Yo he estado en la Feria de las Culturas Amigas. Y no hablo solamente de la edición que se lleva a cabo del 14 al 24 de mayo . Me refiero a sus primeras ediciones, por el 2009, cuando la instalaban en avenida Reforma, desde la columna del Ángel de la Independencia hasta Chapultepec, si mal no recuerdo. De esa primera vez que la visité tengo muy gratos recuerdos, porque fui acompañada por buenas amigas del trabajo (quedaba a tiro de piedra de nuestra oficina de aquel entonces), porque comí a reventar, todo delicioso, y porque nos dimos el tiempo para recorrer una buena parte, sin prisa, aun cuando lo hicimos entre semana.

No había podido regresar. En primer lugar porque cambiamos de oficina. Luego, la Feria cambió de sede y entre las ocupaciones del trabajo y de la casa, pasaron al menos tres años. Sin embargo, el recuerdo del ambiente que viví, de la calidez que brinda el convivir unos momentos con personas de otras culturas, me perseguía, literalmente, cada vez que sabía que comenzaba este evento.

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Intento fallido

Después de convencer a mi marido y arrastrarlo a la plancha del Zócalo, por fin pude ir de nuevo a la Feria el domingo 17, pero me di cuenta de inmediato que habíamos elegido mal el día. Estaba ¡atascadísimo! Con mucho trabajo, y no sin repartir —y recibir— codazos, empujones y pisotones, pude ver unos cuantos stands. Mi intención era comer un kebab, esa deliciosa brocheta de carne de cordero marinada (lo que recuerdo de la marinada, es que lleva romero), con cebollitas, tomate y pimiento, obviamente, asada en una parrilla… Ni siquiera conseguí aproximarme. Aparte de que había una fila impresionante, creo que muchas chicas sólo se acercaban para ver a los turcos y sus ojazos. Total, que salí del lugar como media hora después de haber llegado, sin recorrer completa la Feria y echando pestes de los organizadores del evento. Pero no todo estaba perdido.

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La segunda es la vencida

Yo no quise esperar a una tercera vez. Así que el martes, antes de salir a comer, me programé para ir. De nueva cuenta mi primera parada fue Turquía. A diferencia del fin de semana, solo tuve que esperar unos minutos para conseguir mi köfte, porque no había kebab. Bueno, ¿y qué es un köfte? Es un pan pita cubierto con pequeñas bolitas de carne molida de res y cordero, marinadas, condimentadas con hierbas y cebolla, fritas en una plancha. A esta combinación se le agregan dos guarniciones: una de pepino y otra de cebolla morada, además de un aderezo que, según yo, es de yogurt con menta, más una salsita que pica muy leve. Por supuesto que todavía me lo estoy saboreando.

Además de comer esta delicia, recorrí parte de los pabellones de Asia, Oceanía, Sudamérica, el Caribe, el norte de África. Y aun cuando cada stand tiene su encanto, hay algunos que no me resultaron tan atractivos, como el de China, lleno de productos que podemos encontrar en cualquier parte de la ciudad y en cualquier época del año. Otro que tampoco llamó mi atención fue el de Reino Unido: para mi gusto, lo concibieron muy moderno, inspirado en grandes grupos, como los Beatles, y sin ninguno de los toques pintorescos y tradicionales que poseía la mayoría de los otros países expositores. La verdad,creo que salía un poco de contexto.

Otra cosa que tampoco me agradó, comparándolo con la primera vez que asistí, fue el cambio de sede. Siento que Reforma era más adecuada, con banquetas amplias y espacio suficiente para que todos los visitantes recorrieran cada instalación. Esto sin contar con que el paisaje es mucho más agradable, con sus bancas y árboles. Sin embargo, en comparación con las Ferias hechas en Reforma, ahora incorporaron un escenario donde se presentan espectáculos como canto y bailes folklóricos de las distintas regiones del mundo. A mí, por ejemplo, me tocó escuchar a una cantante de tango. Además, hay muestras de cine y hasta exposiciones fotográficas, que ahora se trasladaron a las rejas del Bosque de Chapultepec y que nos dan una probadita de lo que han sido las Ferias anteriores.

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Mis recomendaciones

En fin, que si decides visitar la Feria de las Culturas Amigas en estos días, te recomiendo que vayas temprano, para evitar que haya demasiada gente, especialmente si vas el fin de semana.
Otro consejo: si bien los precios son accesibles, vete preparado con suficiente dinero porque se te antojará comprar o comer más de una cosa: ya sean los waffles de Holanda, el pastel de chocolate de Suiza (con banderita y todo), el keppe o los postres en Marruecos, el agua de mora, las cervezas alemanas, el vodka de cereza polaco, los gyros griegos… O si de artesanías y chunches para vestir se trata, verás que no hay límites, porque lo mismo encuentras blusas hindúes que chinas, pashminas y chales pakistaníes, objetos de madera tallada en Laos y Angola, lámparas libanesas, ojos de Dios en Palestina, esculturas del antiguo Egipto y más.

La verdad es que yendo con calma, la Feria no tiene pierde ni desperdicio.

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