Fotos: Amayeli Rocha

Platicar con músicos con objetivos claros y definidos es un deleite. Y lo es más cuando conoces a dos talentos apasionados y sensibles que además buscan lograr cambios en nuestra sociedad a través de la música. Eso resulta muy refrescante y esperanzador, sobre todo cuando, a mi parecer, la música actual carece de compromiso social y de contenidos de calidad. Es el caso de Marduk Serrano y Mariana Chávez, cantante y flautista respectivamente, quienes están iniciando la propuesta musical Marduk y las Flores Silvestres, ante la urgencia y el deseo de hacer música capaz de empoderar, acariciar al pueblo y sacudir a sus comunidades. Por eso la presentan abiertamente como queer.

“Ambos teníamos ganas de ahondar en la música tradicional, popular, en el jazz, dejando un poquito de lado el clásico por gusto, por necesidad intelectual y artística y porque es una música del pueblo para el pueblo”, platica Marduk. “Yo tenía la necesidad de hablarle a mi comunidad, es decir, a la Ciudad de México que es donde estamos evolucionando nosotros, pero también a la gente latinoamericana y de manera más particular a la gente latinoamericana que pertenece a la comunidad LGBT, a los que se consideran queer. De ahí que nos autonombramos latino queer. Faltan músicos que le hablen a esta comunidad, músicos que nos hablemos entre nosotros, con nuestras problemáticas, de lo queer, del feminismo, de las diferencias. El hecho de querer hablar de esas cosas a través de una música que nos gusta y nos conmueve hace que nos anime a crear un concepto así.

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Marduk y Mariana

Marduk y Mariana crecieron en casas donde habitaban familias melómanas lo cual les llevó a estudiar música. En la de Marduk se escuchaba Bach, sones cubanos, La Sonora Matancera, gospel, José José, Roberto Carlos. Fue la música barroca la que lo sedujo y lo llevó a Francia a estudiar en el Maîtrise del Centre de Musique Baroque de Versailles para convertirse en cantante profesional. Diversos proyectos lo han colocado en la escena como uno de los mejores intérpretes de música barroca de México. Sin embargo, ese estilo no lo ha alejado de otras maneras de hacer música. La música tradicional latinoamericana y afroamericana lo han acompañado, alimentado e inspirado, por eso alterna ambas tradiciones: la clásica y la popular.

Mariana, en cambio, recuerda en particular un día, cuando tenía catorce años. Llegó a casa, sonaban las notas del tema Now is the time de Charlie Parker que su madre escuchaba. Quedó sorprendida, enamorada. Eso es lo que ella quería tocar. Empezó a estudiar saxofón, aunque le esperaban otros caminos musicales. Estudió la carrera de músico clásico, después empezó tocar transverso barroca, música antigua que le encanta. Pero también, dice, ha estado presente ese guiño por la música popular, que, como la clásica, es capaz de elevarnos a diversos niveles emocionales.

“Una canción te puede recordar un familiar, alguna pareja, son otros niveles, distintos a la clásica, pero que son igual de importantes”, me cuanta la flautista. “Hay ciertos estigmas en torno a la música popular, pero creo que la música es universal, no creo que haya género bueno o malo, pero sí que en cada uno debe haber calidad. No creo que la complejidad de un tema lo haga mejor que otro, sólo lo hace distinto”.

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Marduk

Me surge una duda, ¿lo queer para Marduk y las Flores Silvestres solo tiene que ver con la identidad de género, con una identidad sexual o la palabra tiene otro sentido, otro contexto?

“Lo queer, parafaseando a una bloggera gringa que se llama Nadia Cho, es más un estado mental, es una mirada universal que abraza y engloba a todas las posibilidades de ser único que tenemos los seres humanos”, me contesta el cantante barroco. “Es esta manera de sentir o percibir la infinidad de posibilidades de expresión, particularmente con las que tienen que ver con las preferencias sexuales, de identidad sexual y de género. Pero también es la manera de ver, sentir y abrazar la fluidez enorme que existe en cada uno de nosotros y que influye en nuestro estado de ánimo, con la manera en la que nos percibimos a nosotros mismos y que durante mucho tiempo ha estado sujeta y enmarcada por condiciones sociales y educativas”.

Mariana, por su parte, apunta que hace falta visibilidad, decir aquí estamos y no somos extraños, somos como cualquier persona, como ustedes, que disfrutamos de la misma música. “Todos hemos sentido algún tipo de discriminación, racial, económica, social porque hay un enorme miedo al otro, porque no sabemos qué pasa en ese otro. Por eso queremos mostrar eso, que sí es diferente pero no malo, para que en vez de atacar lo distinto o reaccionar con miedo o prejuicios, mejor abrazarlo. Eso también es queer: abrazar lo distinto a ti, comprenderlo y ser capaz de ver lo que ese otro te puede enseñar y cómo me voy a engrandecer aceptando las diferencias. Al inicio del proyecto, hablamos de que es importante crear desde la ternura. Cuando vemos al mundo con ternura, hay una mejor comprensión hay empatía y por lo mismo se abren nuevas puertas y caminos”.

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Musicalmente, Marduk y las Flores Silvestren fusionan la música bajo la idea de lo queer, géneros distintos, de raíces aparentemente diferentes. Se apropian de ellos y los pasan por su filtro queer, sin echar a un lado su formación dentro de la música clásica y sumando la experiencia personal de cada uno de los cinco miembros que conforman la banda: la percusionista Gabriela Orta, a quien describen como una mujer de gran disposición y alegría, que además toca en el trío de percusiones Barra Libre; el pianista Héctor Zertuche, músico perfeccionista de gran sensibilidad y técnica, según comentan sus compañeros; y Carlos Iván Reyes, guitarrista de formación empírica, que aprendió música popular en Oaxaca y perfeccionó su técnica en la carrera de guitarra clásica. Su paso por la banda lo ha llevado a cuestionándose a sí mismo, de manera positiva, todo lo que ha aprendido sobre género, ¿qué significa ser hombre?

El ingrediente principal de la agrupación es la música latinoamericana. Marduk confiesa que en particular siempre le ha movido la música de la ola de izquierda. “Para mí siempre han sido fuente de inspiración Victor Jara, Violeta Parra, Chabuca Granda, por eso incluímos temas de estas personas que cuestionan la subjetividad del amor y el ser mujer. Para mí son dos luchas que están intimamente ligadas: el feminismo es la madrina de nuestra lucha LGBT. Pienso que sin lucha feminista no habría lucha LGBT y viceversa. Entonces, también hablar de temas de violencia de género es para nosotros muy importante. También tenemos canciones que interpretamos porque nos gustan, porque hablan de amor. Todo mundo quiere hablar de amor, se siente bonito ¿no? Hay temas de jazz porque llevo toda la vida idolatrando a las divas como Billie Holiday o Nina Simone, que luchó a lado de la gente LGBT, por el feminismo y la comunidad afroamericana”.

Mariana comenta que también hay algunos temas a los que les modifican los versos para llevarlos al universo queer. Como hicieron con el son jarocho tradicional La Guanábana, al que el poeta mexicano, César Cañedo, escribió unos versos queer: Señora que va al mercado con su amiga la amapola / y que al salir del mercado juntas serán una sola / Sepa que su sueño amado es la guanábana toda.

“Es un tema con letra muy pícara, que tiene versos que hablan de sexo, porque también hay que hablar de sexo, no porque es rico, sino porque es es importante hablarlo libremente para que después los temas de identidad no nos cuesten trabajo”, señala Mariana. “El sexo empodera. Pero es difícil encontrar sones que hablen de amor lésbico o de transexualidad. Entonces es momento de hacerlos o teniendo ya una canción tan bonita, con una música tan linda, se le pueden agregar algunas coplas, como se hace en la tradición. César escribió una sobre un amor lésbico y otra de un amor entre dos hombres”.

Y aunque suena bien el concepto de música queer, ¿en verdad la música puede empoderar, hacer visibles a los que no lo son, se puede polinizar y cambiar mentalidades?

Mariana no tiene duda al respecto e incluso asegura que cualquier expresión artística lo puede hacer. “Va a sonar idealista, aunque creo que soy más bien pragmática al decir que el arte, la educación y la cultura son las únicas armas de lucha social y de cambio verdadero. Porque cualquier expresión artísica te ayuda a imaginar, el imaginar te lleva a ser más empático y la empatía lo es todo para una mejor sociedad”.

Y, por supuesto Marduk la secunda. “Más nos vale pensar que sí lo hace porque si no, no tiene sentido lo que hacemos. Como canta Mercedes Sosa: Sí se calla el cantor, calla la vida. El cantor, el artista, tiene el poder de denunciar, de hablar, de mostrar un camino diferente. Hay muchas maneras de mostrar los caminos, pero lo que tiene la música es que lo hace de una manera dulce”.

Sí quieres explorar tu lado queer y dejarte empoderar, puedes conocer más sobre “Marduk y las flores silvestres” aquí y aquí.

También los podrás escuchar en vivo el próximo 4 de noviembre en el Bar “Punto gozadera” donde recaudarán fondos para el Itzmo de Oaxaca. Y el 12 de noviembre en la cuarta edición de Sobremesa en la Terraza Crucru en Milán 44 colonia Juárez.

Foto portada: Facebook Marduk y las Flores Silvestres

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