Lo vi cerca de la entrada y, a pesar de la multitud, destacaba entre los cosplayers. Era un traje vistoso portado con galanura. El sombrero negro, con una punta extrañamente caída, servía de guía. Cada vez que me acercaba, él doblaba una esquina y desaparecía, como si se hubiera desvanecido en el aire. Lo perdí en la saturada planta baja y, dándome por vencida, me dedique a hacer entrevistas y a sacarme fotos con quienes lo pedían.

Sucedió el pasado sábado, en la edición 28 de la Expo TNT, una de las convenciones más importantes en lo que se refiere a anime, manga y cultura pop japonesa en general. Llegué caminando al Centro de Convenciones de Tlatelolco. Una vez afuera, me integré a la fila de ingreso, con boleto en mano. Antes de llegar a la revisión decidí sacar el hacha embadurnada con pintura roja y sujetarla, sé que hay cosas que más vale tener a la vista de todos, para que no lo noten. La guardia de seguridad me pidió tirar las dos manzanas que llevaba como aperitivo emergente. Las tiré sin replicar. Me pareció muy gracioso que le importara más unas manzanas que un hacha.

No era mi primera convención, pero sí era la primera vez que iba en cosplay. Fueron cerca de dos meses de preparación, búsqueda de artículos, compra y estilizado de peluca y muchos tutoriales para aprender algunos trucos de maquillaje y cuidado de cabellera postiza. Estaba emocionada, como niña que recién descubre la maravilla de ponerse los tacones y las pinturas de mamá.

Compré el boleto mucho antes de empezar a escribir para Crónicas de Asfalto. Cuando me invitaron a colaborar, supe que esto era algo de lo que quería escribir. Me di a la tarea de platicar con algunos cosplayers. Obviamente, elegí a los que más me gustaron o llamaron mi atención. Entre todos, destacaba él, un misterioso mago de cabellera naranja que se desvanecía en cuando alguien me pedía una foto.

En el trayecto me encontré con personas interesantes, como Teresa, una chica de 17 años, alta, delgada, de finas facciones, con cosplay de Lady Ciel Phantomhive. Era tímida y de pocas palabras. Nuestra conversación fue breve. Era difícil mantener a raya al grupo de personas que se arremolinaban en torno a ella, pidiéndole una foto.

1-Lady-Ciel-Phantomhive

También conocí a Susana, que me recibió jovial, con esa seguridad de quien se sabe admirada. Ella tiene 19 años y a su corta edad ya lleva siete desde que empezó a hacer cosplay. Se inició a los 12, cuando le rogó a su hermano mayor que la llevara a la convención. En ese entonces su primer cosplay fue de Candy Candy. Esta vez llevaba lo que denominó “cosplay libre”, que consistía en un kimono rojo brillante, con flores cafés y azules, y que contrastaba con el obi —cinturón— turquesa. Me habló de lo divertido que le parece el cosplay y del buen ambiente que existe en las convenciones.

El entusiasmo de Susana por el ambiente se puso en evidencia no sólo con su sonrisa y pose al tomarse la foto, por la tarde me la encontré en los concursos de cosplay y platicaba entretenida con algunos de los técnicos y cosplayers. Se llamaban por su nombre y hacían bromas, como amigos de hace tiempo. Tal vez por su experiencia y cercanía en el ambiente, o porque estudia economía o porque es para lo que le alcanza, ya que sus papás no le dan para eso, es que prefiere economizar al máximo en los cosplays. El más caro le costó mil pesos, la mayor parte del dinero se fue en los pupilentes y la peluca. Gracias al anime sabe que la cultura japonesa es muy rica. Le encantaría ir a Japón:

—El sueño de todo cosplayer —y sus ojos se llenan de ilusión.

Magia compartida

Cuando vi por primera vez a Sandra y a Iván no pude ahogar un ligero grito de emoción. Su cosplay era de Hōka y Nonon de Kill la kill, un anime que me gusta mucho. Si bien, vi a varias con cosplay de Ryuko, la protagonista de la serie, fueron los únicos secundarios que localicé entre los presentes.

3--Hōka-y-Nonon

Sandra tiene 20 años y estudia turismo. Iván tiene 23 años, estudia doblaje y locución y fue el primero de los dos que hizo cosplay. Cuando conoció a Sandra empezaron a hacer cosplay en pareja. Han sido Kazehaya y Sawako de Kimi ni Todoke, Minato y Kushina de Naruto, y Kirito y Asuna de Sword Art Online.

—El favorito es el de Sword Art Online, la verdad es que es el primero que nos aventamos a lo grande, a conseguir espadas, pelucas… nos costó muchísimo trabajo y le tenemos un buen de cariño a ese cosplay —dice Iván sin dejar de asentir con la cabeza.

A ambos les gusta la cultura japonesa y procuran conocer más allá del anime, por ejemplo, el modo de vida, las costumbres y el idioma. Incluso esperan ir pronto a la exposición Obsesión Infinita que está en el Museo Tamayo.

—Para el cosplay no hay edad. Yo creo que mientras más viejo, hay más cosplays que hacer, la edad te lo va dando todo —dice Iván, mientras juega con los lentes de utilería, que acentúan aún más el azul artificial de los ojos—. Entonces más viejo pienso hacer al Maestro Roshi, cosas así, para no dejar de hacerlo. Es algo superentretenido y siento que es más padre para la gente adulta, porque la gente joven como nosotros los ve y dice “qué onda con este señor, qué valor para hacerlo y se le ve bien”, es lo que me ayuda y yo quiero hacer cosplay hasta morir.

—Hasta que el dinero me alcance —dice Sandra mientras levanta los hombros—. Hasta que ya no me quede un personaje. Hay una señora que ya es grande y que hizo a la abuelita de Silvestre y Piolín y le quedó fantástico, yo lo amé — al mismo tiempo eleva un poco la voz y hace un gran corazón en el aire con las manos—, creo que no hay un límite de edad, lo importante es el gusto que se tenga por el cosplay.

Tuvimos que movernos un poco del lugar de la charla para sacarles fotos, ya que la iluminación ahí era terrible. Nos despedimos y seguí caminando por los pasillos. Divisé el sombrero del mago y me lancé tras él. Un grupo de chicas que, supuse, aún no llegaban ni a la mayoría de edad me bloquearon el paso. Cada una pidió una foto conmigo, así que cuatro fotos después el sombrero ya no estaba en el horizonte.

En su lugar, me encontré con otra pareja agradable. Ya había visto a Flor mientras platicaba con Teresa. Aproveché la fortuna de encontrarla de frente y sin tanta gente alrededor y platiqué con ella y con Diana, la amiga cuyo cosplay hacía juego con el suyo. Diana tiene 26 años y es licenciada en gastronomía. Flor tiene 30 y es médico veterinario zootecnista. Ambas son del puerto de Veracruz y viajaron a la Ciudad de México. para asistir al evento. Su primer cosplay fue hace dos años y desde entonces lo hacen juntas. Sus trabajos respectivos las llegan a absorber mucho, a pesar de eso procuran preparar todo con, al menos, un mes de anticipación, actividad que, sin duda, disfrutan:

—Es un gusto —señala sonriente Flor—, empiezas a ver las series, te gustan demasiado y dices “yo quiero ser”. Entonces ves la manera, ahorras, buscas y se logra, y cuando se logra sientes una satisfacción muy grande. A pesar de todo lo que te digan, de que te critiquen, de que en tu casa te mal vean, de que te digan bicho raro. No importa es tu satisfacción y se siente muy padre.

Flor habla con firmeza, con convicción. La mano que le queda libre —pues la otra la usa para sujetar el símbolo de Athena, a quien representa— acompaña con movimientos solemnes cada frase anterior. Niega con la cabeza cuando habla de las críticas y al final se yergue orgullosa y oronda. Flor continúa hablando de su experiencia. El primero que hizo fue un personaje de One Piece llamado Jewelry Bonney.

—Completamente hecho a mano, no mandé hacer nada, todo lo cosí. Ese cosplay llevó mi sudor, mi sangre y mis lágrimas porque me pinchaban, pintaba, bueno… —y un suspiro acompaña el recuerdo—. Me llevó aproximadamente como dos semanas y todavía un día antes de la convención, a las tres de la mañana, yo estaba cosiendo. Pero, repito, fue una satisfacción tan grande y le tengo tanto cariño a ese cosplay que seguimos con el gusto, cada vez tratando de mejorarlo más. Se siente muy padre lograr un cosplay y que la gente lo vea y te diga “qué bonito” o “qué bien te salió”. Esa es nuestra única recompensa, porque nadie nos lo paga, nadie nos lo patrocina, sino todo lo contrario. Y aquí estamos. Es un gusto medio raro para mucha gente, pero muy sano. Es cultura, es arte, tiene mucho de eso. Éste me lo prestaron, venimos en pareja, somos Athena y Pandora de Lost Canvas y, bueno, aquí nos estamos divirtiendo.

4--Athena-y-Pandora

Era curioso, había un hombre que las seguía a todos lados y que grabó la conversación. Supuse que iba con ellas y estaba encargado de ayudarles en los vestuarios y de a sacarles fotos y video. Eso es común entre algunos cosplayers.
Me despedí del duo veracruzano, no sin antes sacarnos la foto del recuerdo. Tratando de buscar respiro y alejarme un poco de la multitud, llegué a un espacio tranquilo, en el que excelentes cosplayers platicaban, descansaban y se sacaban fotos. Sentada ahí, con la mirada perdida, como ajena a todo lo que pasaba a su alrededor estaba una mujer con un vestido rojo con azul, impresionante. La corona, el cetro y el porte no podían mentir, era una especie de reina de corazones. Me acerqué a ella, esperando un desaire, pero no, esbozó una ligera sonrisa, y asintió con la cabeza. Nos pusimos a platicar.

Se llama Kouga Snow y tiene 31 años. Empezó a hacer cosplay con una amiga de su hermano. Su primera vez fue con Kagura de YnuYasa, hace ya ocho años, y de ahí le siguió hasta tener más de veinte cosplays. A pesar de la cantidad, todos son sus favoritos, porque todos le han costado. Los hace con su hermano, es prácticamente un pasatiempo familiar. El vistoso traje que llevaba puesto en ese momento le costó aproximadamente 4 mil pesos, pero había uno más caro: Cain de Trinity Blood, que salió en unos 6 mil. Como era de esperarse, ha ganado varios concursos y, junto con su hermano, ha quedado entre los 10 primeros lugares del World Cosplay Summit de México —WCS es un concurso anual internacional de cosplay de Japón. México ha participado desde 2007. Si ganan el WCS México, representan al país en el evento. El ganador sale tras una ronda de eliminatorias regionales—.

Claro que le gustaría mucho representar al país en el WCS, han trabajado mucho para ello. Y sabe que la popularidad es importante para el medio.

—No tenemos la publicidad de todos los demás, pero poco a poco me van conociendo. La relación con los admiradores es buena, nos conocen en persona, creo que les caemos bien.

Ella estudió administración de empresas, pero alterna las actividades.

—Dependiendo de cómo me deje el trabajo, seguiré en el cosplay, si me pide mucho el trabajo, tendré que dedicarle más, porque si no hay trabajo, no hay dinero y no hay cosplay —dice asintiendo con la cabeza como quien señala una gran verdad—. Es un hobby para distraerme de todo el trabajo, para salirme de lo cotidiano, así me desestreso. Mi familia y mis amigos me apoyan.

5-Kouga-Snow-

De pronto una señora muy gentil, tal vez su mamá, se acercó y me extendió un papelito que decía: Facebook Jolly Roger cosplay, la página en la que muestran el trabajo de los hermanos.

El hermano cosplayero estaba a pocos metros de ella, de pie, dando unos ligeros brinquitos. El sombrero me remitió de inmediato al sombrerero loco de Alicia. Me acerqué a él y una sonrisa plena iluminó su rostro. Él es Conejo lunar, de 30 años.

—Arranqué en el 2006, hace ocho años. Empecé porque una amiga me invitó, ya sabes, cuando hay “ciertos intereses” —el énfasis en la frase y el movimiento de cabeza fueron bastante elocuentes en cuanto a los “ciertos intereses”, así que ambos reímos— pues ni modo ahí voy de… —la pausa fue corta, pero contundente, no terminó la frase ante la obviedad del final— y ya no me despegué de este mundo. Empecé con el traje del Monje Miroku. No me acuerdo de cuántos tengo en total, pero algunos son el de Abel Nightroad, Blaze Heatnix de Megaman X6, Majora´s Mask de La Leyenda de Zelda, también tengo al Maestro Arles, la armadura de Thanatos, al Undertaker de Kuroshitsuji, a Jack Sparrow. Creo que nada más esos por ahora, son como 10 o 12.

Le pregunté sobre la planeación y ejecución de los trajes:

—Más que planear, es elegir uno que me guste y con el que me sienta cómodo, a partir de ahí empiezo. Me tardo como un mes de “le puedo meter este material, pero se vería mejor con éste” y así me la llevo. Los hago yo. Aprendí a coser por emergencia, por un traje que tenía que hacer para Summit. ¡Ya me acordé! —con la frase, hizo un chasquido con los dedos e inclinó un poco la cabeza, como si tuviera una revelación—. Fue en el 2010, fue el de Dark Yojimbo de Final Fantasy, mi mamá tuvo que salir, ya no había quien cosiera y era al día siguiente, así que dije “ni modo, nada más cuido los dedos en la máquina de coser y dale”. Sólo así aprendí.

Cuando no es Conejo lunar, trabaja en una pequeña inyectora de maquila de artículos de plástico, también terminó sus estudios en sistemas computacionales administrativos. Con lo que gana en la maquila y los premios que obtienen, sigue haciendo trajes. Los hermanos tienen el plan de seguir esto 4 o 5 años más, quizá hasta que ganen el WSC y representen al país en Japón.

—Y ya después de ahí seguimos con nuestro trabajo normalmente, pero de vez en cuando venir a desestresarnos aquí, a ver a nuestros amigos, y si sale algún traje que me gusta, ¡pues me lo hago! —ya lo ha decidido. El puño derecho levantado lo dice todo.

6-Conejo-lunar

“Este muchacho tiene espíritu”, pensé, “se le nota el entusiasmo en lo que hace”. El entusiasmo lo mostraron a raudales ese mismo día por la tarde, en su presentación para la eliminatoria regional del WCS México, la cual ganaron. Sí, los hermanos Domingo y Lucero Castillo, es decir, Conejo lunar y Kouga Snow son finalistas para la nacional, que se llevará a cabo en febrero del próximo año.

Encuentro mágico

Me sentía cansada y ya quería dejar la grabadora. De pronto me volví y ahí estaba, enfrente de mí, el misterioso mago al que estuve persiguiendo por todo el centro de convenciones. La sincronía por fin se dio y al toparme con él, le pedí la anhelada entrevista.

Se trata de Neón Ligths, de “veintimuchos” años. Es de Mexicali y vino a la convención a divertirse un poco:

—Empecé en el cosplay porque me invitaron unos amigos y se me hizo divertido y muy creativo. Desde ahí dije “lo puedo hacer” y lo intenté. Este año cumplo 5 años haciendo cosplay —aunque había conversado con personas con más años de experiencia, había algo en él que irradiaba seguridad, glamour, como si llevara toda una vida dedicado a esto—. Soy de Mexicali, vengo de visita al DF. De hecho, a veces me toca venir como invitado, pero en esta ocasión, por primera vez, vengo de visita. He estado en las finales del concurso de World Cosplay Summit, pero ya quería conocer y saludar a la gente porque siempre nos tenían encerrados en backstage, aunque también eso es divertido.

La conversación con él se extendió. Pregunté sobre el “cosplay profesional” y enseguida me sacó del error:

—Profesional no se dice. Hay un dilema porque no es una profesión, es un hobby, y se trata de divertirse. Yo lo veo divertido, no lo veo como una competencia. Eso sí, me ha ayudado para darme a conocer más. No te miento, es un buen escaparate cuando te muestran como uno de los mejores del país, pero finalmente es divertido y creo que de ahí parte todo porque si no, no tendría caso — sus manos hacen ligeros movimientos de manos, acentúan todo lo que dice—. Salí en el libro que acaba de publicar este año Yaya Han, su primer libro que lanzó en Estados Unidos. Me buscaron, querían cosplayers mexicanos y me localizaron. Tengo mi página. No soy mucho de estar diciendo: esta es mi página, búsquenme. Si me ven y me preguntan, se las digo. No tengo la costumbre de darme mucha publicidad porque finalmente no es algo de lo que voy a vivir, es algo de lo que me divierto y si les gusta lo que hago y me siguen perfecto, si no, hay mucho que ver.

Debo decir que ya lo tengo como contacto en Facebook, así supe que el próximo domingo 26 participará en una pasarela cosplay en Tijuana. Después, me platicó de la confección de los trajes:

6-Neon

—Los cosplays los escojo porque me gustan los personajes. De hecho, creo que soy más o menos conocido porque no hago cosplays de personajes populares, hago de personajes secundarios o hago cosplays de personajes que casi nadie conoce o de nuevas series que no los han hecho. Me ha tocado la fortuna de ser el primero de hacer un cosplay y para mí eso es un reto, porque sí te ayuda mucho cuando miras los trabajos de otras personas, pero cuando es partir de cero, que no encuentras nada, es un reto y es bien divertido.

—Yo coso y diseño. Aprendí a coser porque al principio me ayudaba mi mamá —y lanza un beso al aire, como para que le llegue a la distancia—, pero a partir del segundo me dijo “yo no te voy a ayudar, esto está muy complicado”. Creo que no hay mejor forma de hacerlo más que tú mismo. Sí es cierto que hay muy buenas costureras o modistas, pero finalmente quien le va a poner los detalles que quieres involucrar en el cosplay para que sea lo más parecido al personaje, eres tú. Entonces así fue como aprendí a coser, a pincharme, a quemarme, a todo eso. Terminas y quedas muy satisfecho porque ves cómo de algo que no tenía forma, puedes crear una impresión en alguien.

—La primer regla que pongo es que no es necesario que gastes mucho dinero para hacer un buen traje. Depende mucho de la creatividad que tengas. Por ejemplo, sí es cierto, yo puse estos cristales que son carísimos —y señala las piedras de su traje—, pero el medallón es la orilla de una lata, el cuerpo está hecho de foamy —se lleva las manos al medallón y me lo muestra, si él no me dice de qué está hecho yo no hubiera adivinado, el accesorio morado luce casi real—. Son cosas que puedes hacer con materiales reciclados. Te puedes gastar desde 500 pesos. En el más caro me gasté como unos 3 mil pesos, pero fue para una final.

Neon es ingeniero en computación y trabaja en una oficina. Al principio a su familia le parecía extraño su hobby, pero cuando se dieron cuenta que implica mucha creatividad y que es un entretenimiento sano, lo apoyaron completamente. Él es cosplayer-cosmaker. Cosmaker porque realiza sus cosplays por completo, cosplayer porque los viste.

—No me imagino dejándolo. Ya lo dejé en algún tiempo por cuestiones de trabajo, pero la misma gente te va impulsando, te va motivando y creo que mientras exista eso y me parezca divertido, hasta entonces lo haré.

La conversación terminó con un par de fotos. Él, al igual que la pareja de amigas, tenía acompañantes de apoyo que grabaron la conversación y sacaron fotos.

Como ya estaba muy cansada, guardé mis cosas, me senté en el piso y me puse a ver a todos los que pasaban. Familias enteras en cosplay, incluso de varias generaciones. Parejas, amigos, muchos que llegaban solos y terminaban platicando con un montón de gente. Entendí porqué les gusta: no sólo sirve como punto de encuentro con personas con gustos afines o para convivir con seres queridos, también es un buen pretexto para sentirse bien, incluso importante. En serio, es genial que la gente te llame por “tu nombre” —que en realidad es el nombre del personaje—, te detenga para pedirte fotos y hagan bromas contigo, como si se conocieran desde siempre.

Es esa misma magia de cuando eres niña, te pones una cobija y una diadema y finges ser reina por un día, excepto que esta vez el público es real.

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