El Centro de Azcapotzalco es un lugar extraño: ahí se respira un aire de provincia, de pueblito, aunque está en medio de grandes vialidades como Aquiles Serdán y el Eje 3 Norte. Ahí encontramos construcciones afrancesadas, un recuerdo del México que quiso ser europeo en los tiempos de Don Porfirio. Ahí, como detenida por el tiempo, esta una nevería que habla de los años 50. Por sus calles desfilan los aficionados del Club América, como manifestantes que no los para ni la carga de vehículos. Y en su emblemático Jardín Hidalgo, todos los fines de semana una señora y su grupo de voluntarios dan una muestra de humanidad en estos tiempos de violencia, pues se dedican a dar en adopción perros que ellos mismos rescatan de las calles, de los crueles que los atormentan, que los violan o que los ven como cualquier cosa, menos seres vivos.

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