Vladimir camina solitario. Los gritos de “¡Fuera Peña!” y “¡México sin PRI!” durante la marcha no lo inmutan. El no grita, aunque es parte de esta manifestación. Su tarea no es la de tirar consignas; la de él es brindar apoyo a los manifestantes. Lleva un vaso desechable en la mano izquierda y de tanto en tanto la levanta y agita para que la gente lo vea. La señal surte efecto y se acerca a él una persona. El muchacho les ofrece agua para que aguante la caminata.

—¿Me regalas un trago? —pregunta un manifestante.
—Sí, carnal. Sírvete.

Vladimir detiene su marcha. Da al hombre el vaso de plástico y le indica de qué lado de la enorme mochila negra que carga a su espalda extraiga el agua. El sujeto se sitúa a un costado del chico. De la parte de debajo de la bolsa aprieta un pequeño dispositivo de plástico parecido a una llave. Un chorro del líquido transparente sale directo al vaso. Bebe parte del contenido. Exclama el ¡ahhh! apagado que indica que ha refrescado la garganta y se va de nuevo a su contingente. Vladimir continúa.

LEE: Ofrendas para los dioses del agua

Aguador-6

—Soy parte de una iniciativa, que vengo promoviendo desde hace dos años, que se llama Guardia Ciudadana —me cuenta el muchacho que a simple vista no rebasa los 30 años—. A grandes rasgos estamos para ayudar a las personas. Por ejemplo, ahorita ofreciendo agua, también si hay algún herido o si hay represión, defendiendo a algunas personas.

Su atuendo me recuerda al boceto de un superhéroe de historieta: un cubre bocas negro para guardar la identidad, el cabello largo cubierto por un paliacate, pantalón de cargo de gabardina, chamarra de cuero, un juego de coderas y rodilleras, botas negras industriales muy parecidas a las de un atuendo dark con la caña casi hasta las rodillas, un yelmo que él mismo elaboró con un casco de patineta al que le adicionó una careta y par de láminas de plástico comprimido, un frágil escudo hecho con la tapadera de lámina de un tambo de cartón para guardar juguetes y la mochila que le cubre la espalda, hasta las nalgas. Todo en negro. Lo único que contrasta con el fondo oscuro son un par de leyendas con letras en blanco y dorado que dicen: “Agua Gratis” y “Guardia Ciudadana”.

Aguador-10

—En este momento somos tres personas y estamos repartidos por todas partes. Generalmente venimos a marchas y aquí promovemos la idea. También en Facebook donde estamos como Guardia Ciudadana. El cubrebocas es para protegerme por si la policía lanza gas lacrimógeno. Sólo lo mojo y con eso puedo continuar. Además resguarda la identidad porque ahorita somos pocos pero si crece no quiero que me identifique la policía.

El chico se vuelve a detener. Un par de manifestantes más le piden agua. Los 12 litros que carga y el tubo de 40 vasos que tiene en la bolsa delantera de la chamarra no serán suficientes para abastecer a las 10 mil personas —según informó la secretaria de gobierno de la #CDMX, Patricia Mercado — que salieron este 15 de septiembre a marchar desde la Columna del Ángel de la Independencia hacia el Zócalo.

—A veces se me acaban los vasos y tengo que improvisar. Como en la marcha del 20 de noviembre de 2014. ¿Ves esta botella que traigo en la bolsa? Pues una como esta la recorte, la convertí en vaso y la gente lo fue rolado para tomar agua.

Aguador-9

Esa marcha fue la primera en que Valdimir y sus dos compañeros salieron a las calles. Se dieron cuenta que cuando existe algún acto de represión en una marcha, hay pocos grupos que brinden atención a los manifestantes, desde un simple vaso de agua hasta atención médica. La diferencia entre la Guardia Ciudadana y grupos de observadores y defensores de derechos humano como Marabunta, es que en determinado momento esta iniciativa se convertiría en una línea de defensa contra una contención.

—Hubo una marcha de la que me fui. Yo creí que ya había terminado todo y cuando llegué a mi casa vi en las noticias que detuvieron a muchos manifestantes en el metro Pino Suárez. Me hubiera gustado estar ahí aunque sea para grabar lo que sucedía.

Aguador-8

De nuevo un grupo de personas detiene a Vladimir para beber agua. Mientras espero vea un grupo de manifestantes sobre la lateral de Reforma que gritan “¡Traidores!” y “¡Acarreados!” a los pasajeros de todo autobús, viniera o no del Estado de México, que pasaba por ahí. Hasta a los pasajeros del camión que va de Santa Fe a La Villa les tocó. Lo más seguro es que ninguno de ellos tuviera como destino el Zócalo y sí sus casas al norte de la ciudad.

Vladimir no puede avanzar más. Su labor lo tiene atareado. Yo sigo adelante y, como todos los manifestantes, me topo con el cerco de granaderos y vehículos antimotines que puso el gobierno de la Ciudad de México, a la altura del Palacio de Bellas Artes, para impedir que las miles de personas que gritaban #RenunciaEPN, no echaran a perder la Ceremonia del Grito en el Zócalo capitalino. Subido en una banca busco al muchacho de la enorme mochila pero no lo veo. No me sorprende. Su tarea como aguador lo ha de haber dejado muy atrás. A veces dar de beber a los inconformes también se convierte en un acto de rebeldía.

Comments

comments