En el mercado de la colonia Portales se respira ya la navidad. Huela a mandarina, a caña, a jícama, a cacahuate. La parte superior de los pequeños locales parece un cielo estrellado por las piñatas de siete picos, que son las tradicionales: siete picos, siete pecados capitales. Al rededor del mercado uno camina en medio de las luces de colores que emiten las series, que ahora hasta tiene formas como cajas de regalo o manzanas. También destacan los colores brillantes de las esferas. Huele a pino y a tierra mojada por el musgo.

En los puestos venden los pinos traídos del Ajusco, los nacimientos ya mexicanizados, con pastores que usan sombreros de palma y jerga roja como si fuera un poncho. Están también las cabañas de madera donde van las figuras de José y María y un pequeño pesebre para el niño Jesús, que ya viene articulado, como figura de acción.

Las posadas también han cambiado un poco. Hay quien sólo convoca a mayores de 18 años y rellena las piñatas con tangas, películas porno pirata y hartos condones. Eso sí es desearle a alguien una feliz navidad.

Pasen y escuchen Crónicas de Asfalto radio: la invasión de fiebre navideña.

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