La construcción Centro Nacional de las Artes (CENART) causó una gran polémica. Luego del incendio de la antigua Cineteca Nacional en 1982, el gobierno de Carlos Salinas de Gortari decidió construir en ese lugar un centro que reuniera a las escuelas de arte que estaba diseminadas por la ciudad y que en su origen estaban destinadas para la clase obrera: la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”; la Escuela Nacional de Arte Teatral; la Escuela Superior de Música; la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea y el Centro de Capacitación Cinematográfica.

Se le criticó porque en lugar de atender los problemas de la educación y la formación artística, se prefirió la obra arquitectónica, coordinada por Ricardo Legorreta –por cierto, mal ejecutada, dicen los expertos, porque los edificios están aislados, sin relación alguna ni entre ellos ni el paisaje y en ningún ángulo de vista o pensamiento se logran integrar–; se criticó la centralización de la educación de nueva cuenta; se habló de que no contaba con los requisitos ambientales pertinentes para su construcción. Protestaron intelectuales como Ofelia Medina, Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín, así como vecinos de Churubusco. Los hermanos Humberto y Miguel Gurza tuvieron que mudar de los Estudios Churubusco su zoológico con más de cien animales actores. Además el antiguo cine Pedro Armendáriz fue sustituido por un conjunto de salas que en se esperaba sirvieran para la difusión del cine nacional, pero no fue así; tristemente el complejo fue concesionado a la cadena Cinemark.

A 21 años de su nacimiento, el CENART es el lugar en el cual se forman los artistas mexicanos en la Ciudad de México. Es un referente para ver buenos espectáculos de arte y cultura; es uno de los espacios más conocidos para disfrutar de un buen concierto de jazz, rock o cualquier otro género; una obra de teatro, una espectáculo de danza, una exposición de plástica y una gran oferta cultural.

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