El Peñón de los Baños es un pueblo al que se lo tragó la ciudad. Por un lado está el cerro del Peñón, que le da nombre a la localidad, y por el otro las pistas del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Pero aún así no pierde su aire provinciano. La Plaza del Carmen, el centro del poblado, tiene su kiosco, un jardín, los juegos infantiles y los comerciantes en un extremo, que vende cazuelas de barro, raspados, fruta, palomitas de maíz. Es en este lugar que cada año se lleva a cabo la representación de la Batalla del 5 mayo, que conmemora el combate en Puebla entre las tropas mexicanas y francesa, el único que ha ganado el ejército de nuestro país a un invasor.

Hace poco más de 80 años los moradores del Peñón comenzaron esta conmemoración que ahora es toda una fiesta. Los participantes invierten recursos propios para su caracterización pues no tienen apoyos por parte de ninguna autoridad. Unos son los franceses y otros los mexicanos, los negritos les llaman porque les pintan el rostro con maquillaje negro.

Cierto, el barrio conserva su aire tradicional provinciano, pero los jóvenes han fusionado sus costumbres con el arte moderno. En sus calles hay algunos murales que muestran los rasgos distintivos del Peñón de los Baños: el águila y el nopal, la fundación de México-Tenochtitlan y la Batalla de Puebla, rostros de mujeres que representan a las negritas. En la esquina de Colosos y Aguascalientes una pared destaca en el centro un cerro, la cabeza de un águila, la serpiente, un corazón sostenido por la mano de un esqueleto, un colibrí que representa a Huitzilopochtli; en un extremo una mujer azteca. Es la leyenda de Copil. Malinalxoch, la hermana del dios Huitzilopochtli, acompañaba a los mexicas por su travesía hacia la tierra prometida. Pero la mujer abrumaba con sus sortilegios y causaba conflictos entre los peregrinos. Así que en la primera oportunidad la abandonaron. Lo que no sabían es que ella estaba embarazada. Años más tarde, Copil, su hijo, decidió cobrar la afrenta a su madre. Subió hasta la punta del cerro del Tepetzinco (el actual cerro del Peñón), para atacar a los advenedizos. Sin embargo, su tío Huitzilopochtli ordenó que lo arrestaran y le extirparan el corazón. El órgano fue arrojado lo más lejos posible de la laguna. En el lugar donde cayó nació un tunal en el que los mexicas vieron postrarse a un águila que al mismo tiempo devoraba una serpiente. La señal de que su viaje había llegado a su fin.

Sin embargo, lo que le ha dado algo de fama a esta zona es un lugar, casi un oasis, donde se respira tranquilidad. Ocultos entre los departamentos de una unidad habitacional, en la esquina del Circuito Interior y la calle Quetzalcoatl, se encuentran los Baños Medicinales del Peñón. En estas aguas magmáticas que contienen bicarbonato, magnesio, calcio, potasio, litio y otros elementos, se han sumergido personajes como Cuitláhuac, Maximiliano, Porfirio Díaz, Venustiano Carranza y Pedro Infante. Hoy está aquí el corredor amateur que necesita un masaje, la señora de la colonia Moctezuma que siente alivio a su dolor de cintura al contacto con el agua o el comerciante que dejó en su puesto de tianguis a su hijo para que él pueda darse un baño reparador.

Sean bienvenidos a Crónicas de Asfalto. Pase por un chapuzón reparador al Peñón de los Baños.

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