Acepto que las ocasiones en que oí mencionar al Jardín Botánico de Ciudad Universitaria, al sur de la Ciudad de México, siempre pensé que era algo así como los Viveros de Coyoacán: un lugar con un apartado para el estudio de las plantas y con un gran número de corredores. Pero aún con sus posibles similitudes, es un caso aparte.

Jardín-Botánico

Nosotros (porque acudí con la familia) fuimos un sábado, en metrobús. Nos bajamos en la estación Ciudad Universitaria, de la Línea 1, es la más cercana (si decides ir por esta ruta, no olvides tomar el metrobús que va a la Joya o al Caminero). Salimos, cruzamos Insurgentes a mano izquierda y ahí nos topamos con la Reserva Ecológica del Pedregal. Caminamos hacia arriba y encontramos una especie de pasaje que nos llevó directo a atravesar otra avenida. Seguimos subiendo por el Tercer Circuito y a mano izquierda, a unos 10 minutos, encontramos el Jardín Botánico. Llegamos como a las 11 o 12 del día, y ya había, se puede decir, una cantidad razonable de gente, sobre todo papás y mamás que llevaban a sus hijos para hacer alguna tarea escolar. Aunque al darte un rol por aquí te topas con especies de otras partes del mundo, este lugar está muy enfocado en la flora de nuestro país, por lo que encontrarás un gran número de cactáceas, algunas de ellas en peligro de extinción, como la biznaga —que durante muchísimo tiempo fue utilizada para hacer el famoso dulce llamado acitrón—, y otras que son conocidas por su uso industrial, como la familia de los agaves, que nos tomamos en forma de tequila, mezcal y hasta pulque.

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Jardín-Botánico-agaves

Lo padre de esta experiencia es que vas caminando por senderitos hechos en la misma piedra volcánica sobre la que se asienta toda la zona de CU. Así que subes y bajas por escaleras naturales cuyo encanto está en lo rústico, pues no son tan detalladas ni definidas como si las hiciera el hombre.

En una de las áreas del jardín hay caídas de agua (al menos yo conté dos) que se filtran entre las rocas oscuras, para caer cristalinas hacia unos pequeños estanques que las contienen. Si te acercas un poco podrás observar que aun cuando en el fondo de esta especie de presa hay algunas hojas y un poco de tierra, no ensucian para nada el agua. Es algo muy hermoso y sobre todo relajante, en especial si te gusta el contacto con la naturaleza.

Jardín-Botánico-Caida-de-agua Conforme avanzas el panorama se transforma hasta que encuentras un bosque con distintas especies de árboles, todos ellos con una señalización que indica la variedad a la que pertenecen y que, además, cuenta con un dibujo para que tanto niños como adultos puedan identificarlos fácilmente. Ahí el sol se filtra suavemente por entre las hojas de los árboles, hasta llegar al pasto cubierto de agujas de pino. A la hora en que nosotros asistimos la temperatura y la vista eran muy agradables, perfectas para descansar. Sí, se me antojó echarme una siestecita.

Más hacia la zona de la entrada están las plantas frutales y medicinales. Ahí se distinguen, a la primera, la lavanda, el romero y la salvia, con sus espectaculares aromas. Hasta nos topamos con unos arbustos de chiles. Además, hay un estanque donde chicos y grandes pueden ver tortugas y peces, ocultos entre las verdes hojas de los nenúfares.

Adopta… ¡un cactus!

Ya que termines de recorrer el jardín, puedes hacer una parada y entrar a su Centro de Adopción, ubicado casi de salida. A mi me resultó súper interesante la manera en la que te dan la oportunidad de crear conciencia ecológica para los más peques. ¿Cómo funciona? Es muy simple. Junto a la tienda de souvenirs, llamada Tigridia, se encuentra un mini vivero con cactáceas y flores de distintos tipos. De hecho, el acceso al vivero está dentro de la misma tienda.

Jardín-Botánico-cactus

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Ahí te permiten adoptar una planta de alguna especie protegida o adquirir, en su defecto, plantas que fueron usadas para investigación, pero que están sanas. Cualquier ejemplar que elijas tiene un pequeño costo de recuperación. ¡Ah! Pero si escoges una de especie protegida, debes saber que antes de llevártela a casa tendrás que llenar un registro con tus datos, porque para los investigadores que laboran ahí es muy importante darle seguimiento a estas especies, aunque ya las tengas tú en casa. Una vez que cubres este requisito y pagas, te entregan tu planta en un cartón que te permite transportarla y que, además, trae una completa guía de cuidados, incluidos teléfono y correo electrónico del jardín para ponerte en contacto y solicitar asesoría experta en caso de que tu espécimen no se vea tan saludable como cuando la adquiriste. Padrísimo, ¿no? A mí me encantó esta experiencia y hasta motivé a uno de mis niños a que también la viviera. Terminó llevándose, muy orgulloso, una planta a casa.

¿Algo más?

Observar y adoptar plantas no es lo único que puedes hacer ahí. El Jardín Botánico es un sitio tranquilo, perfecto para correr. Obviamente, como está un poco escondido y solitario dentro de las mismas instalaciones de Ciudad Universitaria, hay un letrero en la entrada donde se indica que si piensas ejercitarte ahí, no podrás hacerlo antes de las siete de la mañana, precisamente por cuestiones de seguridad. A la hora en la que nosotros estábamos por allá vimos realmente a pocos corredores, supongo que es porque prefieren correr con mayor tranquilidad, sin tantos visitantes alrededor.

Cuenta con un sendero que está rodeado de una naturaleza erigida sobre piedras. A uno lo acompaña el canto de las aves y se siente esa brisita fresca en el rostro, que invita a seguir. Ahora entiendo por qué es uno de los sitios preferidos de uno de mis amigos. Ustedes que corren saben bien de qué hablo.

Jardín-Botánico-Tortugas

Si te animas a ir, toma en cuenta que cierra a las 4:30 de la tarde entre semana y a las 4:00 en sábado. Si organizas una ida con tu familia o con los cuates y quieres que les expliquen a detalle cada uno de los espacios, hay visitas guiadas. Échale un ojo a su página (http://www.ib.unam.mx/jardin/) si necesitas más datos .

He de reconocer que antes de visitar este lugar yo era casi una completa ignorante sobre su existencia: apenas había escuchado hablar de él un par de veces. Como buena egresada, por un lado, del Politécnico y por otro, de la UAM, generalmente sólo acudía a CU para ir a a la Biblioteca Central, al Instituto de Investigaciones Filológicas o a la Facultad de Filosofía y Letras. Sin embargo, este recorrido me encantó. No cabe duda que la Ciudad de México tiene esos pequeños rincones que son un oasis en medio del tráfico y el caos.

¡Que disfrutes tu visita!

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