Mientras en México nos debatimos en una polémica generada por una Iniciativa de Ley para combatir los delitos cibernéticos, la cual, a ojos de algunos limitará las libertades personales, y podría criminalizar los derechos de las personas, en otros países como Cuba, el Internet es un tema de moda que apenas tiene un par de meses desde que fue abierto a la población en general.

Apenas hace un par de semanas estuve de visita en La Habana, y aunque en mi último viaje ya había comprobado el boom de la apertura de los cubanos al Internet, apenas en esta ocasión pude constatar personalmente sus beneficios.

Poco se ha escrito sobre este tema, pero con la apertura en la Isla Grande de las Antillas, el wifi se ha convertido en el juguete nuevo de los jóvenes, que acuden a los parques públicos a conectarse por el equivalente a tres dólares la hora. Claro, no todos tienen la posibilidad ni los recursos para ello, y no sólo los recursos económicos, sino, evidentemente, los tecnológicos.

Lo primero es contar con un smartphone (y créanme que en Cuba ya muchos usan celulares de última generación), una laptop, o una tablet. Lo segundo es contar con recursos suficientes, aunque ello es variable, porque como comprenderán, siempre hay alguien que de las novedades hace su agosto. Algunos jóvenes han encontrado una auténtica minita de oro en el wifi, y te conectan por uno o dos dólares extras a la misma red que ellos.

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Foto: Reuters

Desde el primero de julio de 2015 funcionan 35 puntos en 18 provincias del país, con acceso wifi creados por Etecsa, que es la empresa telefónica de Cuba. Se encuentran en las principales ciudades del país, generalmente en sitios públicos como parques y paseos. La tarifa oficial es dos CUC la hora, que equivalen, al cambio actual, de alrededor de dos dólares, poco más de 35 pesos mexicanos.

Yo tenía que enviar a mi redacción el audio de un programa especial que iba a transmitirse ese mismo fin de semana y que por un error no logré enviar antes de hacer el viaje, así es que decidí jugármela e intentar enviarlo desde La Habana.

Con la intención de completar mi misión, caminé por el malecón habanero por espacio de 15 minutos, desde la casa de mi esposa, en la calle de Gervasio, en Centro Habana, hasta la Calle 23. Era sábado por la noche, así es que ya sabía que los cubanos estarían abarrotando las calles. En la esquina de Malecón y 23 hay una gasolinera, donde pude observar que había un modem instalado, pero no era ahí, sino enfrente, abajo del Hotel Nacional, en una fuente, donde decenas de jóvenes se habían instalado para conectarse al wifi.

Caminé entre el bullicio, comprobando que estaban conectados a Facebook, Twitter y revisando su cuenta de correo o videochateando a través de IMO. ¡Estaban verdaderamente conectados gracias a la world web wide! También encontré algunos viajeros internacionales de diferentes nacionalidades, quienes estaban, en su mayoría, chateando con sus familiares o amigos más allá de la isla.

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Procedí a buscar a alguien que vendiera tarjetas, pero un chico con una laptop se me acercó para preguntar si estaba buscando conexión, y como dije que sí, me ofreció conectarme una hora por un dólar. Evidentemente dije que sí, pues yo sólo necesitaba conectarme unos minutos para enviar un correo.

Sobra decirles que lo barato sale caro, y me llevé una hora completa para poder enviar el mensaje. Durante esa hora, sin embargo, pude chatear a través del messenger de Facebook, revisar mi cuenta y algunos de mis correos, y no fue sino hasta dos minutos antes de que se cumpliera la hora cuando finalmente logré hacer el envío. ¡Misión cumplida!.

Así pues, habiendo cumplido mi misión, y cerca de las 11:30 de la noche, regresé a mis aposentos, aunque en realidad la noche apenas empezaba para mí.

Foto portada: Usuario Flickr Eric Vernier

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