Me fui de Roma y llegué a París, que es uno de esos lugares sobre los que todos parecen tener una historia. Incluso quienes no lo han visitado están llenos de referencias. Algunos piensan en Cortázar y la Maga, ese personaje de su novela “Rayuela”. Otros en Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway bebiendo en la “Closerie de las Lilas” durante los años 20, cuando París era tanto provocativo como asequible. Hay quien recordará que Ray Bradbury compraba un nuevo tomo de “Suave es la noche” cada vez que visitaba la ciudad para leerlo mientras la recorría. Algunos más repasarán las postales del barrio de Montmartre, que se quedaron instaladas en la memoria después de ir al cine y ver Amelié. ¡Qué se yo! algunas referencias son artísticas, otras históricas y otras más viven en el inabarcable reino de la cultura pop; pero todos tienen las suyas.

2.-Candados-de-amor

De cualquier forma la Ciudad de la Luz es una de los destinos más socorridos por turistas y viajeros —recibe más de 40 millones de ellos por año— quienes no dejamos de visitar los monumentos de rigor. Entre ellos están la Catedral de Notre Dame, la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo, la basílica de Sacré Coeur y los Campos Elíseos. Otro clásico es acudir al Moulin Rouge para ver y que no te cuenten, y las parejas por su parte, anclan sus ilusiones a un candado de amor en alguno de sus 37 puentes sobre el río Sena. Sin embargo para visitar todas las atracciones de París haría falta quedarse a vivir ahí un rato pues incluyen 173 museos, 208 teatros y cabarets, 31 monumentos, tres casas de ópera, 171 iglesias y templos, 84 cines, 14 cementerios y 463 parques y jardines ¡Al ver esos números se puede entender fácilmente por qué la cultura en Francia tiene una contribución económica importante!

Sacre Coeur

Sacre Coeur

Pero claro, nada es perfecto, tampoco París lo es. Los visitantes pronto se dan cuenta de dos cosas: lo caro de sus precios y lo caprichoso de su clima que frecuentemente y de golpe transforma un cielo azul en grises nubarrones. Por fortuna este último punto puede ser enfrentado con gracia, pues esta ciudad contiene algunos de los museos más afamados del mundo. Sí como yo se encuentran en París durante un día lluvioso, no duden en internarse en alguno de ellos.

El Louvre

Cierro mis ojos y revivo en mi mente ella mañana gris cuando salí decidida a pasar el día entre galerías de arte. Me veo tomar el metro. Desciendo en la estación “Palais Royal”. Salgo a la calle y camino hacia el museo. Tras un pequeño esfuerzo y bajo un cielo que amenaza con llover en cualquier momento llego a la explanada. Lo primero que veo son las pirámides de cristal, producto de una renovación que se le hizo al recinto en la década de los 80. Finalmente estoy aquí; he llegado al museo más visitado del mundo: el Louvre. Abrió sus puertas en 1793 tras la Revolución Francesa y fue un símbolo de cómo los bienes de la monarquía —entre ellos palacios y colecciones de arte— pasaron al pueblo siendo colocadas en un lugar donde los ciudadanos pudieran visitar libremente.

4.-PiramidesLouvre

Bajo las escaleras eléctricas y llego hacia un espacioso distribuidor desde donde se puede ir a los baños, las tiendas de regalos, las diferentes secciones, las taquillas. Pago mi boleto y una audioguía, porque aquí vale la pena. Básicamente es un Nintendo 3D XL que te ofrece varios recorridos, incluyendo uno que abarca las piezas más conocidas, aquellas que no te puedes perder, como la Mona Lisa o la Venus de Milo. Si en algún momento te sientes perdido entre las galerías, está guía sí sabe dónde estás y te proporciona información al respecto sobre un mapa del museo. Además te habla de los lugares a los que vas llegando. Los comentarios son de curadores expertos en las exposiciones del lugar y también puedes ver ampliaciones y detalles de las obras en la pantalla.

1.-audioguiaLouvre

Empiezo mi recorrido por los cimientos del viejo palacio del Louvre, cuya construcción data del Siglo XII ¡el sitio mismo es un vestigio histórico! Posteriormente me aventuro por sus galerías y pasillos a través de los cuales, literalmente, se pueden recorrer kilómetros mientras se contemplan invaluables objetos que no podrías encontrar en ningún otro sitio: estatuas griegas, momias egipcias, grabados mesopotámicos de dioses alados, lienzos que abarcan siglos de historia de arte y numerosos estilos y corrientes.

3.-CimientosLouvre

No puedo evitar entrar en una reflexión sobre quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Estar frente a tantos objetos de poder me recuerda lo sorprendente que es estar vivos tras tanta historia humana, tanta sangre, tantos reinos destruidos, nuevos imperios construidos sobre las ruinas de los viejos, creencias complejas, cultos y conocimientos perdidos.

Este mundo sigue enrevesado y en llamas. Pero no es la primera ocasión, antes ya ha ardido mil veces y tenido docenas de guerras, catástrofes, plagas, incendios. En lugares como este podemos contemplar los vestigios. Siento que tendríamos que seguir creando y creciendo y finalmente aprobar la lección de coexistencia, porque hasta ahora aparentemente no lo hemos logrado. Por eso presenciamos restos de naufragio y no el barco completo, una poderosa nave capaz de cruzarnos a otro destino, creativo y pacífico, uno más luminoso que al parecer siempre hemos buscando pero fallamos en materializar.

Aposentos de Napoleón

Aposentos de Napoleón

Pensando en estas cosas paso de una galería gigante a otra, miro jarrones, papiros, escrituras cuneiformes jeroglíficos, los aposentos de Napoleón con candelabros de cristal colgando de los techos, muebles tapizados de terciopelo rojo, detalles dorados aquí y allá y el sentimiento de venir como vagabundo a tan vastas y lujosas habitaciones. Veo a las multitudes agolparse frente a la Mona Lisa y atiendo a los anuncios de cuidar mis pertenencias de los carteristas. Sirvo de testigo a más de un pintor que hace bosquejos de alguna obra sobre su propio lienzo, realizando estudios, copias, variaciones, modificaciones e invenciones nuevas. De vez en cuando pierdo el aliento frente a un cuadro de gran o pequeño formato.

Mientras cruzo de una galería a otra empiezo a sentir cansancio en el cuerpo y fuegos artificiales en la mente. Pasa el día. No me doy cuenta. En el verano parisino oscurece tarde; a veces son las nueve de la noche y todavía hay mucha luz. Se acerca la hora de irse pues el museo debe cerrar sus puertas y cuidar durante la noche el tesoro de sus entrañas. Salgo con los ojos rociados de centellas. París está aquí afuera y aún queda mucho por vivir.

Fotos de la autora

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