I
Hoy es domingo de quimio. Lo melancólico que resulta la bruma de la mañana de un día nublado se borra al ver la sonrisa de mi padre, esperándome atento en el camellón de Viaducto. Nunca antes habíamos salido tantas veces juntos. Anteriormente, las reuniones dominicales sólo servían para ver a la familia en conjunto y nada más. Desde que le diagnosticaron un mieloma múltiple de inmunoglobulina G las citas entre nosotros han sido más continuas y cálidas; no hay más que espacio para la contemplación. Aunque parezca extraño, mirar sus ojos redondos y hundidos por horas me llena de satisfacción. El futuro incierto apremia y el presente se escapa de las manos. Retumba en la cabeza la frase hecha: hay que aprovecharlo.

La sala de radiología oncológica tiene un olor extraño; medicina y alcohol se mezclan con el humor de los que esperan su turno con aire de desolación. Los hay de todas clases sociales. Si algo pasa con las enfermedades es que por un momento te hacen pensar que muy en el fondo no hay margen para la estratificación. Pero sólo por un momento, porque la realidad te llega de sopetón: Ácido Zoledrónico, 4 miligramos en 100 mililitros de solución salina: seis mil pesos de patente; dos mil 280 el genérico. En estos casos a uno le encantaría no escatimar en sumas, pero el tratamiento será largo y aún quedan muchas citas, medicinas y exámenes de laboratorio por considerar.

—El genérico por favor.

Un famoso actor de teatro y televisión —compañero de asiento en el hospital— se para de su silla y despotrica a la enfermera en turno: “no me alcanzan las venas para tanto tratamiento”. Su rostro luce pálido y con dejo de dolor.

Me recorre un escalofrío por el cuerpo, prueba tácita de lo que podría venir. Lo que menos desea uno es ver sufrir a un ser querido. Viene la negación: “esto no le pasará a él; el medicamento lo sanará y la vida se prolongará lo que tenga que ser. No habrá dolor”. La negación parece ser útil, luego de ver caminar a mi padre por el pasillo hacia la salida. Todo bien, no hay efectos secundarios. ¡La libramos por hoy!

Cuatro citas en menos de un mes ponen en coordinación a la familia. Laboratorio 10:00 A.M. y hematología 13:30 P.M. ¿Alguien puede relevarme? En estos tiempo de crisis tener trabajo es un lujo. No hay tiempo para la dispersión. Sólo resta un poco de paciencia y demostrar que ser faltista sólo es una condición temporal y que, en la medida de lo posible, en nada afectará la productividad laboral.

chemotherapy Pixabay

Foto: Pixabay

II
Mi padre siempre fue un hombre sano. Recorría la ciudad en bicicleta entregando pedidos farmacéuticos. Alguna vez, en uno de esos recorridos, una de las pesadas cajas se le cayó justo en los rieles del tren. La cara se le llena de asombro cuando recuerda la desesperación que sintió al ver que venía el ferrocarril y toda su mercancía estaba regada; perdió todo el dinero que representaba su quincena. Después de eso logró, con mucho esfuerzo, abrir una farmacia, negocio al que le dedicó más de 30 años de su vida. En cuestión de salud, lo más fuerte que le había pasado fue cuando se casó. No porque conocer a mi madre fuera un infortunio, sino porque el día que le dieron la bendición marital estaba sumido en una hepatitis C, la cual le hizo entrar en cuarentena sin disfrutar la luna de miel.

De ahí en fuera, todo fue bien. Vivaracho, bailador y bromista; solía alegrarnos con sus ocurrencias cada tarde familiar. Sus pasos de baile resultaban una mezcla entre Resortes, Tin Tan y Clavillazo al ritmo de Pérez Prado. El cha cha chá y el mambo, sus pasiones. Cada vez que había fiesta no dejaba pasar ni una melodía sin pararse y sacar a bailar a alguien.

“¡Don Julio lleva la música por dentro!”, decían las muchachas sesentonas del INAPAM que se congregaban en la pista de baile en los festejos de la tercera edad. Su acompañante siempre fue una de sus hermanas, una mujer ágil para quien mi papá es el principal motor. La fraternidad se acompañaba de achaques y complicidad al punto de irse un día de parranda a bailar danzón.

Danzón-Tlalpan

Foto: Memo Bautista

III
A partir de aquél desafortunado día en el cuál, luego de un extraño dolor en el pecho, sobrevino una trombosis en la pierna derecha, no ha vuelto a bailar. Durante meses tuvo que estar con la pierna levantada y en reposo. Una serie de anticoagulantes le han ayudado a recobrar su paso lento. Luego, su cuerpo comenzó a llenarse de ronchas y su sueño dejó de ser reparador. Todos los síntomas eran tan extraños que pasamos por muchos médicos. Hasta que a alguno se le ocurrió hacerle una biopsia de médula ósea. Fue a partir de ahí que tuvimos más certezas de la enfermedad; el diagnóstico, mieloma múltiple.

No entendía nada, nunca había escuchado hablar de una enfermedad así. Incluso el cúmulo de información que arroja Internet resulta confuso para quien no sabe de términos médicos, pero las cifras hablan por sí solas.

De acuerdo a la Fundación Josep Carreras, el mieloma múltiple es una forma de cáncer que afecta a las células plasmáticas, un tipo de glóbulo blanco que le da por alojarse en la médula ósea. A nivel mundial, casi 230 mil personas viven con esta enfermedad y se diagnostican aproximadamente 114 mil casos por año, algo así como de 30 a 50 casos por cada millón de habitantes. Está entre los principales padecimientos oncológicos sanguíneos más recurrentes junto al linfoma no-Hodgkin y la leucemia. De hecho, el mieloma múltiple es el segundo cáncer más común en la sangre, y aunque la mayoría de las personas con este padecimiento tienen al menos 65 años, recientemente se han encontrado casos de personas entre los 30 y 40 años.

En México se registran 2 mil 500 nuevos casos de esta enfermedad al año, ubicando a nuestro país en el primer lugar en América Latina.

Luego me enteré que este padecimiento tiene problemas para ser diagnosticado a tiempo, pues se confunde con fatiga crónica.

Foto: usuario flickr Counse

IV
Mi primera reacción al escuchar la palabra cáncer fue de incredulidad. Oí miles de veces hablar de esa enfermedad pero nunca pensé que le podría suceder a alguien tan querido. Lo que más me preocupó fue lo que pasó por su cabeza cuando le dieron la noticia. Creo que aún no lo acepta del todo. Ni él ni nosotros.

La medicina dice que sólo es posible una curación permanente cuando hay una afección localizada en un solo punto, que no es su caso, y en pacientes más jóvenes tras un trasplante de médula ósea, que tampoco es su caso. Por lo demás, con los tratamientos actuales, el mieloma múltiple no tiene cura. La finalidad del tratamiento es prolongar la vida y optimizar su calidad.

El mejor tratamiento para mi padre son aplicaciones de quimioterapia que se suministran en un periodo de uno a dos años. A decir de los doctores con este tratamiento el 70 por ciento de los pacientes mejoran. A menudo le suministran una vez al mes unas inyecciones por vía intravenosa de bifosfonatos para disminuir el riesgo de fracturas en los huesos.

Luego de las quimios mi padre pierde un poco la concentración y la fuerza; después se anima y nos inyecta optimismo con sus características ocurrencias. Pone en su radio las canciones y danzones que le hacen recordar los días cuando iba a bailar. A estas alturas nadie sabe lo que va a pasar ni cuánto tiempo su cuerpo esté dispuesto a soportar. Lo que sí sabemos es que es un hombre muy fuerte al que nunca vimos enfrentar con tanta entereza una enfermedad.

Foto portada células de mieloma múltiple: EFE

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