¿Será la persona correcta? Nos preguntamos al empezar una relación. Lo cierto es que no lo sabemos, lo cierto es que muchas veces nos aventamos a los tórridos brazos del amor a pesar de que la mente grita “no lo hagas”, mientras que las entrañas responden “tienes que hacerlo”. El sentido común queda sepultado ante la emoción y la respuesta inicial sólo la responde el tiempo.

Si tú has tenido esas dudas, si has pasado por esa encrucijada entonces te interesa saber que hoy se estrena Magia a la luz de la luna (Magic in the Moonlight), película escrita y dirigida por Woody Allen. Una comedia romántica muy a su estilo, pues si bien es cierto que da un aire a chick flick —ya saben, esas películas “para chicas”, que las hacen llorar y suspirar—, el sentido del humor y los guiños intelectuales remiten irremediablemente a la pluma de este singular escritor.

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La historia se desarrolla en la Riviera francesa —buen pretexto para lucirse con la fotografía—. Está ambientada en la época de 1920, aquellos años del jazz, el charleston y Nietzsche —sí, Friedrich, el filósofo alemán de “Dios ha muerto”, referencia que, dicho sea de paso, se hace en más de una ocasión—.

La película es protagonizada por Colin Firth, quien da vida a Stanley, un mago inglés racionalista a ultranza, de esos que tachan cualquier creencia religiosa o mística de absurda. Me pareció una mezcla de doctor House y Sherlock —el de la serie británica de la BBC—, todo ego, cerebral y bastante “discapacitado emocional”. Su contraparte femenina, Emma Stone —Sophie en el filme—, lo es en todo sentido: se trata de una médium estadunidense, de cuna pobre, sin estudios, linda y tierna, quien representa todo lo que Stanley odia, ataca y ridiculiza constantemente, razón por la cual se propone desenmascararla a toda costa.

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Dado que se trata de una comedia romántica uno ya sabe en qué se va a acabar, pero eso no mella ni tantito el goce de ver la película. De particular interés me parecieron no sólo las referencias a Nietzsche, Freud o Dickens, sino el discurso racionalista recalcitrante que será el deleite para todo ateo con sentido del humor, al verse parcialmente reflejado, y también lo será para los pocos conocedores de filosofía de la ciencia que saben de sobra las discusiones de ese entonces, pues el personaje principal es casi una parodia del empirismo.

En el devenir de la historia y usando de pretexto el tema más recurrente del cine:, el amor, se plantean preguntas que podrían ponernos a discutir por horas sin llegar a acuerdos: ¿Dios existe? ¿Para ser feliz hay que creer en lo sobrenatural o ser ignorante? ¿Las personas superdotadas o racionales no pueden ser felices? ¿Lo sobrenatural existe? ¿Las farsas místicas funcionan porque dan paz mental a quienes recurren a ellas? ¿No son farsas y realmente existen? ¿El amor y la razón son mutuamente excluyentes?

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Pero no se abrumen, no tienen que ponerse filosóficos como yo. Se trata de una película complaciente que agradará a las damas presentes y, quizá, hasta las haga recordar algún amor que era profundamente estúpido para expresar sus sentimientos. Los hombres también la pasarán bien, las carcajadas de los compañeros de butacas aledañas son prueba de eso, porque es humor inteligente, ácido y mordaz.

Y aunque no es ni cerca la mejor obra del director, sí es una película entretenida, ágil y agradable, sumamente disfrutable y con excelentes actuaciones. Yo ya hasta hice plan con mi mejor amigo para verla de nuevo.

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