La Moderna, a pocos kilómetros del Centro Histórico de la Ciudad de México es una colonia clasemediara pero con un encanto popular. A cada paso uno encuentra los negocios de barrio como la papelería, la tlapalería, la estética, la tintorería, la plomería, la recaudería con la fruta y la verdura en el exterior, la tiendita con un nicho de algún santo en la fachada de la casa donde se ubica, la otra tiendita atendida por las hermanas viejitas que apenas si se pueden mover, y enternecen porque se pelean mucho por cualquier motivo, pero no pueden estar separadas; los pequeños consultorio médicos, las fondas y muchas, pero muchas veterinarias.

No falta en las mañanas y en las noches, cerca de su pequeño parque, la bicicleta con los tamales oaxaqueños anunciados con la ya famosa grabación que hasta en tono de celular se convirtió, ni la camioneta del ropavejero con la cantaleta de la niña —que ahora ya hasta tiene dos hijos— grabada en un casete:

Se compran colchones, tambores, refrigeradores, estufas, lavadoras, microondas o algo de fierro viejo que vendaaaaaaa.

Guarda algunos secretos que sólo los curiosos se atreven a descubrir: de ahí son los helados fritos, traídos por el señor Him desde su natal Corea; en su mercado se preparan esas deliciosas y espumosas malteadas de agua con sabor a rompope, café, chocolate y todo lo que a uno se le ocurra: los esquimos, sin duda los mejores de la zona. Y casi al final de la colonia se encuentra el estudio-taller de uno de los artistas plásticos más productivos en los últimos 35 años: Victor Gutiérrez, quien tiene entre sus obras el monumento al indio Conin, a la entrada de la ciudad de Querétaro; el monumento Cervantes y las esculturas de El Quijote y Sancho Panza, en Guanajuato.

Así que pasen y escuchen. Crónicas de Asfalto radio: La Moderna, una colonia con aires populares.

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