Ya me habían comentado cuáles eran las condiciones del lugar, pero quise comprobarlo por mí mismo.
Era un día como cualquier otro en el caótico centro de la Ciudad de México. De hecho, la disidencia magisterial organizó dos marchas por la mañana y también estudiantes de diversos grados salieron a las calles para recordar uno de los capítulos más tristes de la capital: el “Halconazo” de 1971.

Ese miércoles, las marchas me empujaron hacia la zona de la iglesia de San Hipólito. Como Reforma estaba cerrada, en vez de ir directo al Senado, di la vuelta por la calle de Niños Héroes y me topé con un sitio cuyos alrededores provocan indignación, náuseas y desgano. Entre basura, orines, mujeres de la vida no tan galante, indigentes, me encontré un sitio al que quería ir, pero no ese día.

Sin saberlo, llegué al lugar que andaba buscando: rejas grandes, portales sucios y vomitados, pero al fin portales coloniales, tumbas, mausoleos y los restos de uno de los grandes hombres de la historia de México.

mausoleo 2

Procedí a registrarme en una de esas viejas libretas que ya casi ni se usan. El poli en turno, con cara de total aburrimiento —se ve que no suelen visitar el lugar—, me miró de arriba abajo con cara de curiosidad y, modificando su postura, me dijo con orgullo:

—¿Sí sabe que aquí están los restos de Benito Juárez?

—¿Benito Juárez? —respondí.

—Sí, Benito Juárez  —insistió.

Fue entonces que comencé el recorrido por el lugar: el Museo Panteón de San Fernando.

La tumba del Benemérito de las Américas luce majestuosa pero abandonada, con una escultura del expresidente Juárez apoyado en el regazo de la Madre Patria con la leyenda “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

Sin embargo, lo que se supone que debe ser una belleza, tanto histórica como artística, está en el total abandono: el mármol sucio, los barandales con el águila republicana despintados y oxidados, los techos con goteras y a punto de derrumbarse por la humedad.

Recordé mis clases de historia y el ensayo que hice en tercero de secundaria sobre su vida. ¿No es a Juárez a quien le debemos un Estado laico? ¿No fue el indio de Guelatao el que resistió el imperio francés? ¿No le rendimos homenaje, no acaso su efigie está en los billetes de 20 pesos y no hasta descansamos el 21 de marzo en memoria de su natalicio? ¿Porqué su tumba no parece preocuparle a nadie?

En fin, descubrí finalmente dónde está la tumba de Juárez. Ojalá que pronto las autoridades hagan algo para preservar su memoria.

 

Fotos: commons.wikimedia.org

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