Chapultepec es uno de los llamados pulmones de la Ciudad de México, pero también es un lugar de nostalgia. Quién no recuerda el centro de convivencia infantil y su ruta para triciclos donde los niños aprendían educación vial. Los de cinco a 11 años conducían triciclos o bicicletas y los más grandes, a partir de los 12, eran los policías, con silbato, quepí y letreros con indicaciones de tránsito. Y qué decir de Tohui, la primer panda nacida en cautiverio y que se convirtió en la estrella del parque durante los 80. Uno hacía fila por horas para ver sólo cinco minutos a la cachorra. Inolvidables también las tortas de queso de puerco, tan delgada la rebanada que la gente decía que podía ver a través de ella.

Si se pone atención, lo primero que se ve antes de entrar al parque es la fuente del antiguo acueducto, que abasteció de agua al pueblo de San Miguel Chapultepec hasta finales del Siglo XIX. De esa construcción sólo quedan restos: unos cuantos arcos afuera del el metro Sevilla, la fuente de Salto del Agua y ésta, que se encuentra a la salida del metro, inservible, prácticamente en ruinas, entre los puestos de chicharrones, canastas de tacos, carritos de helados y paletas. Antes de cruzar la puerta uno debe pasar con unos sujetos que en mesas altas tienen a un par de canarios en una jaula con dos puertas. Son los “canarios de la suerte” que predicen el futuro en el amor, la fortuna y el trabajo, y dicen los dueños que si funciona, que sólo es cosa de tenerle fe al pajarito.

No hay habitante de la Ciudad de México que no conozca el Altar a la Patria, donde se encuentran los restos de los cadetes conocidos como los Niños Héroes. Sin embargo, no todos saben que a su espalada, a unos 200 metros del lado izquierdo, se encuentra el Sargento, el ahuehuetes más antiguos del parque —aunque en realidad ya sólo queda el tronco de este árbol que, cuenta la leyenda, el mismísimo Nezahualcoyotl colocó—.

Hoy Chapultepec también es el sitio de trabajo de Bob Esponja, el Chavo del Ocho, de Winnie Poo y otras botargas que cobran 10 pesos por la oportunidad de tomarse una foto con ellos. También está el Hombre Araña, flaco, con un traje descolorido, que no le ajusta. Está sentado, descansando porque está más de seis horas parado, escoltado por Barny el dinosaurio y Dora la Exploradora. Su mano derecha se mueve de arriba a abajo para que los niños se acerquen. Sólo hasta que uno se aproxima el se pone de pie.

Sean bienvenidos a Crónicas de Asfalto radio. Chapultepec, el bosque de asfalto.

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