Santa María la Ribera fue el primer terreno fraccionado en la Ciudad de México con el propósito de hacer negocio. Así, en 1861 fue reconocida como la primer colonia de esta urbe. Este año cumple 154 años.

En cuanto uno sale del metros San Cosme, lo primero con lo que se topa, luego de pasar a los vendedores de dulce, de ropa y el paradero de microbúses, es el Centro Mascarones, un edificio del Siglo XVIII que perteneció a los condes del Valle de Orizaba. Hoy a la UNAM ahí imparte cursos de idiomas y computación. Unos pasos adelante hay otra casa, de la misma época, que ahora es secundaria.

Santa María la Ribera guarda todavía esos detalles de barrio antiguo. Uno camina y encuentra el jardín con sus bancas verdes rodeado de la carnicería, el puesto de papas fritas, la paletería, la fonda con asientos acolchonado de dos plazas, forrado de vinil café. De pronto llega el músico y toca una pieza de cámara en su saxofón.

Hay que llegar a la Alameda de Santa María, el primer parque público sin muros. Lo primero que llama la atención es una estructura en color rojo y mosaicos azules, amarillos y sus columnas metálicas y arcos moriscos. Es el Kiosco Morisco, con esa águila imperial que lo corona. Dentro uno se siente en otra época, como en cuento de las mil y una noches. Es imposible imaginarlo como sede de los sorteos de la Lotería Nacional y menos ubicarlo en la Alameda Central. Aquí se viene a echar novio, a conquistar a la chica sentados al rededor de las paredes kiosco.

Luego una nieve y caminar tal vez por el mismo trayecto que siguieron alguna vez personajes de esta colonia, como José Alfredo Jiménez y el Dr. Atl.

Pasen a Crónicas de Asfalto radio, desde Santa María la Ribera y su extraordinaria vida cotidiana.

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