¡Pásele, pásele güeirta! ¡Está calado, está garantizado, lleve el regalo para el niño o la niña! De pronto una lluvia de silbidos explotó a mi alrededor y todos los artículos traídos de China y chucherías que se encontraban sobre mantas de colores en el piso comenzaron a desaparecer. Todo mundo corrió y en un santiamén las calles se despejaron y sólo quedaron a la vista los locales de ropa deportiva, de moda.

En la esquina de Corregidora, sobre Correo Mayor, se alcanza a ver la bonetería JOYCE, en el número 40 de esta call. Junto hay una pequeña puerta de la que se asoma un estrecho pasillo entre artículos colgados por todas partes. Al fondo unas escaleras nos llevan a un viaje a través del tiempo.

Es el Centro Histórico de la Ciudad de México, está ahí resistiendo a través de los años y guarda celosamente sus secretos. Una vecindad de antaño guarece la tradición que se ha rescatado desde la época prehispánica, la sabiduría de la medicina ancestral: el temazcal. El antropólogo Gabriel Moedano Navarro menciona que en 1960 estudiaron el baño de vapor de diferentes culturas y constataron las semejanzas que hay en su significado ceremonial y terapéutico. Esto los llevó a suponer la presencia ancestral de la “casa de baño” en poblaciones tan alejadas unas de las otras, como las de Rusia, Dinamarca, Suecia, Canadá, Estados Unidos, México, Perú, Brasil, Isla de Pascua, China, Japón, Filipinas y Madagascar, entre otros países. Aquí en México resiste gracias a los chamanes.

Al llegar al segundo patio de la vecindad, el aroma del romero, la ruda, la malva, el eucalipto y otras hierbas nos dan la bienvenida, nos dicen que nuestros antepasados nos esperan para curar el alma en el temazcal. Hay quien dice que Tenochtitlan sólo queda en la historia; yo les digo que pasen, suban las escaleras y en el primer piso descubrirán la magia.

El temazcalli, como se le llama en náhuatl, es un baño prehispánico de vapor, hecho con fines curativos, de desintoxicación por sudoración y expectoración a base de vapores producidos por las infusiones de hierbas. También tiene su carga espiritual. Es una práctica ceremonial antigua que tiene como fin no perder el contacto con los elementos básicos de los cuales el hombre depende, como la tierra, el agua, el fuego y el viento. Generalmente se construyen con piedra y lodo, pero pueden encontrarse de carrizo u otros materiales y en los lugares más insospechados. Su existencia resulta de un llamado, de sueños o avisos.

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Chamán Solar y su dualidad trabajan aquí. Desde hace tiempo ellos son los guardianes de este espacio de sanación y reciben a muchas personas que llegan con distintos males. Algunos aquejan al cuerpo, otros la mente y en su totalidad la parte espiritual necesita llenarse de luz. Tal como se describe, cerca de lo que hoy es San Francisco, California, a inicios del siglo XIX, el entonces cónsul de Inglaterra en México documentó un grabado sobre la práctica del baño de vapor entre los indios originarios de esa región. Ese baño se realizaba de manera colectiva y tenía un propósito religioso.

Desde las siete de la noche comienza el tekio, el trabajo previo a la ceremonia. Nos una cinta de color rojo en nuestra cabeza llamada izkoalmekatl —el mecate de serpiente luminosa— y la faja para no lastimarnos y como protección de energía. Se realiza la limpieza, la ofrenda se prepara y se procede a encender el fuego central pidiendo permiso para invocar al abuelo fuego Huehueteotl, quién estará presente a lo largo de la ceremonia. Enseguida se acomodan las piedras volcánicas, son las abuelas que nos compartirán su sabiduría y se les ofrenda tabaco Yetl junto con un rezo. Se enciende el sahumerio popochcomitl y ofrenda el yauhtli o copal. Con el humo que emana se purifica el área de temazcal.

Hombres, mujeres y niños nos dividimos en dos habitaciones. Los hombres entran al fondo y nosotras las mujeres nos reunimos en un pequeño cuarto vigilado por Mictlantecuhtli, la gran señora mexica de la muerte. Se encuentra entre flores en un altar. Nuestro objetivo de esta noche es dar muerte a todo aquello que no necesitemos en el camino, morir para renacer. Estamos en ese lugar para vestirnos con las faldas largas, porque eso aumenta el acceso del cuerpo a la energía de la Tierra y nos alistamos para entrar al vientre de la madre Tierra, el temazcal.

Flor de Nierica nos espera con su fuego encendido, purifica a cada uno de los que participaremos de la ceremonia. Se entrega también una sonaja, un palo de lluvia, algún instrumento que nos ayudará a librar la batalla, esto significa un enfrentamiento a los miedos, la oscuridad, el calor y la incomodidad que se puede sentir. Cada guerrero deberá controlar sus fobias como su inquietud, a la par que respira lentamente para evitar quemarse con sus emociones.

Poco a poco vamos ingresando. Mi turno ha llegado. Pido permiso por mí y por todas mis relaciones. Es el momento de encontrarnos, de morir. La puerta cierra y la batalla comienza. Los cantos, la palabra y el rezo nos llevarán a volver a nacer. Esta noche compartiremos un momento de profundidad en el Universo, volvemos al primer lugar que tuvimos en nuestra existencia de ser.

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