En 2020 se cumplirán 100 años de la construcción de una de las vialidades más transitadas en la Ciudad de México. Se le ha nombrado como Camino a San Ángel, avenida México, Camino Tacubaya a Mixcoac, avenida Mixcoac, hasta que en 1957 adquirió su denominación actual: avenida Revolución

Tal vez porque es parte del caos vial —el ruido de los cláxones y motores, gente que tiene prisa por llegar al trabajo, vendedores ambulantes, microbuses—, pocas personas descubren esos detalles que la hacen única.

Ahí está la Puerta Euclidiana, una de las tantas obras monumentales raras que ha dejado el escultor Sebastián en esta ciudad. Es una especie de arco que sostiene un círculo con otras figuras hechas con curvas. Y se supone que se llama así porque cumple con los cinco postulados que planteó el matemático griego Euclides, el padre de la geometría.

A un lado del metro San Antonio está el parque Circuito Bicentenario, y aunque ya hay juegos infantiles modernos, con toboganes y paredes para escalar, de plástico para que no se lastimen los niños, todavía podemos ver los animales de piedra de hace más de 20 años: un gorila descarapelado, el hipopótamo, el pez al lado de una resbaladilla de piedra, de esas de caracol.

Unos pasos adelante están las canchas de frontón, pintadas con el clásico verde pasto y las líneas amarillas, protegidas por una malla metálica, siempre rodeadas de unas 20 o 25 personas: trabajadores, jubilados, alumnos de escuelas cercanos. Todos esperan. Han lanzado la reta y esperan su turno. Aquí el frontón es el rey de los deportes.

Caminado hacia el sur sobre Revolución uno llega a Mixcoac el barrio emblemático del sur la ciudad y su fuente “de las viboritas” con siete culebras de diferentes tamaños, que se dirigen hacia el cielo. Es una especie de isla entre las avenidas Revolución, Río Mixcoac y el Circuito elevado, donde los vendedores de periódicos, de dulces y limpiaparabrisas hacen base.

Esta avenida también posees una de las construcciones más conocidas del Distrito Federal: el edificio de “La Celanese”, que hoy es sede de la SEMARNAT. A lo mejor el nombre no dice nada, pero todos los que habitamos esta urbe lo hemos visto alguna vez. Y es que llama la atención por su estructura. Es un monstruo de unos 11 pisos que sólo es sostenido por un cubo mucho menor que toda la construcción. Es como si una sandía estuviera sostenida por un limón. Da la impresión de que se colapsará hacia nosotros. Es una de las tantas obras que dejó el arquitecto Ricardo Legorreta, amante y cronista de la ciudad, quien terminó este inmueble de estilo modernista en 1968. Tal vez no es de los más bonitos de la ciudad, pero sí uno de los más impactantes.

Pasen y escuchen Crónicas de Asfalto radio desde la Revolución, que es paralela al Patriotismo.

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