Su figura me transportó a mi adolescencia, allá por los años 80, cuando el señor de las paletas recorría todos los días, sin excepción, empujando su carrito, la Unidad en la que a la fecha sigo habitando. Creo que don Armando murió cuando yo ya trabajaba en los medios de comunicación. Era un adulto mayor muy simpático, que gustaba de convivir con los jóvenes, a grado tal que acostumbraba fiarnos o hasta regalarnos las paletas.

Y me acordé de él porque, a pesar de todo el tiempo que ha pasado, hoy, como desde hace 18 años, en Lomas de Plateros, al poniente de la Ciudad de México, contamos con otro personaje parecido, simpático, querido por los vecinos, y siempre de buen humor, pero que en lugar de paletas de hielo, vende tamales.

Hoy quien recorre la sección “F”, los 7 días de la semana, y casi me atrevo a decir que los 365 días del año, es don Camerino, quien no parece tener 77 años de edad, de los cuales 34 los ha dedicado a la venta de este tradicional producto de la cocina mexicana.

—¿Y desde cuándo se dedica a los tamales?

—Aquí en Plateros llevo como 18 años, pero vendiendo tamales cumplo 34 años.

—¿Y porqué se dedicó a los tamales?

—Yo era empleado, pero tuve problemas con un ingeniero y me corrieron. Tuve otros trabajos pero no duraba más de un mes, me sacaban y me sacaban y me sacaban, así que decidí vender tamales y ya ve, me va mejor, me va bastante bien.

—¿A qué le llama “irle bien”, ¿cuánto saca diario?

—Pues unos 200 pesos diarios de pura ganancia.

Don-Camerino-1

Don Camerino nos cuenta, sin embargo, que ya está a punto de retirarse, que en dos años dejará de empujar su carrito, se despedirá del negocio y se dedicará a pasear, razón por la cual prefiere trabajar sin descansos.

Por lo pronto, todas las mañanas entre 9 y 11 se le puede mirar por los pasillos de la sección “F” de la Unidad Lomas de Plateros, y se le verá empujando su triciclo con los mejores tamales del rumbo: verdes, de rajas con queso, frijol con queso, piña, chocolate y pasas.

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