Para apreciar el amor por la comida y la música lo único que se necesita es visitar la Ciudad de México. Sea mañana, tarde o noche, se encuentran ambas por las calles de la capital.

Despiertas y lo primero en lo que piensas es qué comer. Según los expertos de la Agencia española de seguridad alimentaria y nutrición, el desayuno debe ser la comida más importante del día y “debe de aportar en torno al 20-25 por ciento del valor energético total diario, unas 400-500 kilocalorías”. Tal vez nos venga bien una “pancita con los agachados” que recomienda Tin Tan para curar una cruda.

O tal vez “unos huevos divorciados, no queremos enredados”, como canta Molotov en Chandwich a la chichona, sean una buena opción. Sobre todo ahora que este producto de la canasta básica ya ha bajado de precio y ha dejado la lista de desayunos gourmet como hace un par de años.

Hay de todo en esta ciudad. En medio del trabajo el estómago parece de nuevo vacío. No te llenaste con el desayuno, pero se acerca la hora del lunch. Recuerdas que al caminar por las afueras del Metro y viste que “una indita muy chula […] freía tamales en la banqueta” como esos que saboreaba Chava Flores y que incluyó en Mi México de ayer. Tal vez no sea la elección más nutritiva, pero inspira confianza al ver que las manos que lo confeccionan son iguales a las de tu abuela. Además es preferible esta opción a comerte un Subway con jamón y queso de sabor acartonado y de dudosa procedencia. La primera comida está cubierta.

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Tomas el Metro y a lo lejos escuchas un murmullo: “¿Buñuelos doraditos? ¿Gorditas de comal?” ¡Qué hambre te volvió a dar! ¿verdad? Te desilusionas al darte cuenta de que solo es un vendedor de discos que reproduce la canción Fiesta Mexicana para ofrecer los éxitos de Pedro Infante y Jorge Negrete.

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¿Ya es tarde tan pronto? ¿Qué comer ahora? Hay tanta variedad en esta ciudad que es difícil decidirse por algo. Caminas por una calle del Centro que lleva por nombre un simple López. Tantas cocinas anunciando comida y es un pizarrón escolar el que llama tu atención: “Chicharrón muy picosito como a mí me va a gustar, chayotitos muy tiernitos en su mole de pipian, romeritos calientitos con tortas de camarón”. Tin Tan y su canción Los agachados volvieron a decidir. Te quedas ahí.

Sales del lugar cargando por delante unos cuantos kilos extra. Caminar un poco ayuda a la digestión y es sabido que los pulques también. Un par en Las Duelistas no vienen nada mal. Al entrar, como música de fondo escuchas a Oscar Chávez hablándote de magueyes y desamores: “le pido al cielo, que se sequen los magueyes, esos magueyes son causa de mi desgracia: soy muy borracho y a naiden le caigo en gracia. ¿Por qué no me ama la mujer que tanto amé?”. No sé ustedes, pero se debe ser muy descortés para rechazar una invitación como esa.

Vaya día. Es hora de volver a casa y prepararte para mañana. El tiempo es poco; la comida y las canciones son muchas y al pausar el playlist sólo puedo pensar que, tal como cantaba Chava Flores “hoy mi México es bello como nunca lo fue”.

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