Hace un par de años el periodista peruano Marco Avilés contó esta historia en una conferencia. En una primaria un grupo de niños crearon un periódico de cuatro páginas hecho con fotocopias, que hablaba sobre los que temas que a ellos le interesaba: la crítica al niño que se engrandecía porque tenía novia, los graffitis que algunos veían camino a la escuela y por qué se debía ir a misa los domingos, pues todos estaban a punto de hacer la primera comunión y perder cada semana una hora de juego por escuchar a un sujeto que decía que todo era pecado les aterraba. La publicación era un éxito pues no solo la compraban los chicos de cuarto año, también lo hacían sus papás para enterarse en qué andaban sus hijos.

Pero un día el director de la escuela mandó llamar a los editores del medio y a sus papas para decirles que en esa escuela estaba prohibido hacer negocio. Y así, un periódico lúdico que informaba a niños y adultos fue censurado por la dictadura escolar. Y suena a cuento, sin embargo sí sucedió.

La libertad de prensa a cualquier nivel es cortada hoy en muchos lugares del mundo, desde una primaria peruana hasta países como Rusia, China, Venezuela, Corea del Norte y México.

El 3 de mayo 1993 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó esta fecha como el Día Mundial de la Libertad de Prensa. No es una celebración; se trata de señalar que como sociedad tenemos pendiente resolver un asunto importante: el derecho pleno a la libertad de expresión.

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Dice la UNESCO que una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática y un derecho humano fundamental. Y dice bien, pues precisamente la libertad de expresión es un derecho humano. Bajo este concepto todos podemos expresar de forma libre nuestras opiniones, investigar, recibir información y difundirla sin limitación y sin ser molestados. Por eso cuando existe cualquier tipo de censura en la información, impunidad hacia quien impide que ésta llegue a la gente o violencia dirigida a los periodistas, hay un ataque directo hacia la democracia.

En México el asunto no es menor. El Índice Mundial de Libertad de Prensa , que realiza la organización Reporteros sin Fronteras, califica a México en el lugar 147 de un total de 180 países, lo que significa que nuestro país presenta condiciones muy difíciles para ejercer el periodismo. De hecho el mismo estudio señala que Veracruz, Guerrero, Michoacán y Tamaulipas son los estados donde se presenta más corrupción, delincuencia organizada e impunidad de crímenes contra los representantes de medios de comunicación.

Por otra parte Artículo 19 en 2016 se registró 426 agresiones, incluidos 11 asesinatos, contra editores, periodistas y representantes de los medios de comunicación en el país. La mayoría de estos ataques, 226, fueron perpetradas por funcionarios públicos de distintos niveles de gobierno. Curiosamente solo 17 fueron realizadas por el crimen organizado.

Las agresiones van desde ataques físicos o materiales, intimidaciones, amenazas, privación ilegal de la libertad y actos de hostigamiento o acoso.

Llama la atención que en el mismo informe se destaque a la Ciudad de México como la entidad que más agresiones a periodistas registró en ese periodo: 71 en total, a pesar de que Miguel Ángel Mancera, el jefe de gobierno, diga que es una prioridad de su administración fortalecer esquemas de protección para garantizar la seguridad de quienes nos dedicamos a la labor informativa. Oaxaca, Veracruz, Puebla y Guerrero son los que siguen en la lista.

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En lo que va del año se han registrado seis asesinatos a periodistas que estaban trabajando, saliendo de sus casas, conduciendo sus autos o después de comer en un restaurante. En total 32 compañeros han muerto durante la administración de Enrique Peña Nieto; durante el sexenio de Felipe Calderón perecieron violentamente 48.

En 2017 también los periódicos El Mañana de Nuevo Laredo, en Tamaulipas, y El Norte, de Ciudad Juárez, en Chihuahua dejaron de circular. El primero tras agresiones que sufrieron empleados por parte del crimen organizado y el segundo luego del asesinato de la periodista Miroslava Breach. Además el 2 de mayo se dio a conocer que el gobierno de Chihuahua creo una lista para sus funcionarios con los nombres de “periodistas de cuidado”.

Pero esos son datos fríos. No perdamos los nombres de Rubén Espinosa, de Miroslava Breach, de Cecilio Pineda, de Maximino Rodríguez Palacios, de Moisés Rojas, de Octavio Sánchez, de Javier Valdez que hoy fue asesinado en Culiacán, y tantos mas. No permitamos que con estos actos, sea quien sea el que los ejecute, nos roben la libertad. No dejemos que nos metan miedo para dejar de investigar e informar. Creo que es lo mínimo que podemos hacer por todos los compañeros muertos.

Texto original publicado en Vice México 

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