Las flores acompañan distintos momentos y emociones en la vida. Incluso llegan a ser parte necesaria de rituales: nacimientos, noviazgos, cumpleaños, bodas y la misma muerte; ahí las flores son un elemento constante.

El fin de semana que siguió al temblor del 19 de septiembre del 2017, un grupo mujeres dedicadas al arte floral en la Ciudad de México se dieron a la tarea de recaudar flores. Entre ellas se encontraban Dafne Tovar, María Limón, Pilar Fuente, Ana Paula Ladín, Verónica Andere, Olivia Bloch, Lucía Huerta y Mariana Guajardo, quienes en todo momento insistieron en omitir el nombre de sus empresas. Las flores fueron en un inicio provistas por el Mercado de Jamaica y con ellas formaron un altar en una de las esquinas del Parque México, muy cerca de un camellón que forman las calles de Citlatepetl y Ozuluama, en la colonia Condesa.

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5. Cronica flores Marlen

El ambiente de la zona era lúgubre, pues aquella esquina estaba flanqueada por edificios abandonados, algunos visiblemente dañados por el paso del sismo. Había letreros de no fumar, por el olor a gas que se confundía con el de una jardinera muy próxima, con flores que olían a ajo pero que ponía en alerta a las personas que por ahí pasaban.

El altar, colocado en un primer momento por las floristas, se ubicó en una de las bancas del parque. Posteriormente la construcción del mismo fue hecha por la gente que se sumaba a una sencilla dinámica: todo el que quisiera colaborar tomaba una flor, un papel y una pluma, para después colocar el mensaje que deseara. A las pocas horas las personas llenaron la ofrenda. Por ello, en días posteriores el altar tuvo que ser ampliado, con mallas de gallinero que sostenían más flores y más escritos.

4. Cronica flores Marlen

Durante ese fin de semana cientos de personas contribuyeron con la ofrenda. En ningún momento ésta quedó sin insumos, pues hubo varias donaciones de flores, además de las del Mercado de Jamaica. Tampoco la gente dejó de escribir mensajes; los militares tomaban una pausa a sus labores y escribían; niños con sus padres, jóvenes y ancianos dejaron palabras sentidas en aquel lugar. Algunos de esos mensajes mostraban tristeza pero a la vez solidaridad: “Perdí mi casa pero volví a ganar la esperanza en mi país”. En otros se leía un agradecimiento impersonal pero cercano: “Gracias a todos los que se han ocupado de todos”; “Con gratitud para todos los que salieron por mí sin conocerme”.

El punto de reunión floral se volvió de pronto un confesionario o psicólogo colectivo, donde la gente encontró un poco de tranquilidad o quizá evasión a lo que se vivía. Incluso la noche del sábado 23 de septiembre las mismas organizadoras lograron traer a un grupo de hombres y niños con dos canes que habían colaborado en labores de rescate. Éste grupo, de al menos siete personas, además acudía a los centros de acopio para amenizar el tiempo con música. El altar no fue la excepción; ahí se encontraron en medio de algunas personas y comenzaron a tocar a capella, pues no había luz para el amplificador que traían. Tocaron algunas canciones de son cubano que la audiencia acompañaba con algunos movimientos de pies y unos medios murmullos.

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2. Cronica flores Marlen

Cientos de pensamientos y flores pudieron tapizar una esquina, con palabras de aliento y fortaleza. Un espacio donde una generación que, aunque no observó los efectos del sismo sucedido hace 32 años, puso en marcha un trabajo de solidaridad emocional, tan necesario como el físico. Una frase emitida por aquellas floristas nos da cuenta de la capacidad que como sociedad tenemos para colaborar con los otros: “lo mejor que sabemos hacer es trabajar con flores”.

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