Fotos: Luis Enrique Torres

Ese lunes recorrí el Centro de Buenos Aires y al llegar a la avenida Madero me topé con el tradicional estadio y lugar de conciertos Luna Park. ¡No lo podía creer!, un cartel anunciaba la presentación de Charly García como parte de la gira 60×60. El número sesenta estaba lleno de simbolismo: Charly festejaba sesenta años de vida; presentaría nuevas versiones de sesenta temas de su prolífica carrera y era un homenaje a los años sesenta, tan importantes y reveladores en su existencia.

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Pensé que no alcanzaría boletos. No soy creyente, pero ese día le pedí al santo patrono de Argentina, San Martín de Tours, que me ayudara a conseguir una entrada, ¡una maldita entrada! Durante la fila me invadía la adrenalina y las manos me sudaban. Al llegar a la taquilla compré mi boleto, aún sabiendo que no era un gasto programado e iría en detrimento de mis próximos alimentos. No pude evitar recordar la canción de Charly “Confesiones de invierno” (Sui Generis). Dios es empleado en un mostrador / da para recibir / ¿Quién me dará un crédito, mi Señor? / sólo se sonreír. Yo también estaba en un día invernal, sin muchos recursos, pero con una sonrisa a flor de piel.

Charly es para mí –y para el mundo– un ícono del rock. Lo descubrí bastante tarde cuando llegó a México la escena del Rock en español; luego de una época oscura de censura de la cual Rock 101 nos rescató. Supe entonces que aquel chico extravagante con pinta de drogadicto –decía mi madre– fue un niño prodigio que a los cinco años ya tocaba música clásica en el Conservatorio Thibaud Piazzini de Buenos Aires y provenía de una familia adinerada que viajaba constantemente. Los anales de su historia cuentan que estas ausencias le provocaron una crisis nerviosa que derivó en vitíligo, por eso su bigote sufrió falta de pigmentación.

Durante los años 60, su familia tuvo una crisis económica y su mamá entró a trabajar al programa de radio Folklorísimo, en donde conoció a Ariel Ramírez y Mercedes Sosa. Ese fue el acercamiento de Charly con la cantante tucumana que en épocas difíciles sería un respaldo importante en su vida. Al llegar los Beatles a la escena musical, Charly cambió su guitarra clásica por una eléctrica, con la cual formó muchas bandas de rock; entre ellas Sui Generis –en donde hizo alineación con Nito Mestre–, agrupación que cambiaría la historia del rock argentino.

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A Charly muchos lo consideran el precursor y “padre” de la consolidación del rock argentino. A diferencia de otros países de América Latina, en Argentina se dieron condiciones muy especiales para que este género se fortaleciera y lograra un alcance mucho mayor entre el público masivo. Como consecuencia de la guerra de las Malvinas, que el régimen de la dictadura sostuvo contra el gobierno de Margaret Thatcher, hubo una restricción muy dura para la transmisión de música proveniente de Gran Bretaña en la radio. Esto abrió espacios que fueron ocupados y aprovechados por artistas locales, lo que provocó que músicos como el propio Charly, Patricio Rey y sus Redondos de Ricota, Los Abuelos de la Nada y muchos otros, captaran la atención de miles de radiosescuchas a principios de los años 80.

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Aquel miércoles 29 de agosto no cabía un alfiler. “Buenas noches Luna Park. La receta de hoy es Tango, Rock and Roll y un poco de música clásica. Somos Charly and The Prostitution. Nosotros les vamos a dar el corazón, espero que ustedes nos den el suyo”, dijo Charly al hacer su ingreso triunfal, minutos después de las 21 horas y tras la emisión de un video de apertura en el cual se pudo ver una entrevista vieja a Marilyn Manson, donde el artista nombraba al argentino”.

Ahí estaba Charly, el irreverente; el que tiene más vidas que un gato y que ha sabido librar la muerte con éxito –desde las drogas hasta una sobredosis de metanfetaminas, pasando por un salto del noveno piso a la alberca de su hotel–. Quizá por eso lagrimeé al verlo vivo, festejando sus 60 y en la tierra que lo vio nacer. Aquella noche salió al escenario enfundado en una gabardina café, pantalón negro de piel, un sombrero y gafas oscuras, la boca pintada de rojo y las uñas negras. Tocó todas las que yo quería y aún así sentí que su setlist me quedó a deber. En el segundo encore interpretó Canción para mi muerte. No, no te mueras Charly, ya bastante tenemos con la ausencia de Cerati, pensé.

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