A unos cuantos pasos del metro Hidalgo, muy cerca del Centro Histórico de la Ciudad de México, está la colonia Tabacalera. Apenas uno camina hacia Reforma, rumbo al Caballito de Sebastián, y se encuentra el edificio de la Lotería Nacional —El Moro le llaman por su bóveda que recuerda al kiosco Morisco, donde se realizaban los sorteos durante el Porfiriato—. Afuerita una mujer de bronce deja caer de un cesto las monedas que carga: es la diosa fortuna que así invita a los caminantes a arrojar una moneda a su fuente, quién quita y eso abone para que uno se haga millonario luego de comprar un cachito

Pero la Tabacalera ofrece otras historias. En un pequeño departamento del edificio de la calle Emparan, en 1955 Raúl Castro presentó a su hermano Fidel a un argentino que los apoyaría como médico en la aventura revolucionaria que estaban por emprender. Ese día Ernesto Guevara se convirtió en el Che.

A unas calles, en el parque San Carlos, a espaladas del museo que lleva el mismo nombre, entre teporochos que duermen en las bancas y uno que otro que fuma mariguana, está el busto del Che y el de Julio Antonio Mella, cubano fundador del Partido Comunista y de la Federación Estudiantil Universitaria de Cuba, asesinado en 1929 en las esquina de Abraham González y Morelos, en la Ciudad de México. “Muero por la Revolución” fueron sus últimas palabras

La Tabacalera es la colonia de la primera sexshop en México (en la calle de Ezequiel Montes), del famoso baile de los 41 (Ignacio Mariscal u Ezequiel Montes), de las patinetas en la Plaza de la República, del Monumento a la Revolución, de la cerveza artesanal, del monumento a Fidel Velázquez —el mayor “charro” sindical— y de la Casa de los Amigos —un sitio que ofrece un techo a los refugiados del mundo—.

Entren y escuchen en Crónicas de Asfalto radio las historias de sexo y revolución de la Tabacalera.

Comments

comments