“Llévame hacia Hidalgo o hacia donde quieras, pero no me lleves, no, a la estación de Balderas”, le cantaba Rockdrigo González al operador del metro cuando lo secuestro como catarsis tras el abandono del que fue objeto en el metro. Pero parece que al conductor del convoy no le importó la súplica del Profeta del Nopal que hoy sigue atrapado en este lugar. Ahí está, en bronce, con su inseparable guitarra, los lentes de aviador oscuros, la chamarra de cuero y el pantalón de mezclilla. La gente pasa, la ve no más de 30 segundos y se retira. Más tiempo pasan viendo en la portada de un libro, en el pequeño local ubicado en una de las salidas, a un ángel blanco con los brazos abiertos, como Juanga cuando le agradece a la gente, que promete hablar con uno si se siguen las instrucciones del texto.

Y aunque es la primera estatua de un rockero mexicano erigida en el país, mucha gente no sabe quién ese ese personaje de cabello largo al que el ventilador sobre su cabeza no le mueve ni un pelo. Hasta Samuel Ayala, el representante del Metro el día de la inauguración, confundió el primer apellido de Rockdrigo, González, por Valdés. La rechifla no se hizo esperar.

Afuera del metro Balderas en la esquina de Arcos de Belén y Niños Héroes, a cierta hora de la tarde se escucha el canto de un coro de niños. La música provienen del Centro Escolar Revolución que tiene al frente el monumento a la educación: una maestra leyendo un libro a varios niños, con su lema “Educar es redimir”. El edificio se edificó en 1934 y conserva algunos murales elaborados por distinguidos discípulos de Diego Rivera.

Aquí, en este lugar que ahora tiene primaria, secundaria y preescolar estuvo la terrible cárcel de Belén. Eran tanto los reos que, literalmente, se mataban por un pedazo de suelo. Usaban traje a rayas y cuando tenían suerte en sus sombreros le servían atole en la mañana, caldo en la tarde y frijoles en la noche. En la cárcel de Belén estuvieron presos Heriberto Frías, Enrique y Ricardo Flores Magón y Jesús Arriaga “Chucho el roto”; fue fusilado el delincuente Jesús Negrete, el famoso Tigre de Santa Julia; y de ella escaparían, en 1913, al fragor del cañoneo de la llamada Decena Trágica, los integrantes de la célebre banda del automóvil gris.

La zona de Balderas también se distingue por contar con la Biblioteca de México y el tianguis de libros, discos y artesanías de la Ciudadela. Pero, sobre todo porque en la Plaza Morelos, que es el jardín que está en frente de la entrada principal de la Biblioteca, se reúne por las tardes la gente para bailar salsa, de esa que se aprende en el barrio, donde se levanta el pie después de cada pasó, y danzón.

Pasen y escuchen Crónicas de Asfalto Radio. Oye chofer llévame hacia Balderas.

Que lo disfruten.

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