Siete años pasaron en los que las vivencias en el extranjero hacían que se acrecentara el cariño por México. No es que antes no existiera, pero surge esa necesidad del ausente, de lo que por varias circunstancias no se puede tener.

Entre muchas visitas y conforme pasaban los años, el hecho de volver y notar que nada cambia me dio el confort de que México siempre estaría ahí para cuando volviera. Sin embargo, me dolió que entre esa aparente pausa de situaciones, estuvieran también los grandes defectos sociales implícitos.

Que-viva-méxico-4El acercamiento a la obra de Alfonso Reyes, Juan Rulfo, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, Salvador Novo, entre muchos otros, ayudaron a que, a la distancia, tuviera a la patria cerca. En esas lecturas descubrí que la identidad sigue inquebrantable. A ella se le reconoce cualquier tarde en las calles descritas en esas páginas, como si hubieran sido escritas en el segundo mismo en el que contemplamos cualquiera de nuestras ciudades.

Si vemos las estampas que han dejado por la ciudad David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y José Clemente Orozco, hay tal actualidad en sus trazos que nos confirman que muchas de las tesis expuestas por nuestros grandes representantes en las artes y la intelectualidad siguen irrefutable.

Es notorio que en Crónicas de Asfalto hay una fascinación no sólo por la urbe, sino por la mexicanidad. Iconos consagrados que representan trascendencia mediática o que se encuentran en la memoria colectiva, pero también en las particularidades, los hechos poco comunes, los secretos. Los cronistas escudriñan entre personajes y temas que a ratos están en nuestras narices sin saberlo.

Vivimos en un mundo muy acelerado, la propia ciudad y sus venas llenas de autos, la corredera de mareas de personas en el metro; las multitudes cruzando la calle lo demuestran, sin embargo, estamos en pausa.

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Sí, esa pausa de la que hablaba al inicio. Qué contradictorio: un lugar donde nada cambia, pero que todo es distinto, donde los múltiples colores son mezcla de grandes sombras. México, donde se viven muchas revoluciones y se lloran injusticias, pero también reímos de la muerte.

Por tal razón, este escrito viene acompañado de un video-collage de imágenes del documental filmado por Sergei Eisenstein titulado “Que viva México”

En este trabajo, Eisenstein retó a  la industria hollywoodense y pugnó por su libertad creativa, pero por diversos conflictos que tuvieron que ver con dinero y asuntos políticos (Stalin ya lo quería de vuelta a la Rusia comunista, pensando que Sergei ya se había salido del guacal), el film quedó enlatado por décadas.

Limpiaparabrisas

Fue hasta 1979 que lo filmado entre noviembre y diciembre de 1930 viera la luz en su conjunto en manos de Grigori Aleksándrov, basado en los escritos de Eisenstein, quien montó los materiales para que por fin el mundo admirara un México bajo el ojo de uno de los más grandes cineastas de la historia.

No dejaré de lado que fueron producidos esos materiales anteriormente de forma independiente, pero las divisiones y estructura más cercana a lo que Eisenstein quería, fue ese proyecto de los años 70.

No sólo el material tuvo ese congelamiento, también la línea, que guarda la pausa de muchos de los errores sociales de México. Por eso el video que acompaña este texto se plantea una pregunta: ¿Qué viva México?

¿Merece la pena lanzar ese grito exacerbado a un país en tantas crisis? Irremediablemente la voz interna dice sí, ¡Qué viva! Este país que asombra a propios y extraños, que son las tierras que adoptan, desarrollan y luchan, merecen una efusiva expresión de alegría y de eso se trata este espacio dentro de Crónicas de Asfalto titulado tal cual así: ¿Que viva México?

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