La Viga es una de esas calzadas importantes de la Ciudad de México. Lo es desde que era un canal, el Canal de la Viga, que se extendía desde Xochimilco, en el sur del Distrito Federan, hasta lo que hoy es la avenida Fray Servando, a la altura de la estación de bomberos, a un costado del Mercado de Sonora y la zona de la Merced.

Por ahí, por el Paseo de la Viga, alguna vez navegaron grandes barcos de vapor. Los pasajeros podían disfrutar del paisaje campirano. Santa Anita e Iztacalco eran pueblos a las afueras de la ciudad. Para 1921, con el crecimiento de la mancha urbana y las obras de desagüe para resolver el problema de inundaciones en la ciudad, desaparece el Canal de la Viga y poco a poco llegaron las vías del tranvía y las calles con asfalto.

Aún así, la Viga tiene sus sitios entrañables, como el antiguo mercado en la esquina con Lorenzo Bourini que, desde los años 60 hasta los primeros años de los 90, se convirtió en el mayor centro de distribución de pescado en la capital. Ahora ocupa su lugar un mercado de pollo. Sin embargo, todavía quedan huellas de esa antigua Viga. Aún hay algunos restaurantes que ofrecen buffets de pescados y mariscos; están los puestos callejeros, con sus lonas rojas para tener un poco de sombra, donde las empanadas de camarón, los pescaditos fritos y las pescallidas rifan. Roban estos restaurantes ambulantes un carril a la avenida para colocar mesas y sillas, y así uno coma con vista al mar de asfalto.

Si uno sigue el Paseo de la Viga hacia el sur, llegará al Pueblo de Iztacalco, donde los mexicas se establecieron antes de fundar Tenochtitlan; o sea que es más antiguo que la capital azteca. El lugar luce como esas localidades de provincia, con sus callejones angostos, sus casas pintadas en blanco y color mostaza en la parte de abajo y su kiosco al centro de una plaza empedrada. Es la plaza Miguel Hidalgo, aunque muchos le llaman San Matías porque así se llama el templo del siglo XVI que está al fondo. En sus bancas pintadas de verde se sientan los viejitos para tomar el sol y platicar del México de ayer. A un lado del kiosco hay un pequeño busto de Hidalgo, que puede pasar desapercibido si no fuera porque fue develado en 1870 por Benito Juárez. Y es que Iztacalco en ese tiempo era muy visitado, era uno de los puntos turísticos cercanos a la ciudad más importantes. Tanto gustaba que se cuenta que Juventino Rosas compuso aquí, a un lado del canal, una pieza llama “El sueño de las flores”.

Luego de la caminata, a calmar la sed con un curado en la pulquería “Los hombres sin miedo”. Después a seguir y descubrir cantinas, taquerías, torterías, los locales artesanales donde los autos reciben su “talacha” y quedan listos para andar de nuevo.

Sean bienvenidos a Crónicas de Asfalto, acomoden su silla y disfruten de la Viga con vista al mar de concreto.

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