A Alex de Santiago le gusta la comida, pero no cualquier guiso. El prefiere los platillos chilangos: “En la Condesa están los tacos de Atlixco y Montes de Oca, por Villa Coapa los tacos del Copacabana, las gorditas de La Vikinga ahí por la prepa 5, los desayunos en Tlacoquemecatl, en la Central de Abasto hay como 300 taquerías, hay de todo. De comida sí se; mi pasión es comer”.

Sonríe. Sabe que no es gratuito su gusto por la comida que se hace en la capital mexicana. Lleva 45 años viviendo en esta urbe. Toda su vida. Por eso quiere ser uno de los 100 diputados que integrarán la Asamblea Constituyente que redactará la Constitución de la Ciudad de México. Por eso quiere que haya, entre otras propuestas, un rescate de los canales tradicionales de comercialización de alimentos.

“Los mercados, los tianguis, las tiendas de abarrotes han ido desapareciendo porque como las delegaciones son las que dan los usos de suelo, los giros para los establecimientos mercantiles, entonces el crecimiento ha sido disparejo. Hay que considerar a toda la ciudad en su conjunto y ver cómo vamos a rescatar estos comercios”, me comenta.

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Mientras caminamos por el Parque México observo que no trae distintivo partidista. Ni siquiera en su vestimenta se vislumbra algún color que lo ligue a algún partido político. Simplemente trae puesta una camisa blanca sin corbata, un pantalón gris, saco y zapatos negros.

“La verdad es que los políticos ya están muy desgastados por los partidos”, dice analítico. “Y aparte vienen prometiendo una serie de cosas que no tienen que ver con el ámbito constitucionalista y creo que esa es la falla recurrente de todas las elecciones con los políticos: le prometen al electorado algo que no está en sus manos cumplir. Es decir, no te van a poder bachear, no te van a hacer quitas en agua, en predial. Yo soy un ciudadano que padezco y disfruto la ciudad como todos. Entonces la opción de los independientes, la idea es que un ciudadano represente a otros ciudadanos y que pueda ser el portador de los demás. Sí creo que si los demás me dan sus opiniones, me dan sus propuestas, podemos tomar lo mejor de todas y en las que de plano los ciudadanos no sepamos, pues vámonos a buscar a un experto”.

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Es un momento interesante para la Ciudad de México, es la primera vez que se tendrá una Constitución y, a pesar que 40 de los diputados serán impuestos —por los partidos que integran el Congreso de la Unión, el presidente Enrique Peña Nieto y el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera, así sin votación—, los que vivimos en esta ciudad podremos decidir de alguna forma las leyes que más convengan a esta capital. Entonces me surge la duda, ¿qué tipo de Constitución nos merecemos?

“Una constitución muy moderna que incluyera lo último de lo último en el mundo en materia de sustentabilidad, de residencia, todos estos conceptos nuevos que se están dando en las grandes metrópolis del mundo”, me dice Alex. “Yo para qué voy a inventarme un artículo sobre sustentabilidad en una ciudad donde somos poco sustentables. Mejor hay que ir a las ciudades donde si hay sustentabilidad y traernos a la gente que diseñó esas ciudades. Por eso en el proyecto de desarrollo urbano que yo estoy proponiendo es, uno, crecer verticalmente, pero ordenadamente, y con un plan a 40 años, por lo menos”.

“¿Pero cómo podríamos hacer que los proyectos tengan continuidad?”

Alex me mira. Nos hemos sentado en una banca del parque. Endereza la espalda. El tema le entusiasma.

“De ahí la importancia de esta Asamblea Constituyente”, me explica. “Si nosotros logramos incorporar en nuestra Constitución elementos de modernidad, pero aparte logramos un documento jurídico que tenga el dinamismo para que se vaya actualizando de manera automática, por así decirlo, sin que le tengan que meter reformas, tachones, que llegue mañana otro partido y que lo cambie, podemos hacer una Constitución que dure muchos años y desde ahí garantizaríamos que no va a llegar un político o alguien con una idea diferente y va a cambiar todo el esquema de crecimiento de la ciudad. La ciudad debe de crecer en un cierto sentido y debemos hacer un consenso. Por eso es importantísima la ciudadanía para que todos estemos convencidos y todos creamos en un proyecto de cómo debe crecer la ciudad.

El hombre habla mucho sobre la elaboración de un documento jurídico porque tiene una licenciatura en derecho y una maestría en gestión de gobierno y políticas públicas. Además ha ocupado algunos puestos en la administración pública: fue director general del Instituto de Verificación Administrativa del Distrito Federal (Invea) y actualmente es director ejecutivo de Desarrollo y Atención Integral en la Central de Abasto.

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“Soy un ciudadano como todos y lo que he aprendido en mis empleos en el gobierno y fuera de él, esa experiencia quiero aplicarla en el constitucional para redactar una ley muy moderna muy dinámica, que nos ayude a todos, que nos ayude a clarificar un poco todo el marco legal de la ciudad”.

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Su entusiasmo es contagioso, sin embargo, uno tiene que poner los pies en la tierra y pensar en la maquinaria partidista que no da tregua a los candidatos independientes. Mientras cada partido contó con un presupuesto superior a los 10 millones de pesos para los gastos de campaña, cada uno de los 20 candidatos independientes recibió poco más de 507 mil pesos para el mismo fin. Tal vez esta fue una de las razones por las que Alex y su equipo decidieron hacer su campaña en redes sociales.

“Nosotros tuvimos otro interés. En primera el dinero en la calle no te alcanza. Además es un tema ecológico. No vas a ensuciar. Voltear a ver pendones y pendones y pendones, que la fin de cuentas no te dicen nada, es basura, es matar árboles, el ir a instalarlos es un coche que se está parando cada 10 metros con el motor prendido. La verdad es que no tienen ningún caso. Aquí, nuestra basura electoral va a parar en una nube y con un click desaparece”.

Más allá de la plática, lo que en verdad me convenció de que Alex no es un político fue la sesión de fotos. El político experimentado sabe cómo pararse para que le tomen un retrato, sabe cómo posar, cómo sonreír, incluso muchos aprovechan el espacio o a las personas que van pasando para que salgan en la foto y se vea su “cercanía” con la gente. Pero Alex, no sabe mucho sobre esto. Sonríe mientras platica, pero no cuando tiene una cámara enfrente. Al contrario, su rostro se torna un tanto duro, pero no de enojo. Es la cara de quién no sabe qué hacer con esa atención. Hay que bromear para que le salga una sonrisa sincera.

Al final, este hombre que aparecerá en las boletas de votación como el candidato independiente número 18, es un tipo común y corriente sabedor que un ciudadano, sea congresista o no, tiene que hacerse escuchar.

“Si no me veo favorecido con el voto de la gente, la intención es que seamos una voz y que seamos oídos en la Asamblea. Yo creo que, independientemente que es obligación de los que queden en la Asamblea de escucharnos a los ciudadanos, buscaremos los canales para llevar nuestras propuestas a quien se las tengamos que llevar y ver que sí las propongan. No quitaremos el dedo del renglón de llevar nuestras propuestas a la Asamblea”.

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