¿Alguien puede convertirse en seguidor de un equipo de futbol sin proponérselo? Sí, yo. Y no sería periodista si no fuera por ese deporte.

Mi historia comienza en 1988. Yo estudiaba la licenciatura en derecho en la UNAM y desde los cinco años era seguidor del Cruz Azul. Me tocó vivir el tricampeonato de la “Máquina Cementera” en los años setenta y el bicampeonato en los ochenta. Sin embargo, desilusionado por el rumbo que la directiva le daba al equipo, decidí que era tiempo de cambiar o quedarme sin escuadra a la cual apoyar.

Comencé a trabajar en la oficina de deportes de Televisa invitado por Ricardo Salazar —quien sabía de mi pasión por el futbol— para apoyarlo en la elaboración de estadísticas. Llegué con el pie derecho. Dos semanas después comenzaron los Juegos Olímpicos de Seúl y me pidieron colaborar en la redacción y en las transmisiones de futbol con los números, datos y demás información que permitía hacer cálculos de probabilidades. Al poco tiempo pedí acompañar a los reporteros a sus coberturas diarias, y ahí descubrí que mi verdadera vocación no era la abogacía, sino el periodismo. Creo que tenía un talento natural porque mi jefe, don Teodoro Cano, me puso a reportear y me consiguió chamba en el desaparecido diario El Heraldo de México.

Necaxa-Arturo-2

Foto del autor

Como era “el nuevo”, así como el más joven, en el rol de reporteros me asignaron la fuente que nadie quería cubrir: el Necaxa, un equipo sin seguidores, de media tabla para abajo, con problemas de descenso y cuyas instalaciones estaban al norte, muy al norte de la capital, hasta Cuautitlán Izcalli, en el Estado de México.

Vivía en el sur de la ciudad y mis dos trabajos estaban en la colonia Doctores, prácticamente en el centro. Ir todos los días a Cuautitlán implicaba un tremendo trajín, pero era un chamaco de veintitrés años y hacía el trayecto con mucho entusiasmo. Además al club le interesaba tanto la cobertura mediática que me permitían viajar en el autobús con el equipo. Así mataban dos pájaros de un tiro: aseguraban la cobertura de televisión y la del periódico. El trayecto era largo, por lo menos de una hora, así que me tocaron muchas charlas con jugadores como Ricardo Peláez (hoy presidente del América), Ismael Herrera, Roberto Alderete y Nicolás Navarro, con quienes hice una gran amistad. Lo mismo sucedió con el entrenador uruguayo Aníbal “El Maño” Ruíz.

LEE: Rito de guerra y carnaval: Ritual del Kaos, la barra del América

Al poco tiempo, la directiva impuso al equipo el mote de “Los Rayos”; el uniforme cambió, aunque conservó los colores rojo y blanco, y hasta le compusieron un himno. También se alcanzó la primera gran contratación del equipo, la del ecuatoriano Alex Aguinaga uno de los mejores jugadores extranjeros que ha llegado al futbol mexicano.

Esos cambios me tocó vivirlos de cerca. Sentía que era parte de ellos. Los esfuerzos de la directiva por darle al Necaxa un sello particular eran notables. No hacía falta pensarlo mucho, se trataba de un equipo con pocos aficionados y yo no seguía a ninguno. Eso a mí me cuadraba a la perfección, porque me convertiría en parte de una nueva generación de necaxistas.

Ese año el equipo no calificó a la Liguilla y provocó que el señor Ruíz fuera despedido. En su lugar llegó el argentino Eduardo Luján Manera, y con él el delantero chileno Ivo Basay, quien venía del futbol francés, precedido de una gran fama.

Foto del autor con Ivo Basay

Foto del autor

Esa campaña fue desastrosa: no se logró la calificación, Luján Manera fue despedido y yo dejé de trabajar en Televisa. Mi salida estuvo ligada al Necaxa. El dueño del equipo era el mismo de la televisora y yo cometí el “delito” de publicar más de la cuenta. Al poco tiempo también abandoné El Heraldo, y ya no cubrí los entrenamientos del Necaxa.

ESCUCHA: Crónicas de Asfalto radio. Una cascarita banquetera

Hay que reconocer que el dueño estaba empecinado en hacer del Necaxa un equipo importante, y por eso invirtió fuertes cantidades de dinero en reforzarlo. De cara a la temporada 91-92, el argentino Roberto Saporiti fue contratado como director técnico de Los Rayos. En 1992 el legendario delantero mexicano Enrique Borja fue designado presidente del equipo, se contrató al ex puma Alberto García Aspe, y llegó el delantero Luis Hernández. La escuadra terminó como superlíder del torneo y cinco de sus jugadores fueron convocados a la Selección Nacional. Los Rayos quedaron invictos jugando de locales, Ivo Basay fue el máximo anotador de la temporada, y aunque se alcanzó la calificación, el equipo no llegó a la final. Necaxa finalmente se volvió un equipo fuerte, sólido y sumamente ofensivo. Sin embargo, las tribunas del estadio Azteca seguían vacías.

La siguiente temporada llegó a dirigirlo el mexicano Manuel Lapuente, quien en su época de jugador fuera goleador de los “Electricistas” del Necaxa. Al mismo tiempo se reforzó al equipo con la estrella argentina Sergio “El Ratón” Zárate, el seleccionado chileno Eduardo Vilches, y connotados futbolistas mexicanos como Octavio “El Picas” Becerril y José María Higareda, quienes hicieron una amalgama perfecta con elementos que ya estaban en el equipo, como Ricardo Peláez, Ignacio Ambriz, Gerardo Esquivel, Nicolás Navarro, Efraín “Cuchillo” Herrera, Alex Aguinaga, Alberto García Aspe y Luis Hernández.

Necaxa Imagan FB 3

Foto: Facebook Club Necaxa

Ya con este trabuco, Necaxa finalmente alcanzó la gran meta. Aún recuerdo ese sábado 4 de junio de 1995 en el estadio Azteca. Con marcador global de 3-1, los Rayos superaron al Cruz Azul y se convirtieron en el nuevo campeón del futbol mexicano.

Yo estuve ahí, pero no como periodista; fui uno de los ciento cinco mil aficionados que abarrotaron las gradas del Coloso de Santa Úrsula. La mayoría apoyaban a la “Maquina Celeste”, pero eso no importaba. Yo estuve ahí, como verdadero seguidor del cuadro de Izcalli, de los pocos que vieron y vivieron su crecimiento, de los pocos que conocieron sus entrañas y la mentalidad que poseían sus integrantes. Necaxa fue el equipo de los noventa. Obtuvo tres campeonatos y un subcampeonato. Lo curioso es que a pesar de ser un equipo ganador, cada vez que Necaxa jugaba las tribunas del estadio Azteca seguían vacías.

LEE: ¡Hey, familia! Canción dedicada al Estadio Azteca

Como reportero, y para mi beneplácito, seguí cubriendo sus juegos como local hasta que el equipo se mudó a Aguascalientes en el 2003. En 2009, ya desligado de Televisa, Necaxa descendió a la Primera “A”, donde permaneció hasta hace un par de meses. Ganó el duelo de campeones ante Ciudad Juárez y hoy está de regreso en el máximo circuito del futbol mexicano.

Es cierto, los Rayos ya echaron raíces en tierras hidrocálidas y hoy ya tienen bastantes seguidores. A pesar de todo, el otrora “Equipo de los Once Hermanos” dejó su huella en muchos chilangos que, como yo, estábamos destinados a ser seguidores del Necaxa.

Foto portada: Facebook Club Necaxa

Comments

comments