Sus ojos asomaban las lágrimas contenidas. Era lo único que podía distinguirse, pues usaba tapabocas para no respirar el enrarecido aire lleno de polvo, además de gorra y casco como mera precaución ante la posible caída de escombros.

Ella miraba a mediana distancia los trabajos de la retroexcavadora, que unos metros adelante trabajaba en la calle derrumbando lo que quedaba de su casa. El terremoto del 19 de septiembre de 2017 provocó el colapso de su vivienda, igual que lo hiciera con otras casas en su cuadra, en la colonia Emiliano Zapata, en Jojutla, en Morelos y en otros estados del centro y sureste del país.

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Yo miraba de un lado a otro los estragos que había provocado el temblor; ella con los brazos cruzados parecía tener la vista perdida en el infinito. Su nombre es Claudia Arcos.

—¿Qué recuerdas de aquel día?
—Pues la verdad un día muy trágico que al recordarlo sí, sí se pone uno a llorar, porque jamás había pasado algo así en este estado. Y ahorita están haciendo la demolición de nuestras casas y la verdad duele, duele mucho, porque…

Claudia hace una pausa, pasa saliva y enjuga las lágrimas

—…es nuestro patrimonio lo que se va abajo, pero le vamos a echar ganas para salir adelante.
—¿Qué pasó ese día?
—Pues estaba en casa, yo salí hacia la calle cuidándome de que nada me fuera a caer encima y gracias a Dios estoy con vida y mi familia también.
—¿Quién más estaba contigo?
—Estaba con mi hermana que me había llegado a visitar y ahí le tocó también estar conmigo. Y gracias a Dios las dos estamos bien.

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El caso de Claudia no es el único en Jojutla. La colonia Emiliano Zapata resultó muy afectada y así lo pudimos constatar tras un recorrido por sus calles, donde había negocios y casas cuyas paredes no resistieron, ya porque habían sido construidas hace muchos años, o bien porque el material con el que fueron hechas resultó poco resistente. La costumbre por esos lugares es construir con adobe. De hecho, según lo reporta la periodista Estrella Pedroza, 7 de cada 10 inmuebles de este asentamiento desaparecerán.

De acuerdo al censo levantado por las autoridades de Jojutla, dos mil 637 casas presentan daños de leves a graves, por lo que se estima alrededor de 10 mil damnificados en todo el municipio.

Claudia es afortunada, no tuvo necesidad de ir a un refugio ya que sus suegros viven en un rancho a media hora de distancia. Ahí fue recibida junto con su marido y con sus muebles; a diferencia de otros afectados, tuvo oportunidad de sacarlos de su vivienda.

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En otros casos la cosa fue diferente, pues decenas de familias se quedaron sin casa y sin pertenencias. Algunos se instalaron en refugios, donde recibieron alimentación, una cama plegable donde dormir y ropa que llegó de diferentes donadores.

También se organizó un campamento con casas de campaña de cuatro metros por tres, que llegaron como parte del apoyo del gobierno de China, donde cabe una familia con relativa comodidad, y donde metieron camas plegables, mesas, sillas y hasta sillones.

Otros más —los menos— no quisieron entrar al refugio, se quedaron afuera y se limitaron a usar cobijas y lonas como protección, en espera de que les dieran una vivienda provisional. Es el caso de Yarely.

—¿Porqué estás viviendo aquí afuera del albergue?
—Porque de hecho aquí nos buscan para cualquier cosa, que vengan a censar o algo, pues hay veces que mucha gente en el albergue no se mete y nosotros tenemos que quedarnos aquí afuera esperando porque probablemente nos van a traer unas casitas para pasado mañana, provisionales.
—¿Quién está aquí contigo?
—Mis papás, mi esposo y mi hijo.
—¿Nada más?
—Bueno, aquí al lado está mi cuñada con sus dos gemelitos.

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Yarely reconoció que era triste e incómodo estar viviendo así en la calle, pero no hay más remedio, aseguró, “por eso necesitamos del apoyo de las autoridades”.

A un mes del sismo, Jojutla se ha puesto de pie y su economía lucha por salir adelante. Los negocios de la zona ya muestran la movilidad habitual e incluso hay quien entre los escombros que les quedaron siguen trabajando. La etapa de reconstrucción está en pleno proceso y los morelenses muy pronto volverán a su rutina, a sus actividades normales. Recordarán al 19 de septiembre como un mal sueño, como aquel día en que tuvieron una nueva oportunidad de seguir viviendo.

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