriel dedicó la canción “Biko” (sobre una activista en la lucha contra el Apartheid en los años 80) a los desaparecidos: “Hace unas semanas hemos asistido a la tragedia de 43 estudiantes mexicanos que han sido brutalmente asesinados por haber tenido el valor de protestar contra la corrupción y la violencia. Esto es para todos aquellos jóvenes que han tenido el coraje de luchar por los derechos de su pueblo”, dijo.

Mientras que aquí, en México, la banda Massive Atack proyectó en su concierto en el Plaza Condesa un visual que contenía el mensaje “Pienso, luego me desaparecen”, en referencia a lo ocurrido en Ayotzinapa, una acción que también trae a la memoria a la presentación de Pete Segeer en la Facultad de Ciencias de la UNAM en 1968.

Finalmente, la cantante Cat Power emitió constantes mensajes de apoyo. La norteamericana utilizó los hashtags #accionglobalayotzinapa, #ayotzinapasomostodos, #yamecansé, #prayformexico, entre otros, tanto en Twitter como en Instagram. Sin embargo, por razones desconocidas, su cuenta en esta última red social fue bloqueada por una semana. Y sin represalias, también Dave Mustain, de Megadeth, envió un mensaje de apoyo.

Los músicos así se unen, como en una gran orquesta, alzando su canto y sus instrumentos en un sentir social para alentar al pueblo a que aguante. Lo ha dicho Calle 13,  seguramente lo hará La Maldita Vecindad en el concierto cumbre de sus 30 años el próximo 21 de febrero en el Palacio de los Deportes; lo cantó Violeta Parra: “Que vivan los estudiantes/ jardín de nuestra alegría / Son aves que no se asustan /de animal ni policía”.

Como ellos, muchos seguirán cantando con otra letra, con otra música, pero con el mismo sentido, los mismos versos de Rubén Blades: “¿Adónde van los desaparecidos? / Busca en el agua y en los matorrales / ¿Y por qué es que se desaparecen? / Porque no todos somos iguales / ¿Y cuándo vuelve el desaparecido? / Cada vez que los trae el pensamiento / ¿Cómo se le habla al desaparecido? / Con la emoción apretando por dentro”.

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