La carta

En Roma conocí a Max y Jack, un par de hermanos canadienses que me alegraron más de un día, sobretodo cuando el ambicioso espíritu de la Ciudad Eterna terminaba por agobiar mi sensible naturaleza de piscis. Así que cuando, una mañana al regresar a mi hospedaje, encontré una nota de parte de ambos supe que en mi tarde habría más de una carcajada. La nota decía:

“Edmeé:
Son las 10:00 y Max y yo nos estamos yendo al Vaticano.
Si puedes, reúnete con nosotros en el obelisco gigante de la plaza de San Pedro.
Estaremos de pie bajo su sombra a las 2 esta tarde.
Jack y Max”

¿Quién podría resistirse a semejante invitación?

El encuentro

El Estado de la Ciudad del Vaticano es el más pequeño del mundo, pues sólo cuenta con 44 hectáreas y alrededor de un millar de habitantes, pero esas no son sus únicas rarezas. A pesar de su pequeño tamaño cuenta con su propio servicio postal, telefonía y farmacia. Es la única monarquía absoluta que queda en Europa y el único estado independiente que no forma parte de las Naciones Unidas; y por si esto fuera poco es el corazón de la iglesia católica.

2.-basilica Vaticano

Fue otra tarde de sol romano que llegué a la Plaza de San Pedro junto con otros muchos visitantes que creaban filas largas, como serpientes mitológicas, para entrar a la iglesia más importante del catolicismo: la Basílica de San Pedro. Decidí visitar el recinto por mi cuenta tras mirar el reloj y percatarme que tenía tiempo antes que los dos hermanos hicieran su aparición.

La iglesia no sólo es la más grande del mundo, también da casa a la Santa Sede y, cual joya renacentista, es simplemente inabarcable, pues no importa donde poses tus ojos, estos se llenarán de la grandiosidad del espacio adornado con estatuas, remates, altares y frescos donde ciertamente se ve reflejado el talento de sus diseñadores: Bramante, Miguel Angel, Maderno y Bernini. Y aunque el arte sea exultante lo más probable es que en lugar de ser levantado por un coro de ángeles seas empujado por la multitud de visitantes que llega a la basílica, cuyo ruido resuena por todo el templo. Por lo cual una visita reflexiva se convierte en algo bastante complicada. Sin embargo, hay algunos altares a los que sólo se les permite la entrada a quienes vayan con intención de rezar. Así que si uno quiere contemplarlos tiene que hacer como que reza.

3.-basilicainterior Vaticano

Yo entré con ganas de devorar todos los detalles y tras unos minutos me descubrí derrotada pues estos se multiplicaban desde los pisos hasta los arcos, remates, techos, bóvedas, altares ¡y todo, absolutamente todo estaba adornado! Estatuas y pinturas de ángeles, santos, profetas, todos en túnicas, detalles dorados aquí y allá, personajes de la iglesia, símbolos de catolicismo se mezclaba en un maremágnum. Frente a tanto lujo cualquiera puede sentirse humilde y hasta insignificante. Pude reconocer el enorme y misterioso poder de la institución que lo creó. Aunque más que un sitio de devoción me pareció que tenía la grandeza de un palacio, un lugar diseñado para mostrar el poderío político del gobernante. Así que tras llenarme los ojos a más no poder salí nuevamente a la plaza donde el cielo azul me ofreció un descanso y me dispuse a encontrarme con mis amigos.

El susodicho obelisco donde debía reunirme con Jack y Max era facilísimo de encontrar porque está justo en el centro de la plaza que a todas vistas tiene el toque de Bernini, quien durante le barroco se distinguió por sus dramáticas estatuas en movimiento. El artista participó en la creación de sus fuentes mientras las 140 esculturas de santos que forman dos medias lunas a los costados del obelisco fueron realizadas por sus pupilos. Conforme fui acercándome al punto de encuentro me resultó evidente que no podría pararme exactamente bajo su sombra pues una estructura lo rodeaba. De tal forma que tras hacer un cálculo de dónde quedaría la sombra me dispuse a esperar a los dos hermanos bajo el obelisco que el emperador Calígula mandó a traer desde Heliópolis para adornar su circo, el cual posteriormente fue escenario del martirio de muchos cristianos que ahí exhalaron su último aliento, incluyendo a San Pedro quien —según la tradición— fue crucificado de cabeza y a quien se considera el primer papa de la iglesia de Roma—.

4.-obelisco-y-basilica Vaticano

Jack y Max llegaron relajados y alegres pero siguiendo cuidadosamente el código de vestimenta que se pide a los visitantes del Vaticano, el cual dicta modestia. Esto se traduce en pantalones que al menos lleguen a las rodillas, en los hombres, pantalones completos o una falda por debajo de la rodilla para las mujeres y playeras de manga corta para ambos. Básicamente nada de shorts cortos, minifaldas, escotes pronunciados o playeras sin mangas. Fue entonces que nos dirigimos a otra visita obligada de este pequeño estado: la Capilla Sixtina.

Los museos vaticanos

El primer requisito para entrar a la famosa Capilla Sixtina y los museos del Vaticano —que por cierto tiene una de las más impresionantes colecciones de arte del mundo— no es comprar un boleto sino hacer otra fila, igual de descomunal que las del resto de los monumentos romanos. Así que resignados nos formamos bajo el sol como todos los demás visitantes. Fue entonces que Jack desapareció, pero no tuve ni tiempo de preguntarle a Max al respecto porque tuvimos que dedicar todas nuestras energías a quitarnos de encima a un tipo que insistía en que le pagáramos por saltarnos la fila. Según él tenía a “su gente” formándose todo el día y si les pagábamos una pequeña fortuna nos cederían su lugar hasta el frente de la misma. Además el individuo en cuestión hablaba varios idiomas así que no había forma de hacernos mensos. Finalmente Max me miró exasperado y en español le expliqué al tipo que no había manera de convencernos de saltarnos la fila porque ésta era nuestra penitencia para entrar al Vaticano. Max no entendía nada pero después me dijo que al tipo le cambió la cara y por fin nos dejó en paz. Aparentemente en ese lugar se toman muy en serio los flagelos.

Tras unos momentos Jack apareció con una botella de vino en la mano, tres vasos desechables, una sonrisa de oreja a oreja y diciendo algo así como “¡Ey estamos en el Vaticano! ¡Hay que brindar!”. Y una vez más ¿quién podría resistirse a semejante argumento? Así que discreta pero alegremente Max abrió la botella y brindamos porque no todos los días puede uno ver la Capilla Sixtina ¡vaya penitencia!

Finalmente pudimos entrar y comprar nuestro boleto. Por fin empezamos el recorrido por los museos Vaticanos viendo frescos, pinturas, esculturas, mapas y tantos objetos preciosos de todo tipo que yo creí que para cuando por fin llegáramos a la afamada Capilla Sixtina ya mi cerebro simplemente no iba a entender nada. De hecho cuando intento recordar el orden de lo visto me resulta imposible. No sé qué pasó antes o después. Sólo me acuerdo que todo iba aderezado por las bromas de los dos hermanos, que evidentemente no nacieron en un país católico y se lo tomaban todo con humor y sin connotaciones de pecado, castigo o solemnidad alguna.

5.-museosvaticanos2 Vaticano

Sin embargo, recuerdo un momento increíble frente a un Caravaggio donde sentí que me podía quedar plantada a través del atardecer, y hacia la noche, y de nuevo hacia el amanecer por días y días dejando que el tiempo se difuminara. ¡Qué poder tiene el arte cuando es el resultado del alma de un hombre vertiendo sus más profundas pasiones, resplandores y dudas, haciendo del lienzo una extensión de su vida y por ende de la condición humana! Caravaggio murió mientras intentaba regresar de Toscana a Roma para recibir el perdón del Papa tras haber matado a un hombre. Antes de ello buscó la redención al pintar un tema de David y Goliath en el que el primero sostiene la cabeza de su oponente, la cual resulta ser la del mismo Caravaggio. Simbólicamente el artista se entregó en búsqueda del perdón que nunca pudo disfrutar. ¡Qué contradicción y qué tragedia! Qué final tan ad hoc para un hombre que en su obra retrató profundos dramas con la intensidad de las tinieblas y su contraste con la luz. En sus cuadros la divinidad y el éxtasis se entrelazan con la vulgaridad y la mugre.

La Capilla Sixtina

Cuando por fin llegamos a la Capilla Sixtina éramos como vasos casi llenos a los que milagrosamente les cupo aún más agua. Nos encontrábamos bajo una bóveda que tenía más de veinte metros de altura sobre nuestras cabezas, ahí en la que Miguel Ángel pintó, entre otras imágenes del antiguo Testamento, la renombrada “Creación de Adán”. Así que ahí estábamos junto con una masa de visitantes enclaustrados en las dimensiones del Templo de Salomón que, se dice, tiene la Capilla Sixtina. Habíamos llegado al lugar donde se realiza el cónclave para elegir nuevo Papa cuando el anterior muere o dimite; el lugar donde Miguel Ángel no sólo pintó a Dios Padre flotando con un séquito celestial mientras que se acerca a darle la chispa divina a Adán, sino que pudimos ver “El Juicio Final”, esa obra que realizó más de veinte años después en la bóveda, en la que los muertos salen de sus tumbas para ser enjuiciados.

Era un espectáculo imponente y no podíamos hacer exclamación alguna, porque en la Capilla Sixtina sólo se puede hablar en susurros, nada de ruidos fuertes, nada de fotos, nada de flashes ni exclamaciones. Entre los visitantes había quienes rebeldemente intentaban tomar con su tablet alguna foto, pero la vigilancia intervenía y cuando el barullo de la gente empezaba a cruzar el umbral de los decibeles permitidos el personal del lugar te recordaba que debías bajar la voz o guardar silencio.

7.-Escalerademuseosvaticanos Vaticano

No tengo ninguna foto. No importa, algo se me quedó en las pupilas. Quizá más de lo que creo porque cuando por fin bajamos la bellísima escalera de caracol para salir, recuerdo que nos sentíamos muertos de hambre pero casi incapaces de ver la calle. Lo que había pasado frente a nuestros ojos durante nuestra visita al estado más pequeño del mundo aún estaba ahí y tomaría tiempo digerirlo. Pero el cuerpo tiene sus necesidades así que fuimos por algo de comer y Jack no pudo evitar querer consolar a la cajera triste del restaurante al que fuimos, quien según él parecía estar a punto de llorar. Pero la chica no quería abrazos. Estábamos de vuelta en el mundo exterior.

Fotos de la autora

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