A la colonia Roma, a un par de kilómetros del Centro Histórico de la Ciudad de México, hay que entrar por la Romita, un pequeño barrio que se niega a desaparecer. Se dice que en la época prehispánica el lugar fue conocido como Aztacalco. Los vecinos cuentan que por ahí del Siglo XVIII un sacerdote empezó a llamarle “Romita” porque el paisaje, con un camino bordeado de árboles, le recordaba a uno muy parecido, pero con cipreses que había en Roma, la capital italiana.

La Romita es diferente a todo lo que hay en esa colonia bohemia. Sus calles son estrecha, casi callejones; su piso adoquinado, con edificios multifamiliares, muy de los años 70 que conviven con las construcciones porfirianas de inicios del Siglo XX, viejos de esos que parece que en cualquier momento se van a caer. Por todos lados hay graffitis: un águila nacional atravesada por una mano, un gato humanizado, la silueta de un guerrero de manga japonés. Huele tortilla, a guisado recién hecho. Huele a fonda, a arroz que no se pega. Es un bastión popular dentro de una colonia con pretensiones europeas.

En su legendaria plaza se filmo uno de los clásicos del cine mexicano: “Los olvidados”. Ahí a las puertas del templo colonial de San Francisco Xavier, Buñuel hizo que fuera abandonado el Ojitos y que el ciego le diera sus tundas. Al mismo sitio, pero unos cuatro siglos antes, llevaban a los condenados a muerte para que le rezaran al Señor del Buen Ahorcado.

A un costado de la plaza está un famosos huerto urbano, donde más de uno va a tomar clases de cómo reverdecer un poco los espacios de cemento y asfalto.

Luego de caminar un par de cuadras uno sale ya a la colonia que creara Edward Walter Orrín —el dueño del famoso circo que llevaba su apellido— y en la que los hermanos gringos Casius Clay y Lewis Lamm construyeran las primeras casas.

Ahí, en la colonia Roma, está la casa de las brujas, en donde vivió precisamente Pachita, la bruja; la Plaza Río de Janeiro y su fuente con una réplica del David de Miguel Ángel, en donde los jóvenes venden ahora fruta rayada; está el tianguis de la calle del Oro, la fuente de Cibeles, el Camellón de Álvaro Obregón, la estatua de Cantinflas y más.

Pasen a Crónicas de Asfalto radio. Estamos en la colonia Roma, el barrio bohemio de la Ciudad de México.

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