La celebración de San Juditas, espejo de un país cercado por la pobreza y el tráfico de drogas, es una fiesta de jóvenes permeada por la búsqueda de una esoteria chilanga relacionada incluso con la Santa Muerte. Recuperamos esta crónica de Magali Tercero, publicada como libro: “San Judas Tadeo, santería y narcotráfico” (UAM, 2010), título que forma parte de la colección de crónica “Los gatos sabrán” dirigida por Laura Emilia Pacheco.

Liga Nacional de San Judas Tadeo

Detrás de todo esto, para algunos una moda supersticiosa y desesperada, está una organización religiosa: la Liga Nacional de San Judas Tadeo de los Misioneros Claretianos de México. El propósito social de los claretianos aparece como el trasfondo de una orden misionera de la cual poco sabemos. ¿Cuál es el objetivo de esta “invención” del culto a San Judas en Estados Unidos durante la Depresión del 29? ¿Cómo se continúa en Latinoamérica hasta atraer a millones de fieles? Detrás de la vocación evangelizadora de los claretianos hay, por supuesto, detonantes sociales y de sobrevivencia práctica de la orden. Fue el sacerdote claretiano James Tort quien fundó el Santuario Nacional de San Judas en Chicago, cuando fungía como párroco de la iglesia Nuestra Señora de Guadalupe. Ahí llegaban numerosos inmigrantes de habla española (según algunas fuentes había 30 mil mexicanos en Chicago), obreros contratados en las fábricas del barrio que fueron despedidos cuando llegó la Depresión de 1929. Como aún no existía el welfare, o seguro de desempleo, la gente hacía fila en los comedores comunitarios y en los templos. Las familias comenzaron a escuchar los consejos de Tort y él detuvo su proyecto de construir una iglesia más grande para concentrarse en mejorar la situación de los inmigrantes.

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Tort era, según el portal de los claretianos, devoto de San Judas Tadeo, un santo muy popular en el medioevo pero olvidado durante varias centurias porque San Judas Tadeo, presunto primo de Jesús, fue confundido con el traidor Judas Iscariote. No sólo eso, Tort pertenecía a una orden empeñada en evangelizar las llamadas Américas. Todavía hoy, en la revista bimestral mexicana “Presencia Apostólica”, se invita a los fieles:

“Tú puedes ser mensajero/ de esperanza, vida y paz,/ aprendiendo de Claret/ ¡A gritar la palabra!”.

Ante la promesa de fortalecer la propia identidad, espiritualidad y vocación aparecen las preguntas. ¿Qué clase de poder se obtiene con empresas ideológicas como éstas? Una devoción no se crea sola. Supone la inversión de recursos de todo tipo. Como hicieron los claretianos. A cada comunidad en crisis démosle un santo a quien adorar. Durante ochenta años los países latinoamericanos han visto crecer la devoción. Poco se sabe sobre cómo surgió, quién la impulsó, cuánto se invirtió en tarjetas con la imagen del santo, folletos o en costosas esculturas de bulto traídas de España.

En la literatura claretiana estadunidense hay literatura casi propagandística: biografías de personajes de la farándula que decidieron hacer obras benéficas después de leer un folleto sobre San Judas. Por ejemplo el humorista Danny Thomas, celebridad de Estados Unidos a quien se debe la edificación del Hospital Infantil de San Judas en Memphis. Veinticinco mil tarjetas con la imagen del santo fueron impresas en 1922, en Santiago de Chile, a doce años de iniciado el culto en Chicago. Dos importantes bancos estadunidenses tienen cuentas para depositar donativos. Los motivos parecen honestos y es evidente que la labor social de los claretianos tiene un sentido, como el combate de los misioneros a los casos de anemia aplásica en la Misión de la Montaña Alta de Guerrero, donde varias niñas de esa región fueron internadas en el Hospital Infantil Federico Gómez del Distrito Federal. La enfermedad, seria por naturaleza, proviene del empleo de insecticidas y plaguicidas, por lo que la Liga apoyará una campaña preventiva.

Para los miembros de la Liga se ha establecido una Hora Santa, espacio donde una vez por semana, los jueves a las 6 pm, se realiza en San Hipólito una hora de oración para escuchar la palabra de Dios y meditar sobre lo que Jesús “propone para la vida”. Muchas ONG civiles participan en la labor social de los claretianos. En el sitio mencionado hay un apartado donde la orden comunica a los fieles los esfuerzos laicos: organizaciones de género crean campañas educativas para redefinir la importancia de la mujer, o bien grupos ecologistas buscan mejorar el ambiente. Se denuncian la desigualdad social, la corrupción, la pobreza y la violencia. Además, se anuncian jornadas ecuménicas, se publican crónicas sobre el Día Mundial del Emigrante, o se hacen balances del sexenio de Fox junto a artículos sobre la APPO en Oaxaca o sobre la Convención Nacional Democrática. También se toca el tema de las elecciones en la revista de la orden o en boca de los sacerdotes encargados de dar misa en San Hipólito.

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Oración por los sacerdotes pederastas

Un día del mes de mayo llego a San Hipólito a la una de la tarde. Es la hora de la bendición —una entre muchas realizadas a lo largo del día— y hoy toca turno al padre Jesús, quien pronuncia su sermón ante unos cincuenta fieles. Entre semana también van muchos devotos y esto lo comprueba cualquiera. Lo primero, para este sacerdote, es mostrar la portada del nuevo número de “Presencia Apostólica”. Nos dice que un señor protestó: “¡Ya padre! A todo le quieren sacar ganancia”. Pero en realidad, aclara, la revista bimestral sólo cuesta quince pesos.

—Si no estoy diciendo la verdad entonces él mismo pagará la edición.—Resulta bueno para vender, es simpático y decidor.

La gente sonríe. Muestra una pulsera con cuentas para rezar el rosario. Cuesta diez pesos y “afuera no la venden”. Hay de varios colores.

—Es aquí en el mostrador o conmigo, lo mismo la revista.

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Luego sugiere rezar varios padrenuestros, un gloria y una ave maría. Al final se forman unos veinte devotos para elegir una pulsera.

—Pero no me va a quedar, padre —respinga una mujer. Contesta él ajustándola a su muñeca.

Alguien pregunta cómo debe rezar el rosario. Más atrás una jovencita quiere saber si su amiga alcanzó agua bendita.

—¿Se quieren seguir mojando?, pues los voy a bendecir —comenta jocosamente el padre.

Todos procuran poner su San Juditas —en versión medalla, estampa o escultura— de modo que le toque el agua. Por último llega un señor gordito, joven padre de familia, con su juramento de no beber.

—¡Ya llevo dos meses, padre! —El otro le da ánimos y le promete que podrá seguir abstemio.

En el cuaderno con las peticiones de los fieles me encuentro las palabras de un devoto con problemas familiares:

“Socórrenos, socórrenos, socórrenos”.

Pide obsesivo. Otro da las gracias pues San Judas ha protegido a sus padres. Alguien más pide ayuda familiar y financiera. Rumbo a la salida, en el altar del Cristo crucificado, llama mi atención un hombre de unos 28 años. Casi reza a gritos. Su discurso es inconexo. Repite una oración que no conozco. Cuando me ve baja la voz. Trae el cabello recortado a la punk. Todo en él es nervio e intensidad. ¿Está drogado? Esta es una iglesia de pobres que entran y salen sin cesar. Un hogar tal vez. Vi a una señora con tubos que suspendió sus oraciones para soltarse el cabello con movimientos precisos. Guardó los tubos y acomodó el último rizo para quedar impecable. Casi abrí la boca de admiración. Me miró con curiosidad y después procedió a hincarse y rezar sus oraciones. En este entorno hay un aviso recurrente:

“El devoto debe cuidarse de no caer en ciertos abusos, como la ‘novena milagrosa’ a Judas Tadeo que ofrece grandes recompensas económicas con la condición de que se hagan copias de ella y sean enviadas a un gran número de personas. Esta novena cae en la superstición y está centrada más en interés económico que en la búsqueda de la santidad”.

Tienen razón. Al menos en esto.

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Lo más destacado del sermón del padre Jesús fue la mención a los “padrecitos que han errado el camino”, en clara alusión a la pederastia.

—Ya somos muy poquitos los sacerdotes que quedamos. Oremos por ellos. Perdónenlos. No somos perfectos. Así como ustedes se casan y prometen no distraerse, así nosotros nos casamos con la iglesia. La iglesia son ustedes y a ustedes les somos fieles.

También tocó el tema de la epidemia. Quienes compren el ejemplar de “Presencia Apostólica” podrán leer otro artículo sobre el amor en tiempos de influenza.

—Como en esos días no podíamos ni tocarnos ni mirarnos, y pasaron muchas cosas con las que no estuve de acuerdo, se los recomiendo.

Mueve la cabeza para señalar que no se manejó bien la emergencia. Y decide hablar sobre una “verdadera epidemia” que le tocó vivir hace años en las montañas de Guerrero. Ahí sí se enfermó la gente sin posibilidad de curarse. Ahí sí se le murió un niño por falta de antibióticos.

¿La iglesia puede seguir siendo germen de movimientos de desacuerdo social? No con estos fieles llenos de supersticiones, más bien preocupados porque les toque agua bendita que moje sus estatuas o pulseras con la imagen de San Judas. El sacerdote continúa. Hay un artículo sobre “San Judas y la esperanza”. La idea es cambiar la resignación por la esperanza.

—Dicen que es lo que muere al último, pues nosotros los devotos de San Judas ni siquiera al último la dejamos morir… sabemos que un día iremos a dar a los brazos de Papá Dios—, repite el sacerdote.

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Junto a mí, una madre de hijas adolescentes toca con alguna desesperación el agua bendita que humedeció su brazo. Con la mano la extiende sobre el rostro de su Juditas de medio metro. ¿Puede hablársele a ella de abandonar la resignación y abocarse a una esperanza activa? Uno pensaría que la mayoría de los fieles no ha realizado estudios secundarios, sin embargo, durante estos años me ha tocado entrevistar mujeres profesionistas que bendicen su auto después de un susto en la carretera, o taxistas que depositan el agua bendita en una botella de Bonafont y rocían con ella su casa para protegerla. En la necesidad muchos recurren a la fe y hacen lo que todos. También hay un texto sobre los obispos mexicanos de frente a las elecciones. Se exhorta a los ciudadanos a tomar una actitud clara frente al voto, a manifestar su opinión.

Pasada la misa regreso a casa en metro. En uno de los pasillos escucho con sorpresa la voz de un joven contralto situado a unos pasos de la escalera que da a la Plaza Zarco, cargado con varios pentagramas. Recibe monedas de diez pesos en su gorra, mucho dinero para el Metro Hidalgo. Pregunto por el nombre de la pieza y contesta con una frase incomprensible en alemán. Agrega:

—Handel compuso la pieza… sólo sé que quiere decir ‘tengo’… pero no me hagas mucho caso.

Un poco más allá hay un sonriente señor sin piernas con dos muletitas de madera para apoyar los brazos. Quiero abordarlo pero me arrepiento. Por alguna razón, pierdo las ganas de hacer entrevistas. Mejor le compro a un vendedor ambulante un disco compacto de Michael Jackson, tan llorado en estos días. Dicen las malas lenguas que su padre abusó sexualmente de él durante toda su infancia. Me voy con su discografía bajo el bolso. Beat it

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