“Volvieron muy pocos de aquellos,
mañana yo me iré con ellos
a buscar el mar.
(…)
Me voy hacia otra tierra
en donde el sol caliente
lejos de mi gente
y del encinar…”
En cualquier lugar
Del disco La paloma

“Dicen en el pueblo que un caminante paró / su reloj, una tarde de primavera…”, tarareaban al unísono, el tema “Penélope”, un grupo de señoras la noche del 13 de marzo del 2014 en el Museo de la Ciudad de México, en el Centro Histórico. Eran las mamás del coro de estudiantes del Colegio Madrid que esperaban con emoción la llegada de Joan Manuel Serrat, quien era el invitado de honor a la celebración del 75 aniversario del exilio republicano español en México (1939-2014) durante la cual se realizaron una serie de conferencias, conciertos, exposiciones y proyectos editoriales, entre otras actividades en torno a la fecha.

El cantautor español llegó con un retraso de más de hora y media, a causa del estancamiento de su vuelo en Monterrey, y lo hizo acompañado de Cuauhtémoc Cárdenas (en representación de Miguel Ángel Mancera, jefe del Gobierno del Distrito Federal), hijo del general Lázaro Cárdenas, quien gobernaba el país cuando más de 25 mil refugiados de la Guerra Civil española (1939), incluidos obreros, poetas, escritores, profesores, médicos, campesinos, comerciantes, políticos, militares, ingenieros y periodistas, encontraron un nuevo hogar en México.

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Foto: AGN

Serrat arribó al estrado, cobijado por un cálido recibimiento de la audiencia. Ante el apuro que causó el retraso de su llegada, casi enseguida recibió de manos de Eduardo Vázquez Martín, elsecretario de Cultura capitalina, el manifiesto que tenía que leer para inaugurar las actividades: “El exilio significó el gran reencuentro de España y México tras una historia de Conquista, Colonia y guerra de Independencia (…) Como ha dicho el escritor mexicano Juan Villoro, tras el triunfo de los generales golpistas en España, la República española pasó a llamarse México, y comenzó entre ambos pueblos una historia en común que abonó a la superación de enconos y prejuicios”, leyó con algunas dificultades el cantante luego de mostrar su peculiar sencillez y amabilidad al disculparse por llegar tarde a la cita.

Al concluir su lectura, Serrat no soltó el micrófono. Se quitó los lentes, reflexionó unos segundos y con los resquicios del dolor de haber recordado ese episodio pronunció unas palabras. Quizás pasó por su mente el flashback de su madre, la mujer que nació en el pueblo de Aragón, en Belchite, quien perdió a su novio antes de su boda; la que salió del pueblo para trabajar en Barcelona cuando se desató la guerra por la cual fusilaron a su padre y madre, y a otros 30 de sus familiares; ella que después se dedicaría a recoger a los niños abandonados durante el conflicto bélico. La historia quedó inmortalizada en el tema “Cançó de bressol”.

“Yo me siento profundamente ligado a México por dos cosas: como persona y como hijo y nieto del exilio. Aquel exilio que, es cierto, en aquella maldita guerra, le robó a España varias generaciones que hubieran hecho un salto brutal en nuestro país, pero, bueno, los que nos quedamos pensamos que también México es nuestro país. No es verdad que tengamos una patria en cada lado, sino las dos en cada una, se pueden tener perfectamente y con toda comodidad. Lo sé porque yo las tengo”, exclamó el cantautor.

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Quizás también pasó por su mente el recuerdo de su constante enfrentamiento con el franquismo desde la trinchera artística, cuando en los primeros años de su carrera alzaba su canto con temas como “Ara que tinc vint anys” y su letra llena de frases como: “Quiero alzar la voz, para cantar a los hombres/que han nacido de pie,/que viven de pie,/y que de pie mueren…”; o cuando fue elegido para representar a España en el festival de Eurovisión en 1968, al que se negó a participar porque no le permitieron que cantará en catalán. Por aquella renuncia lo vetaron de la radio y la televisión estatales durante casi 10 años.

Tal acontecimiento no detuvo la carrera de Serrat. Se impuso a las presiones políticas al obtener el reconocimiento de una generación de personas con la memoria desgarrada y luego de la mitad de Europa y Sudamérica con su exitoso disco Mediterráneo (1970).

Inevitablemente, las palabras de Serrat esa noche en el museo lo llevaron recordar cuando el régimen franquista lo obligó a autoexiliarse en México, un país que había conocido en 1969 cuando, hizo una pequeña gira que incluyó presentaciones en el Palacio de Bellas Artes y un concierto histórico en la Facultad de Química, en octubre de ese mismo año. El 29 de septiembre de 1975, regresó al país pero esa visita coincidió con el fusilamiento de tres militantes de los FRAP y dos de ETA por parte del régimen del dictador Francisco Franco, en España.

Serrat fue solicitado a opinar sobre aquel suceso desde el aeropuerto de la Ciudad de México y en sus declaraciones repudió la pena de muerte y “la violencia establecida y oficial”, sin saber las consecuencias de sus palabras, que desembocaron en represalia del gobierno español. Se libró una orden de aprehensión en su contra, se le vetó en España y le impidieron regresar. Con esto el régimen franquista también se vengaba, de alguna forma, del legado musical de Serrat, que había herido su susceptibilidad nuevamente un año antes con el tema “Edurne”, cuya letra alude a una historia de represión en Euskadi.

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Además, la orden en contra de Serrat coincidió con la postura del presidente Luis Echeverría Álvarez, quien había mantenido la actitud mexicana de reconocer sólo al gobierno de la Segunda República Española en el exilio. Así que opta por quedarse en México.

“Yo no declaré. Yo no decidí declarar, a mí me preguntaron y yo contesté, y cuando respondí supe que mi situación era difícil y tardé un poco en darme cuenta de lo complicada que era. No tenía una decisión tomada porque en aquel momento el gobierno de Echeverría había roto relaciones comerciales, yo no sabía en qué situación estaba”, comentó Serrat.

Al concluir su discurso, terminada la ceremonia un grupo de reporteros, yo incluido, abordamos al cantautor para que continuara con su remembranza. Entre el tumulto que pedía una foto o autógrafo, el catalán nos contó: “Yo no llegué en un barco, yo llegué en el año 69 y en el 75 me tuve que quedar a raíz de los últimos asesinatos legales del franquismo; a causa de unas declaraciones me veo obligado a quedarme porque se me abrió un proceso por injurias hacia el estado. Me quedo aquí. En México encontré mi casa”, recordó.

—¿Qué fue lo más difícil de estar lejos de su país? —Pregunté.

—Lo más difícil es el sentimiento de provisionalidad, todo es provisional porque no depende de una voluntad sino de una circunstancia, hasta que no se modificaran las circunstancias no sabías cuando iban a cambiar, entonces esta situación de que el exiliado tiene es lo más complicado. El no comprometerse con nada, con una casa, con un electrodoméstico, con nada porque piensas que va a ser eventual.

—¿Qué hizo durante su estancia en México?

—Primero me quedé en una casa que ya había encontrado antes en otras casas en las que había crecido en mis primeros años de relación con México. Sin ir más lejos en casa de los Taibo. A partir de ahí conocí y crecí junto a hombres como (Luis) Alcoriza, (Luis) Buñuel, (Juan) Rulfo, (Luis) Rius y (Juan) Rejano.

“La riqueza en que tuve la fortuna de desenvolverme en casa de los Taibo fue enorme y cuando tuve aquella prohibición se me ocurrió hacer una gira por México y compré un camión (conocido popularmente como La Gordita) y me fui a tocar con mis músicos por México durante casi un año. En aquella gira la gente me decía ‘ésta es tu casa, quédate’ y yo me lo creí y me quedé, y fue para lo bueno y para lo malo, para todo, como lo hicieron también los otros tantos compatriotas que se quedaron”, enfatizó Serrat.

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Lo más duro para el cantautor fue alejarse de sus familiares, a quienes tuvo la oportunidad de ver en contadas ocasiones en la ciudad de Persignan, al oeste de Francia: “Cuando uno toma una decisión analiza por encima de cualquier cosa el pequeño mundo de uno y los sentimientos. Confieso que lo que más me preocupó fue mi familia: mis padres y hermanos, que volvíamos a estar separados. Uno no hace las cosas pensando más que lo que puede creer”.

“El exilio siempre es malo, es un castigo históricamente, un castigo de ofensiva. El exilio español lo escogió la gente para no ser asesinados o masacrados como hubo miles. No es bueno para el español ni para el de ningún otro país (…) La vida no está hecha de cosas buenas, sino solo de cosas, y en ellas hay las que son maravillosas y conmovedoras y las que son difíciles y dolorosas. Está hecha de todo esto”, añadió.

La Amnistía concedida el 4 de agosto de 1976 por la Corona situó a Serrat en disposición de volver. Cumplió con sus contratos pendientes, arregló sus papeles y el 20 de agosto pisó nuevamente suelo catalán tras once meses de obligada ausencia. Bajó del avión acompañado de su amigo Oriol Regas, de Claudi Martí y Ramón Segura, directivos de sus dos casas de discos (Edigsa y Zafiro/Novola); lo recibieron un puñado de amigos íntimos y un nutrido grupo de fans entre los 18 y los 70 años.

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De acuerdo con la revista Lecturas, éstas fueron las primeras palabras de Serrat a su regreso: “Amarga. Ha sido una experiencia amarga. A nivel personal me ha servido para hablar mucho conmigo mismo, porque los descalabros cuando no son totales pueden resultar muy positivos”.

En otoño de 1976 retoma su carrera y comienza a dar una pequeña gira de conciertos gratuitos por diversos puntos de Barcelona para recabar fondos para las diversas asociaciones.

“La tragedia española trajo un enorme empobrecimiento de la cultura para España, pues no sólo se perdía una apuesta por la democracia y la educación, sino que se rompieron importantes líneas de desarrollo social, científico, artístico. Pero también es cierto que la derrota de la República significó el desarrollo en México de muchas de sus ideas, de su fecundidad creativa y generosidad humana. Por eso conmemoramos en México no una derrota sino la llegada de mujeres y hombres que vinieron a enriquecer nuestra sociedad y que hoy forman parte de la diversidad cultural y del patrimonio histórico de nuestra nación”, reflexionó Serrat.

Luego, como lo dice una de sus canciones “Es caprichoso el azar”, y esa mezcla de recuerdo y celebración de exilio se vio adornada con uno de sus himnos: “Nunca perseguí la gloria, /ni dejar en la memoria/de los hombres mi canción…”, interrumpió la entrevista el canto de los niños. Serrat los volteó a ver, sonrió y nos dijo, con amabilidad las palabras que tomó del poeta Antonio Machado: “ya lo dicen esos niños: ‘Se hace camino al andar’… ”.

Y luego se perdió en los brazos de aquellos locos y bajitos que crecieron con su canto.

Fotos: jmserrat.com

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