Cuando uno menciona las palabras sol, arena, palmeras, relax, a la mayoría de las personas les llega a la mente la playa. Pero estas también son las características del desierto. El mar no es el único lugar en el que uno puede escapar del estrés de las grandes ciudades. De hecho, cada año el desierto del Valle de Coachella se llena de asiduos al rock, el hip hop y otros ritmos alternativos, que asisten a Indio, California, al famoso Coachella Fest.

Y es precisamente en este desierto donde se ubica un sitio que te transporta a la época en que el mundo soñaba con un futuro espacial; a ese tiempo cuando Elvis se convertía en rey, Marilyn robaba el corazón de todos los hombres y Sinatra coronaba las noches con esa deliciosa voz y su inconfundible sonrisa. Aquí los 50 hicieron su hogar, con ese glamour y aire cosmopolita de aquella era, pero con los beneficios del Siglo XXI: carreteras modernas, parques eólicos, Internet, arte moderno y spas.
Campos de Gigantes.

Aunque esta ciudad cuenta con aeropuerto, lo mejor es hacer el viaje desde Los Ángeles por carretera. Sólo así uno puede perderse en los paisajes que ofrece el desierto, con sus montañas de roca y los impresionantes campos eólicos del Paso de San Gorgonio, compuestos por altas y delgadas torres con hélices blancas movidas por el viento. Sin duda, dignos oponentes de don Quijote de la Mancha. Y todo enmarcado en un cielo siempre azul.

Parque heólico

En cuanto uno llega al Valle de Coachella ve las palmeras entre el terreno árido, que aquí también están borrachas de sol, como diría Agustín Lara. Sabrás que llegaste a Palm Springs porque te encontrarás en medio de complejos suburbanos compuestos por mansiones, campos de golf y piscinas, enmedio de calles que llevan nombres como Frank Sinatra, Gerald Ford, Bob Hope y de otras personalidades que hicieron de este punto en el desierto más que su fascinante lugar de reposo y privacidad: se convirtió en su glamouroso barrio, su hogar.

Hoy este pequeño spa ha dejado de ser un secreto en el desierto para transformarse en una conglomerado de ciudades interconectados que forman esta codiciada zona: Palm Springs, Desert Hot Springs, Cathedral City, Rancho Mirage, Palm Desert, Indian Wells e Indio son sólo algunas de estas comunidades
Pisando el camino de las estrellas

En la primera vuelta por el centro de la ciudad notamos algo extraño: prácticamente las calles están vacías. No es porque sea un pueblo fantasma o no haya muchas personas viviendo o trabajando aquí. Los causantes son el sol abrasador, el calor seco y la temperatura, que en verano llega a rebasar los 40 grados centígrados. Incluso las fachadas de los locales cuentan con aspersores para refrescar a los transeúntes.

Perder la vista

Por esta razón la mayoría de la gente realiza sus recorridos por las mañanas, caminan distancias cortas, se la pasan en algún restaurante o galería, o viajan en auto. Aquí sí son necesarias las gafas oscuras, una gorra, tal vez una playera ligera de manga larga, la botella de agua y el bloqueador solar.

Bien equipados para soportar el clima, caminamos por la avenida Palm Canyon Drive, en donde están las galerías de arte y tiendas de diseño. Es como hacer un recorrido por diversos museos de arte moderno. Aquí se encuentra la Michael H. Lord Gallery, un lugar que desde 1978 expone lo mejor del arte contemporáneo en lo que antes fuera el famoso hotel El Mirador. En este lugar está el trabajo de artistas actuales como David Einstein,Betty Gold o Don Morris, que exhiben desde cuadros con texturas hechas con tiras cómicas de periódico y novelas gráficas, escultura conceptual, hasta lienzos rasgados para representar la guerra. Sus precios oscilan entre los 45 mil y 175 mil dólares. Por si alguien trae cambio.

Luego de caminar sobre esta misma calle hacia el sur, llegamos en poco tiempo a la Tahquitz Canyon Way. Alguien gritó que mirara a la derecha. Ahí estaba, la mujer más sexy de todos los tiempos en grandes dimensiones, enmarcada por las montañas rocosas. Esta gran escultura llamada “Forever Marylin”, de casi ocho metros de alto y más de 15 toneladas, fue creada por el escultor Seward Johnson, y traída de Chicago, luego de que causara escándalo en esa ciudad, pues la diva se muestra en la icónica imagen de la película “The seven year itch”, es decir, con la falda levantada por el aire expulsado de uno de los respiraderos del metro de Nueva York.

Marilyn

Los detalles son increíbles: la sonrisa, las uñas de los pies pintadas de rojo, la hebilla de las zapatillas, los pliegues de la piel. La verdad es que uno no puede evitar acercarse a ella y lanzar una discreta mirada abajo del vestido, simplemente para comprobar si es cierta la leyenda de que no usaba calzones.

A unos metros está sentado en una fuente Sonny Bonno, pero ahora en bronce. Luce sonriente, delgado, como en sus mejores tiempos, como si nunca hubiera roto un plato o varias narices. Además de ser uno de los residentes ilustres de Palm Springs también se convirtió en su alcalde.

Más adelante hay un conjunto de pequeñas casas, más parecidas a cabañas, con techos de dos aguas al rededor de una fuente. Es el Agua Caliente Cultural Museum, el cual preserva la historia y cultura de los indios Cahuilla y otras culturas que habitaron la franja de Agua Caliente ubicada en esa zona.

Más allá del estilo y arte, la arquitectura modernista del desierto da la sensación de retroceder a esa época en la que durante la fiesta de alberca se escuchaba la música de un Hammond o del órgano melódico de Juan Torres, para los que extrañan México.

No muy lejos de ahí encontramos el paseo de las estrellas. Siendo este el lugar de descanso para las luminarias de Hollywood debía tener un espacio donde recordar a sus residentes y visitantes destacados. Ahí están, por supuesto, las de clásicos como Frank Sinatra, Elvis Presley, Marylin Monroe y Elizabeth Taylor; ex presidentes como Ronald Reagan y Gerald Ford; superhéroes de antaño como Adam West (Batman), Lindsay Wagner (la Mujer Biónica) y Lynda Carter (Wonder Woman). Hasta Chita, la inseparable mona de Tarzán, tiene una estrella aquí.

Tras un par de horas bajo el sol del desierto apareció, como un oasis, una nevería cuyo concepto de venta es el autoservicio. Tomas tu vaso, del tamaño que quieras, vas a las máquinas, jalas la palanca y lo llenas del helado que más te guste. Después le agregas cereal, fresas, moras, piña, mango, kiwi o la fruta que más se te antoje y listo. Ese sabor refrescante, cremoso y dulce, sin llegar a empalagar, hace que uno se sienta en la gloria en medio del calor.

El moderno estilo espacial de los 50

Luego de descansar un poco un auto nos llevó a descubrir la arquitectura modernista del desierto. Lo primero es la Tramway Gas Station, la antigua estación de gas, a la entrada de la ciudad con su estilo retro espacial muy de los 60, y que hoy alberga al Palm Spring Visitors Center. Después, al 290 de Sims Road, para ver una de las Wexler Steel Houses, creadas por el arquitecto Donald Wexler, el primero en usar acero en el diseño de residencias. De aquí al este del Indian Canyon, a la esquina de Francis y Starr, al Racquet Club Road, que además de su estilo retro, sus jardines desérticos son verdaderamente una belleza.

Sigue el 470 de Vista Chino para observar la Kaufmann Desert House, con un diseño conocido a mediados del siglo XX como estilo internacional. Entre sus propietarios de esta casa están el dueño del equipo de futbol americano los Cargadores de San Diego, Eugene V. Klein, y el cantante Barry Manilow.

El recorrido termina en el 1358 de Ladera Circle, en la casa donde el Elvis y su esposa Priscilla pasaron su primer año de matrimonio, en 1967. Es la llamada The Honeymoon Hideaway, y cuenta con una rotonda rematada por un techo triangular. A la izquierda, una escalera de piedras redondas sobre una pequeña cascada. Así es el Rock and roll, con lujo.

Más allá del estilo, arte y reto en la construcción que requirieron algunas de estas casas, lo interesantes es la sensación de retroceder en el tiempo y llegar a la época en que era común recibir a tus invitados a tu fiesta de alberca con un martini y escuchar música de un órgano Hammond, de Henrry Mancini, Ray Conniff o de Juan Torres, para los que extrañen México.

Casa de Elvis

Palm Springs Aerial Tramaway

Y si estamos rodeado de montañas, hay que subir a una. Para eso existe el Palm Springs Aerial Tramaway. Un auto nos llevó al extremo norte de la ciudad, donde en poco tiempo encontramos señalizaciones que nos conducían a este teleférico. El viaje comienza desde el auto, pues mientras nos dirigimos a la estación de abordo, las formas caprichosas de las montañas rocosas se convierten en un espectáculo.

La estación también es un modelo de arquitectura modernista de los 50, que simula un puente, diseñada por el arquitecto Albert Frey. La sala de espera para abordar el teleférico esta impregnada de información sobre los indios Cahuilla y la vegetación del lugar. Antes de entrar al carro, como buena costumbre de los Estados Unidos, te toman un fotografía en un ciclorama, que luego será montada en el fondo que más te agrade de la montaña.

El recorrido de ascenso por los más de 750 metros del Chino Canyon dura aproximadamente 10 minutos. Mientras subimos las formas rocosas y el escenario desértico poco a poco se va llenado de algunas especies de árboles y flora. Se puede apreciar en toda su magnitud gracias a que el piso de los carros gira lentamente para tener una vista de 360 grados.

Una vez en la cima caminamos al exterior de la estación de llegada. La vista de todo el Valle de Coachella es impresionante. Y llegó el dilema: realizar una caminata por el Parque Estatal de la Montaña de San Jacinto o quedarnos en la montaña y comer en alguno de los dos restaurantes que se encuentran en el lugar. Preferimos la caminata.

La obligatoria chela de la noche la fuimos a beber al bar Amigo Room, dentro del Ace Hotel. Aquí Frank Sinatra y el Rat Pack pasaron noches de bohemia. Antes de entrar al lugar hay una máquina de fotos instantáneas, seguro para recordar cómo era nuestro rostro antes de los tragos que bebemos aquí. Lo primero que llama la atención son las mesas, que en lugar de mantel tienen, cubiertos por un vidrio del tamaño de la mesa ¡billetes mexicanos reales!, con denominaciones que van de los 20 a los 200 pesos. Sacamos la calculadora e hicimos cuentas. Con una mesa podíamos vivir bien una semana.

Bar Amigos

Para no caer en la tentación mejor nos fuimos a la barra. Allí encontramos, entre las botellas de tequila, vodka y ron, un oso disecado, tan flaco que parecía un coyote, Sin embargo, ese detalle le da al bar un aspecto de una antigua cantina del viejo oeste.

La casa del eterno verano

En una tarde libre pudimos ir al Rancho Mirage, en el 37977 de la Bob Hope Drive. Esta histórica propiedad de Walter y Leonore Annenberg, dos empresarios y filántropos que dedicaron su vida a los ideales americanos de servicio, es Sunnylands Center & Gardens (www.sunnylands.org). Lo primero que nos recibió fue un enorme jardín desértico de poco más de nueve hectáreas que encierra más de 50 especies de plantas provenientes de América, África y el Mediterráneo, entre senderos serpenteantes, dos espejos de agua y un laberinto circular.

Las plantas están agrupadas de tal forma que crean capas de diferentes texturas y colores. Uno tiene la sensación de estar dentro de un cuadro, ya que el jardín está inspirado en las pinceladas del genio holandés Van Gogh.

Pero eso no es todo. Sunnylands es un terreno que comprende más de 80 hectáreas en las que se encuentra un campo de golf de nueve hoyos, 11 lagos, una cancha de tenis, una piscina, el mausoleo donde están enterrados los Annenberg y una residencia de estilo moderno de mediados del Siglo XX diseñada por el arquitecto A. Quincy Jones.

Durante casi 50 años este lugar ha sido un oasis que ha servido a Presidentes de los Estados Unidos, Jefes de Estado y líderes de negocios, ciencia y artes para relajarse, reflexionar, conversar y estar bien atendidos. Sus paredes son testigos mudos de conversaciones históricas, que probablemente cambiaron el rumbo de la política mundial.

Sunnilands

Es posible recorrer la residencia, que se mantiene como si los Annenberg aún residieran en ella. A la entrada hay una fuente con aspecto familiar para los mexicanos. Es una reproducción de la llamada Fuente del Paraguas que está en el Museo Nacional de Antropología e Historia de la Ciudad de México. Esta pareja de filántropos admiraba tanto la cultura mexicana que en sus muros de protección colocaron pirámides.

Dentro de la casa hay reproducciones de obras impresionistas, pues las originales fueron donadas por la pareja al Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Incluso es posible visitar las habitaciones que ocuparon visitantes distinguidos como Margaret Tatcher, la Reina Isabel II y ex Presidentes de Estados Unidos, como Ronald Reagan y Bill Clinton.

Hospedaje retro

Como estábamos en un lugar cuyo esplendor fue en la década de los 50, decidimos buscar un lugar com ambiente retro. Así encontramos el Del Marcos Hotel. Desde la entrada uno da un salto en el tiempo, pues el mobiliario del lugar esta diseñado para ambientar aquella época.

DelMarco Hotel

De entrada da la bienvenida un cuadro con el rostro sonriente de Frank Sinatra. Luego de pasar el lobby esta la alberca, al rededor de la cual están las habitaciones. Los camastros y sombrillas son de color anaranjado y el azul de la alberca es turquesa. De verdad uno siente que en cualquier momento aparecerá Mauricio Garcés con una copa en la mano. No sería extraño que las chicas utilizaran bikinis de la época para completar el cuadro. Incluso las bicicletas que renta el lugar son tan vintage que no querrás regresar la futuro.

Así es Palm Springs, un verdadero oasis en el desierto de California. No por nada es conocido como el “Playground of the Stars”, el patio de las estrellas.

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