Hace tres años iniciamos en la radio la aventura llamada Crónicas de Asfalto, un programa dedicado a contar la Ciudad de México, principalmente, y otras urbes a través de sus canciones y la crónica radiofónica. Mostramos in situ la forma de vida de sus habitantes y su aparente cotidianidad: la quiceañera que se toma fotos en el Ángel de la Independencia, el padre de la chica que fue encarcelada por defenderse de su atacante, el teporocho que acumula latas para venderlas y comprar aguardiente. Así, entre la investigación y la reportería, las canciones y los sonidos reales de una comunidad, Crónicas de Asfalto crea historias periodísticas de largo aliento que presentan al chilango de a pie como protagonista de una vida, que bien podría ser la de cualquiera de nosotros.

Sin embargo, los proyectos un día adquieren vida propia y llevan a sus creadores a terrenos que no tenían contemplados. Un día vimos que el caudal de historias surgidas en la capital mexicana se quedaban cortas en media hora de programa, así que muchas de ellas comenzaron a ocupar lugar en medios impresos. Y desde octubre pasado también estamos en el espacio infinito que ofrece Internet para que las lean y las escuchen.

Es por eso que nos dimos un clavado a nuestro archivo y les traemos el primer programa que transmitimos al aire, ese que abrió el camino para convertirnos en exploradores de la ciudad.

En aquella ocasión iniciamos en un punto emblemático de la Ciudad de México: el Metro. Ahí, entre los vendedores de discos y su escándalo, los cantantes urbanos, las aglomeraciones que no nos permitían subir al vagón hicimos un programa que hoy es entrañable.

Pasen, retrocedan con nosotros uno años en el tiempo y escuchen Crónicas de Asfalto radio en un travesía por el gusano naranja.

Muchas gracias por ser parte de esta historia.

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