Una de las entradas a la colonia Portales es el metro que lleva el mismo nombre, el que está sobre la calzada de Tlalpan. Uno comienza a caminar por la calle de Santa Cruz llena de puestos ambulantes de ropa, verduras, cosméticos hasta almohadas. De pronto invade el ambiente el olor a café, proveniente de un expendio muy antiguo, tanto que las abuelitas de quienes ahora rondan los 35 años iban ahí a que molieran el grano. Ahora la gente va a comprar la mezcla de su preferencia.

La Portales se originó al fraccionarse la hacienda de Nuestra Señora de la Soledad de los Portales, en 1914, que inicialmente perteneció al general independentista Manuel Sánchez de Tagle y después a Francisco Cravioto Gallardo, un diputado allá por los años 20.

De la Portales son personajes como Óscar Chávez, el futbolista Fernando Bustos famoso en los años 70 cuando jugaba con el Cruz Azul; y Carlos Monsiváis, quien en realidad vivía en el pueblo de San Simón, junto a esta colonia.

La calle de Rumania es una de las más conocidas porque ahí diariamente se instala el tianguis de chácharas, o mercado de pulgas como insisten en decirle los hipster. En ese lugar uno encuentra desde cristalería, pinturas, antigüedades, discos compactos, juegos de video, maletas, herramientas, ceniceros, ropa, celulares viejos, televisores usados, revistas de época, películas, zapato. Hay de todo, algunas cosas en buenas condiciones y otras no tanto, pero todo tiene un potencial comprador.

Para comprar uno tiene que revisar el objeto, darle la vuelta, olerlo, voltear a ver al acompañante para recibir una mirada de aprobación; el asunto es parecer como si no se supiera qué es, como si no tuviera interés en él. Luego hay que preguntar el precio, regatear, meditar un poco, pregunta si es lo menos, aventar un último suspiro y finalmente decir: “Está bien, me los llevo”.

Mención a parte merece el mercado. Dentro es un mundo de olores que conduce a uno a la barbacoa o al puesto de productos oxaqueños donde uno puede conseguir chapulines, tlayudas, hoja santa, mezcal o esos panecitos de manteca y piloncillo llamados nenguanitos.

Para terminar de caminar por la Portales hay que llegar al California Dancing Club y si hay chace entrar a bailar. Esperar que las señoras o muchachas que llegan de trabajar de la oficina salgan del baño, bien arregladas y maquilladas, con el vestido de lentejuela y los tacones altos. Uno las debe esperar vestido con pantalón un tanto holgado, la camisa blanca sin corbata y los zapatos de charol. Ahora sí, a darle al dancing con orquesta en vivo.

Pasen a Crónicas de Asfalto radio, desde la Portales, un barrio donde se respira cultura popular.

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