Ciudad Universitaria, CU para los cuates, los alumnos, los aficionados al equipo de futbol Pumas y demás pobladores, es un espacio que por alguna razón los habitantes de la Ciudad de México los sentimos propio, hayamos estudiado ahí o no.

Para conocerla hay que caminarla, pero el recorrido quedaría incompleto su uno no se sube al “pumita”, el transporte interno del campus. Es un gusto subirse a ellos. Hace unos diez años eran camiones guajoloteros, que te sangoloteaban de un lado a otro; eran pocos y pocas rutas. Uno le corría para abordarlo e irse a la facultad, aunque quedara prensado entre los compañeros y las puertas del transporte, porque si esperaba el siguiente camión lo más seguro es que se perdiera la primera clase.

Ahora los Pumabús son unidades de la Mercedes Benz, amplios, con asientos cómodos, acojinados, con espacio diseñado para personas con silla de ruedas. No se escucha el motor. Hasta parece el primer mundo (¡ja!). Ahora el problema es que son tantas las rutas que en cada parada los alumnos le pregunta al chofer cómo van a tal facultad, dónde toman tal ruta y más.

La parada obligatoria es en Rectoría. Hay que darle una mirada a los murales de David Alfaro Siqueiros. O bajar al área verde conocida como “las islas”y desde ahí ver los que hicieron Juan O’Gorman, Gustavo M. Saavedra y Juan Martínez de Velasco en la biblioteca Central. Es una probadita de todo el complejo arquitectónico, cuyo valor trascenderá el tiempo pues es considerado Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Ya estando en eso hay que pasar al otro lado de la avenida Insurgentes, por el desnivel, que es aprovechado por jóvenes que practican malabares con las clavas, o los que entrenan esa danza callejera y acrobática llamada brakedance, aunque la ejecuten a ritmo tropical. ¡Pues qué!

Al final del túnel está el primer edificio construido en Ciudad Universitaria: el estadio de CU. Algunos dicen que se asemeja a un sombrero de charro, para otros simula el cráter de un volcán; lo que es un hecho es que no fue concebido para jugar soccer, sino futbol americano. Ahí está el mural “La Universidad, la Familia Mexicana, la Paz y la Juventud Deportista”, de Diego Rivera, en piedras de colores naturales donde se muestra el escudo universitario, con el cóndor y el águila sobre un nopal. Bajo sus alas extendidas, el padre y la madre entregando la paloma de la paz a su hijo. En los extremos, atletas, hombre y mujer, encienden la antorcha del fuego olímpico. Y, para rematar, una enorme serpiente emplumada.

Aquí suena en cada partido, cada carrera u otra competencia, el himno deportivo universitario. En 1940 los universitarios Ernesto “Agapito” Navas, Luis Pérez Rubio, Alfonso De Garay, Gloria Vicens, Angel Vidal, Fernando Guadarrama y el pianista Ismael “Tío” Valdez, compusieron la música y la letra. Al poco tiempo lo estrenaron en la Escuela Nacional Preparatoria. Primero se interpretó durante los juegos de fútbol americano y desde los años 60 en todo el deporte universitario. En octubre de 1962 se escuchó por primera vez en el estadio de CU y se grabó oficialmente en 1978, con la voz del solista Alfonso Navarrete, la musicalización del maestro Fernando Guadarrama Velásquez y la dirección por del maestro Héctor Quintanar, al frente de la Orquesta Filarmónica de la UNAM.

Adelante. Pasen y escuchen Crónicas de Asfalto radio desde CU, donde la vida universitaria es Patrimonio Cultural.

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