Al norte de la Ciudad de México se encuentra el Museo de los Ferrocarrileros, en lo que fue la vieja estación de ferrocarriles de La Villa. Ese inmueble, en donde Gustavo A. Madero se enteró de la conspiración para matar a su hermano Francisco, indica a todo viajero que está a punto de llegar a su destino. No muy lejos de ese recinto se encuentra el cerro del Tepeyac y su construcción emblemática: la Basílica de Guadalupe.

Sobre la Calzada de Guadalupe uno ve de frente el Templo Expiatorio de Cristo Rey, la antigua morada del famoso ayate de Juan Diego donde, dice la leyenda, se estampo la imagen de la virgen de Guadalupe. Esa iglesia bajó de categoría cuando en 1976 Pedro Ramirez Vázquez les dijo a las autoridades católicas mexicanas que ya había terminado la nueva Basílica, construida a unos metros del edificio colonial.

De pronto cielo se llena de puntos de colores: amarillos, rojos, azules, verdes. Son globos. Los globeros hicieron su peregrinación anual y esa es su forma de manifestar su fe. Según el oficio es la manifestación. Pero no sólo ellos. Llega la gente con imágenes de la virgen de todos tamaños. Algunos caminan con mucho fervor, rezando, como que flotan mientras sus labios se mueven sin emitir un ruido. Otros se arrodillan para recorrer así los últimos 100 metros que quedan hasta el templo. El dolor es la forma de expiar las culpas o de agradecer. Unos más llevan prisa, sobre todo los chavos que parece que de aquí se van a la fiesta en honor de la patrona. Una chela por la virgen, es su cumpleaños. Primero hay que pedir perdón y después a pecar.

La-villa-Radio-2

En el atrio los Chinelos se preparan para bailar en honor a la virgen. Así ha sido desde los tiempos prehispánicos cuando se le rendía culto a Tonantzin. Y también venía mucha gente, por eso Nezahualcoyotl mandó construir lo que hoy conocemos como la Calzada de los Misterios para los peregrinos que venían desde el sur al cerro del Tepeyac.

Muchos se asoman a los otros templos que hay en el cerro. Algunos buscan la Capilla de los Juramentos para prometerle a “la Jefa” que en unos seis meses no tomarán ni un vaso de alcohol ni le meterán al perico, la mona, la mota y demás drogas. Otros mirarán con asombro los detalles barrocos de la Capilla del Pocito, sin imaginar que ahí en 1815 se detuvo Morelos, con esos grilletes pesados que abrazaban sus tobillos y sus muñecas, para hacer una oración antes de llegar a San Cristobal Ecatepec y ser fusilado. Así cada 12 de diciembre, cada domingo, todo el año.

Bienvenidos a Crónicas de Asfalto radio: el que se fue a la Villa… anda de peregrino.

Fotos: Memo Bautista

Comments

comments