Dice uno de los textos que recogió Fray Bernardino de Sahagún en el siglo XVI sobre la mitología náhuatl, que en un tiempo lejano a los dioses se les ordenó sacrificarse, aventarse al fuego, para poner en movimiento el Quito Sol que se había detenido en el cielo. Y todos hicieron caso menos Xólotl, el dios-animal hermano de Quetzalcóatl. Él no quería morir. Entonces huyó y tras él salió el verdugo. Cuando el dios se vio amenazado se ocultó en las milpas y tomó la forma de una planta de maíz de dos cañas. Pero el verdugo lo descubrió. Xólotl corrió de nuevo y encontró un magueyal; ahí se transformó en un maguey de penca doble. Sin embargo, sus perseguidores volvieron a descubrirlo, así que se lanzó al agua donde tomó la forma de un animal acuático de barbas en el pescuezo al que se conoce como axolotl, ajolote. El dios fue capturado y antes de morir fue sentenciado a tener el cuerpo del anfibio.

Y así, con esta leyenda representada en una obra de teatro, es como en marzo de cada año en el Parque Ecoturistico Chinampero Michmani, en Xochimilco, comienza la liberación del ajolote, una especie endémica de la Ciudad de México que se encuentra en peligro de extinción.

Manuel Rodríguez, un pescador que un día recibió “el llamado del ajolote”, es quien encabeza al grupo que se dedica a la conservación del anfibio en las cercanías al embarcadero de Cuamanco.

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Manuel Rodríguez

Manuel Rodríguez

El proceso para la liberación no es fácil. Primero los ajolotes tienen que estar durante meses en peceras donde Manuel y su equipo los alimentan. Después los pasan a unos estanques con agua de los canales para que los animales se vayan aclimatando. A todos los monitorean constantemente y llevan un registro de la evolución de cada uno.

El día de la liberación se invita a niños de diferentes primarias para que sean ellos quienes reincorporen a los ajolotes a su hábitat. Antes de eso se les explica qué es un ajolote, la importancia que tiene en el equilibrio ecológico y las causas que ponen en peligro a la especie. Después se le pide que hagan un dibujo y luego van a la obra de teatro.

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Al final, Manuel ordena que todos se embarquen en unas trajineras y los conduce a un canal para hacer la liberación. Es un lugar secreto, que sólo los que participan en este acto saben la ubicación. De hecho, Manuel pide que nadie diga dónde está el sitio pues hay personas que buscan a los ajolotes para venderlos en el mercado negro —entre dos mil 500 y tres mil pesos es su valor.

Luego de tener por un momento en las manos a uno de estos anfibios, de perderle el miedo por su aspecto “monstruoso”, de acariciar su piel lisa, húmeda y resbaladiza, es hora de dejarlo ir.

El ajolote se escapa de las manos, como que lo llama el agua. Salta deja una corona de gotas en cuanto se sumerge. Es en ese momento que sucede la magia. Uno siente que se ha transformado y entiende un poco, sólo un poco, a la naturaleza. Entonces uno regresa a tierra con la sensación de haber contribuido al mejoramiento de esta urbe y del mundo.

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Dibujos sobre el ajolote

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El acuario de los ajolotes

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Quetzalcoatl

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Actores antes de entrar a escena

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Texto Memo Bautista

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