Sin importar la edad, niños, jóvenes y adultos llegaron poco a poco a la cita en el Monumento a la Revolución, todos convencidos de participar en el reto que se había lanzado un par de meses atrás: “El Récord Guinness al mayor número de personas caracterizadas de Catrinas”. La tarde era fría pero a pesar del fuerte aire que corría entre los muros y la explanada, la gente se acomodaba paciente a los alrededores de las fuentes brotantes.

Algunos –los que llegaron a pie– decidieron arribar sin maquillaje y comenzaron el proceso de caracterización: un poco de pintura blanca, diamantina, lápiz negro y sombras de colores bastaba para tener el rostro de aquel personaje tan famoso: la Catrina.

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Salida de los talleres de Antonio Vanegas Arroyo en 1913, la Catrina que hoy conocemos fue grabada por José Guadalupe Posada e ilustraba un texto en verso en donde se le llamaba “la Calavera Garbancera”. Esa “hoja de papel volante” probablemente fue escrita por Blas Vanegas Arroyo, Constantino S. Suárez, Arturo Espinoza (Chóforo Vico), Francisco Osácar o Ramón N. Franco, todos ellos escritores que trabajaban con el impresor. Con ella se hacía denuncia de algunos hechos sociales de la época. Otros historiadores mencionan que la “Garbancera” representaba a los indígenas que en el proceso de culturalización se vestían de forma parecida a los aristócratas; por este motivo la Catrina lleva sombrero grande y estola.

Calavera_garbancera Este mítico personaje se hizo aún más famoso cuando el pintor Diego Rivera la plasmo en el mural “Sueño de una tarde dominical por la Alameda Central”, donde aparece al centro, custodiada de un lado por un Diego Rivera de 9 años de edad y su inseparable Frida, y por el otro por José Guadalupe Posada quien parece escoltar a su “Garbancera”.

Con esta información en mano, los asistentes seguían llegando y era interesante ver como la “Catrina” tomaba distintas formas dependiendo la edad del participante. Hasta la explanada de la Plaza de la República –nombre real del sitio donde se ubica el Monumento a la Revolución– llegaron dos chicos, de no más de 16 años, con una modificación interesante del personaje: su sombrero no era de ala ancha, se mezclaba un saco con tenis Converse y la chica llevaba un short de mezclilla.

–¿Eres un catrín moderno?

–Sí –respondió con risa intensa– vine acompañando a mi mamá, ella si va a participar en el Récord Guinness, a mi ya me dijeron que no, pero de todos modos se me hace algo muy padre formar parte de esto y fomentar la tradición.

–¿Quién te maquilló?

–Mi tía es maquillísta y nos sentó a mi hermana y a mí para crear esto. Traemos diamantina y este vestuario que no se parece tanto, pero nos gustó. –Y así siguieron riendo–.

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De pronto entre el agua que brotaba de las fuentes y el aire frío se asomó una Catrina especial, vestida como “Adelita” –mujeres soldaderas de la época de la Revolución Mexicana– acompañada de su “Juan” y sus mascotas. El maquillaje en ella era impresionante: ojos con tonos degradados entre verde y amarillo, líneas exactas que la hacían parecer como una calavera real. Ella tan sólo se limitaba a mover la mano y decir “adiós”.

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La hora de la cita llegó. Miré mi reloj eran las 2:30 pm. A paso veloz me acerqué a la zona de registro para conocer a todos aquellos que querían participar, pero entre más caminaba, más gente me encontraba y la sorpresa era grata: familias enteras disfrazadas y caracterizadas.

Así como habían diseños alternativos de catrinas también se encontraban los tradicionales apegados al diseño de Posada. Una de ellas con el sombrero de plumas más bello y digo esto porque el detalle, los colores y el peso que tenía aquel objeto era motivo para que todos los asistentes le tomaran foto: plumas de avestruz y flores, un enorme velo negro y encaje que lo enmarcaban.

Catrina Fest 10–¿Cuánto tiempo te llevó la transformación?

–Fueron más de 4 horas de maquillaje y dos meses para elaborar mi vestido. Yo quería verme como una verdadera Catrina y lo logré –me dijo con una voz que parecía ser de otro mundo, ¡de ultratumba!–.

Entre más avanzaba, los disfraces era más interesantes. En la fila estaba una pequeñita –de unos 6 años aproximadamente– emocionada, le decía a su mamá que tomara foto de todo lo que a ella le sorprendía. Estaba pintada y vestida como se pedía y era extraño ver a una persona tan pequeña portando con mucho orgullo la usanza.

–Te veo muy emocionada. ¿Por qué participas en el récord?

–Mi papá me dijo que mucha gente se iba a disfrazar de la Catrina, yo ya la había visto el año pasado en la escuela y entonces quise participar. Mi mamá me maquilló y hasta lentejuela me puso.
Pero la pequeña dejó de hablarme, algo la distrajo. Al voltear a ver qué llamó su atención también quedé cautivada.

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Dirán hasta este momento: “seguro una Catrina más”. Sí, se trataba de una Catrina, pero no era una más. Esta era diferente, su vestido hecho de papel periódico, el sombrero también lo estaba y los detalles que tenía eran totalmente confeccionados a mano. Me acerqué a ella y se podía ver que la falda estaba llena de mariposas de papel, la estola era de pequeñas tiras de periódico y el sombrero había sido cortado como el papel picado.

–El ingenio no tiene límites. ¿Cuánto tardaste en hacer el vestido?

–Fueron poco más de 40 horas y lo hicimos así –su esposo y ella– porque queríamos rendirle honor a la Calavera Garbancera que salió precisamente de las páginas de los diarios.

Sin llegar a exagerar habían más de mil personas formadas para llegar a la mesa de registro, pero las exigencias de Récord Guinness eran muy específicas: mujeres con vestido elegante, sombrero de plumas, estola y el maquillaje con motivos en frente, nariz y barbilla.

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Estas reglas de inmediato descalificaban a cientos que llegaron con modificaciones, pero en lugar de molestar a los asistentes por no participar en el récord, de forma ordenada salían de la fila y se ponían a los alrededores para apoyar a los que sí cumplían con los requisitos. El proceso de revisión fue lento y exhaustivo, no se permitiría que alguna Catrina se filtrara sin ser parecida a la hecha por Posada.

Una por una las catrinas pasaban a firmar el registro y se colocaban en el lugar asignado para el concurso, y aunque el frío cada vez se hacía más intenso, el calor del mexicano se sentía. Las catrinas más pequeñas corrían y jugaban, las mamás trataban de que no se despintaran. Las catrinas abuelas buscaban un lugar donde sentarse para esperar pacientes a que poco a poco se fueran juntando más y más.

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Pasadas las 6 de la tarde era un hecho, México se llevaba un Récord Guinness más al juntar el mayor número de personas caracterizadas como “La Catrina”. Se hacían las fotos y se pedía que todas quedaran inmóviles para tener las mejores impresiones. La cifra final: 509 personas vestidas como aquella calavera elegante que despreciaba a su sangre.

A los alrededores la gente aplaudía, se sentían felices porque algo muy mexicano rompía fronteras, el récord sería conocido en todo el mundo y ellos pusieron un granito de arena para lograrlo.

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