Hacía más de diez años que no visitaba una convención de cómics, la última vez que asistí a alguna fue en el año de 2003, una TNT —la convención especializada en el manga y anime— y la Mole en un centro de convenciones cerca de Reforma. De las dos me lleve una grata impresión porque pude ver que poco habían cambiado en comparación con las primeras a las que asistí, ahí por inicios de la década de los 90, que eran reuniones de fanáticos para fanáticos, donde uno podía convivir con personas con el mismo gusto y pasión hacia los cómics.

Así que con un poco de nostalgia por la plática y el roce con la comunidad “comiquera”, decidí ir a la Mole, que se llevó a cabo el pasado 8 y 9 de noviembre en el WTC de la Ciudad de México; quería ver cuánto había cambiado el medio y la gente ahora con el nuevo boom en los cómics, originado por las películas basadas en personajes de historietas. El primer gran auge de historietas en México se dio más o menos entre 1991 y 1994, cuando la Muerte de Superman provocó revuelo entre la fanaticada, a lo que le siguió La Caída del murciélago, el auge de nuevas editoriales americanas de cómics y la aparición de animes en la televisión abierta. Así que cámara en mano, algo de dinero en la cartera y con calzado cómodo decidí repetir esas viejas experiencias de la adolescencia y pasearme por la convención.

La-mole-3-Fanaticos

La cosa no empieza bien, la entrada se me hace un poco excesiva, 150 pesos (250 si quieres el cómic de edición especial), que es más o menos el costo de una camiseta o de unas cinco historietas; es excesiva si tomamos en cuenta que la mayoría de los asistentes son chicos de entre 12 y 25 años con raquíticos ingresos. Pago la entrada y me dispongo a recorrer la Mole.

Mi primera parada es la zona destinada a los artistas mexicanos. Mientras avanzo las cosas parecen familiares: muchos chavos, cómics y más cómics, además de juguetes y tantas chivas que los geeks añoramos adquirir. Platico un poco con algunos artistas nacionales, entre ellos Cecilia Pego, quien me comenta que se siente un poco fuera de lugar: hay demasiados superhéroes. Cuando veo su trabajo y el de muchos realizadores nacionales sé a lo que se refiere: sus cómics han sobrepasado el común para convertirse en obras de noveno arte. Muy pocos parecen apreciarlo; estos se llevan una copia de las ilustraciones de Exilia, una de las novelas gráficas de Cecilia.

La-mole-6-Cecilia-Pego

Termino de recorrer el área dedicada a los trabajos de mexicanos, donde veo cosas nuevas e interesantes, muchas de ellas del interior de la república. Justo detrás de la sección de artistas mexicanos están los invitados especiales, muchos de ellos ligados a las franquicias de moda, Avengers, Batman, Spiderman; otros son escritores y dibujantes de historietas más alternativos, para beneplácito de los seguidores de hueso colorado. Las filas para los autógrafos son largas, algunos de los artistas ofrecen dibujos originales, pero de nuevo me sorprenden los precio que son algo altos: van de los 200 por un autógrafo, a los 700 pesos por un dibujo original. Digo, no vivimos en Estados Unidos para pagar eso, pero parece no impórtale a algunos, y lo entiendo, muchos fanáticos harán hasta lo imposible por una pieza original de su artista favorito.

La-mole-8-artistas

Aquí también me percato del nuevo público: montones de niños traídos por sus padres que crecieron en esa década de los 90, en el primer boom del que hablaba, y otros más son traídos por la fama de las películas de historietas; no saben qué onda, de qué se trata en realidad una convención de este tipo, y sólo pretenden llevarse algo vinculado a sus personajes favoritos de la pantalla grande.

La-mole-2-Fanaticos

Y de pronto caigo en la cuenta que la Mole ya está construida para ese público ávido de souvenires y no para los seguidores de los cómics. Casi dos terceras partes de la convención está ocupada por las grandes corporaciones, por un lado Disney con sus Avengers y Star Wars. En los stands hay colas y colas para tomarse una foto en segundos con un tipo mal disfrazado o la efigie de algún Vengador. Se ven caras largas entre algunos de los asistentes, hartos de la larga espera. El otro gran stand es de la televisora que publica Marvel y DC; es enorme, lleno de todo, películas, ropa, juguetes y cómics. La Mole se ha convertido en un gran mercado, ya no para fanáticos, si no para las masas adictas a las adaptaciones cinematográficas. Mi niño interior entusiasta de los cómics está un poco molesto.

La-mole-6-Gost-Rider

Doy la vuelta y camino hacia los puestos de tiendas independientes. Aquí hallo un poco la experiencia de las convenciones de antaño. Algunos vendedores son apasionados de sus productos y platican de las últimas novedades, pero son los menos, hay otros que tratan al visitante de manera despectiva y grosera. Veo un par botas de la marca de moda, pero de color amarillo, supongo que relacionadas con algún superhéroe o personaje de manga. Pregunto al vendedor sobre las botas, él me ve, se ríe y se voltea. Me deja ahí, esperando la respuesta. ¡Pero qué demonios!, ¿acaso no quiere vender? Un padre de familia ve mi frustración y me comenta que la mayoría de los vendedores tiene esa actitud, pedante y grosera, cosa que compruebo más adelante.

La-mole-3-Botas

Sólo queda algo más que hacer: platicar con algún fanático, que me cuente su experiencia en la Mole. Recuerdo las viejas ediciones, donde podías pasar horas hablando de lo que fuera con un perfecto desconocido, al final todos éramos fanáticos. Pero hasta el público ha cambiado, muchos no se prestan para platicar fuera de su círculo de amigos, tal vez sea mi edad o que muchos están movidos más por la moda que por una verdadera afición hacia el noveno arte.

La-mole-4-Zombi

Las conferencias dentro de las convenciones siempre son un sitio donde encontrar a la fanaticada, oyendo a los expertos y autores hablar sobre los nuevos lanzamientos, las teorías detrás de un personaje y lo que les depara. Encuentro un pequeño oasis entre tanta mercadotecnia.

La-mole-5-Batman

La Mole ya no es para fans, es sólo un mercado de élite. Sí, hay gente que ama los cómics, pero algunos salen como yo, decepcionados y poco a gusto por la experiencia algo hueca y mecánica que ofrece ahora la convención. Sin menospreciar el esfuerzo de traer a los autores y artistas más afamados del medio y saludarlos, creo que el espíritu de las viejas convenciones se ha sepultado. Aún hay esperanzas de rescatarlo, pero eso depende de los fanáticos, que ojalá se den cuenta del verdadero valor de los cómics y no los vean como recuerdos de películas. O a lo mejor yo ya estoy algo ruco para estos trotes.

La tarde se va y yo acabo aburrido, un poco frustrado y sin comprar nada. ¡De haber sabido me quedo en casa a comprar revistas, juguetes y hasta un autógrafo en línea !

Comments

comments